María Sharapova

Un documental, un libro y una marca de dulces que genera ventas por valor de más de diez millones de euros al año. María Sharapova, que tiempo atrás obtenía todo su rédito del tenis y de lo que generaba por ello, ahora gana más por sus negocios lejos de la pistas. La sanción por dopaje ha provocado que la tenista rusa, en cuatro años, haya pasado de embolsarse 23 millones de euros por patrocinios a tan sólo 6M€. Un descenso notable, en un mercado que ha ido al alza con el resto de figuras destacadas. Sharapova mantiene su imperio económico, pero con 50 millones de euros menos a sus espaldas.

UN DECLIVE ECONÓMICO Y DEPORTIVO

Los actos tienen consecuencias para todos. Hasta para una tenista como Sharapova que durante más de una década ha presumido de liderar el ranking económico femenino. Y no precisamente por sus resultados, a pesar de los éxitos que ha cosechado. La rusa, que emergió muy joven, con un título en Wimbledon sin cumplir la mayoría de edad, ha sido siempre un fuerte atractivo para las marcas: por su imagen, por su tenis, y por la forma con la que ha encandilado a los espectadores durante 15 años.

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Su imperio, pese a su pobre tenis actual, podría haberse librado de un fuerte descenso de no haberse producido el positivo por dopaje por consumir meldonium. Una sustancia recientemente prohibida, ante el desconocimiento de la siberiana, que alegó tomar ese fármaco a causa de su diabetes. La resolución fue clara y se mantuvo alejada de las pistas más de un curso. Ese mismo año, y pese a la amenaza de muchos patrocinadores, la revista Forbes publicó que en 2016 (más exactamente entre mitad de 2015 y 2016) Sharapova se embolsó 20 millones de dólares sólo en contratos publicitarios.

Para dimensionar esta cifra hay que poner la situación en contexto. La segunda tenista que más obtuvo fue Serena Williams, la mejor de la historia, con 13 millones de dólares, casi la mitad que su máxima rival entonces. Nadal sólo ganó cinco millones más que Sharapova y otros tenistas del circuito masculino como Andy Murray se quedaron muy lejos de las cifras de Sharapova. Ese año, no obstante, los ingresos publicitarios de la rusa ya mostraron un descenso de tres millones de dólares (ganó 23 entre 2014 y 2015).

Dos años después el golpe asumió la dimensión esperada. Y eso que pese sus amenazas, marcas fundamentales como Nike o Porsche mantuvieron finalmente su vínculo con Sharapova. No fue el caso de otro de los platos fuertes de Sharapova, Tag Heuer, que abogó por romper toda relación tras el ‘shock’ que provocó el dopaje de la famosa tenista. La firma de cosméticos Avon, que utilizaba la imagen de la siberiana, optó directamente por no renovar un contrato que concluyó en 2016.

EL ESCASO ‘PRIZE MONEY’ Y LA CAÍDA EN LAS GANANCIAS DE LOS PATROCINADORES HAN PROVOCADO QUE SHARAPOVA GANE MÁS CON OTROS NEGOCIOS

El resultado es que entre 2017 y 2018, con Sharapova de vuelta en las pistas, la rusa tan sólo se embolsó 9,5 millones de dólares. Es decir, en dos años el valor de sus contratos se redujo por debajo de la mitad. Y eso, en un escenario donde las marcas han apostado aún más por los deportistas. Por ejemplo, en ese periodo de dos años, Serena Williams pasó de ganar 13 millones de dólares a rozar los 30, lo que magnifica aún más el dinero que ha dejado de ganar Sharapova.

Este último curso, hasta mayo de 2019, su declive ha continuado y sus ganancias han sido de tan sólo seis millones de dólares. Una cuarta parte de los 25 que se ha embolsado Serena, o un tercio de los casi 18 que ha ganado Osaka, gracias a un mercado asiático que, como en su día pasó con Li Na o ahora con Nishikori, parece el gran atractivo para todas las marcas. Según Forbes, la factura del dopaje le ha costado 50 millones de euros a Sharapova. Aunque los daños serán mayores, ya que no se plantea la retirada y son años en los que podría haber llenado sus bolsillos. 

EL IMPERIO ECONÓMICO DE SHARAPOVA

50 millones de euros es demasiado dinero para cualquiera, y a buen seguro que a Sharapova le hubiera gustado añadir esta cifra a su cuenta bancaria. Pero si algo sabe hacer bien la rusa es vender. Y ha sacado tajada hasta de su dopaje. Primero con un documental muy criticado, denominado ‘The point’, en el que en 55 minutos la rusa muestra cómo actuó durante los 15 meses en los que estuvo apartada de la pista. Poco después, con un libro titulado ‘Imparable: mi vida hasta ahora’, que ya ha sido traducido al italiano y al francés y que muy posiblemente se adapte a más idiomas debido al éxito de la versión internacional.

Aunque donde Sharapova ha invertido la mayor parte de sus esfuerzos (casi tanto como en las pistas) es en Sugarpova, su marca de dulces, que ya en 2017 superó los diez millones de euros en ventas. Con más de 400 tiendas, la rusa tiene claro su apuesta para el futuro es esta. De futuro, y de presente. Porque entre el escaso montante que percibe por su pobre rédito deportivo y la caída de los patrocinios hacen que ya gane más por sus negocios lejos del tenis y patrocinios. Y es que, pese a su imperio económico, nunca se sabe. En cuatro años ha dejado de ganar 50 millones de euros, y más vale prevenir.