Duro Felguera

Las cuentas de Duro Felguera son un espectáculo. Las últimas se tuvieron que rehacer -deprisa y corriendo- tras excederse con el maquillaje contable. Y aunque las nuevas todavía abren más dudas, el problema de fondo está en otro sitio; en concreto, aparece en la última página de las mismas. Y es que, la compañía asturiana ha ejecutado 30 cambios de 32 posibles en el Consejo de Administración en los últimos cuatro años. Una marabunta de idas y venidas en el que se supone es “el encargado de la toma de decisiones estratégicas”, secundada por una política de retribución a corto plazo y sin ninguna exigencia.

Y claro, si ya de por sí es imprescindible un equipo que dirija, guie y administre una empresa, como es la labor del Consejo de Administración, entre otras. Cuando se trata de una compañía a la que se le exige una estrategia corporativa definida, solvente y tangible adquiere la consideración de vida o muerte. Ese es el caso de Duro Felguera, aunque no por las exigencias de sus accionistas, que sería lo normal, sino por las necesidades de la banca acreedora. De hecho, la propias entidades reconocen que siguen abiertas a negociar una quita, se llegó a pedir del 85%, “siempre y cuando el plan estratégico fuera creíble“, señalan fuentes del mercado.

Pero nada de eso ha sido posible hasta el momento. “Las negociaciones entre la banca y Duro Felguera están en el mismo punto que a finales del año pasado”, explican distintas fuentes cercanas. El problema es que dicho punto sigue siendo el mismo que muchos meses atrás. Mientras, han pasado por la compañía cerca de una treintena de consejeros, a los que se suma también el baile de directivos, que se han llevado más de cuatro millones. Una cifra a la que hay que añadir cerca de otro millón de euros más repartido entre los que ahora se sientan en dicho Consejo de Administración.  

LOS EXMINISTROS SOCIALISTAS, LA DEBILIDAD DE DURO FELGUERA

El baile de consejeros en Duro Felguera ha ganado relevancia en los últimos meses, tras la incorporación Jordi Sevilla y Valeriano Gómez, ambos exministros socialistas. Pero, no se trata de un fichaje aislado, ya que al parecer a la compañía le gusta colocar en su Consejo a personalidades con pasado ministerial socialista. Sin ir más lejos, en 2017 formaba parte del mismo el que fue ministro de Industria en la primera legislatura de Felipe González, Carlos Solchaga Catalán. La otra alternativa, que podría ser también, es que es tal el volumen de cambios y tantos ministros en busca de un cargo que tenían que coincidir en algún momento.

En fin, cosas de las probabilidades se puede decir. Lo que, por ahora, no sabemos es si Sevilla y Gómez van a seguir la práctica de sus predecesores -no de uno ni de dos, sino de más de una decena- de coger el dinero y salir huyendo. La práctica parece muy utilizada gracias a la opaca política de retribución que sigue la compañía. Ante esto, un inciso: alguien dirá que no es así, que está todo publicado, pero la realidad es que no solo es difícil de encontrar, sino que en la CNMV el último informe de remuneración a los consejeros es del 2018. Cuando ya debería de haberse publicado el de 2019. Aun así, hay evidencias de que el sistema de pagos a los consejeros abre la puerta a esa tendencia de pasar unos meses, ganarse un buen sueldo e irse por la puerta de atrás.

Por suerte, el informe anual auditado debe contener información relevante acerca de ello, más en concreto, en el ‘Informe Anual de Gobierno Corporativo’. En él, por ejemplo, la empresa explica que el pago es totalmente fijo, por lo que se desliga con una visión a largo plazo. “Aunque la retribución mediante entrega de acciones se encuentra prevista, actualmente no se aplica”. Pero va más allá, dado que uno de los dos pagos que reciben los consejeros, bajo el nombre de ‘Pertenencia al Consejo’ es prácticamente independiente del tiempo. Mientras que tiene otro, que sí va en función de los meses en el cargo que es el ‘Sueldo’, como reflejan las cuentas.

DEMASIADAS DUDAS DE CARA AL FUTURO

Por último, cuenta con un par de peculiaridades más bastante sorprendentes. El primero, es que los pagos son automáticos una vez se aprueban las cuentas, puesto que la empresa considera que es la parte variable la que requiere un estudio posterior. Por lo que no ve “necesario” retrasar el pago. La segunda, que no están obligados a devolver el dinero si las cuentas aprobadas contienen errores, están mal formuladas o simplemente los datos ofrecidos no son reales. La respuesta que da Duro Felguera es que al fin y al cabo eso solo se puede ejecutar sobre la parte variable y como no la paga no hace falta.

En definitiva, quien desecharía la opción de embolsarse más de 50.000 euros, de media, por unos meses y sin la necesidad de contraprestaciones. Obviamente nadie. Pero, el sistema esconde una perversión aún más oscura y, es que probablemente dichas facilidades son las únicas capaces de atraer a la empresa nombres como los de los antiguos ministros. Al fin y al cabo, se debe recordar que es un compañía que no solo el propio auditor pone en duda en cuanto a su funcionamiento, sino que sigue en pie de manera un cierto dudosa.

De hecho, sigue siendo extremadamente relevante la forma de tratar su laudo en Australia. Duro Felguera se reembolsó de la que era su filial 60 millones entre septiembre, octubre y noviembre (pese a que su vencimiento era en 2020), mientras que en diciembre la disolvió cuando le llegaron exigencias judiciales de pago. En las primeras cuentas, reflejó un golpe de ocho millones. En las nuevas, otro adicional de 12,8 millones. Esa jugada le permitió cerrar el 2019 (lo han calculado en mayo) con un beneficio suficiente para seguir viva en el primer trimestre. En definitiva, las cifras se ajustan al milímetro (y al límite) para evitar la quiebra (patrimonio neto negativo) que levantan demasiado recelo.

Aun así, la vía legal sigue abierta y la empresa no ha aprovisionado nada, por este laudo ni por otros, y no por confianza en sus abogados, sino porque no hay dinero para más, salvo seguir pagando consejeros nuevos.

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