Pocas firmas pueden presumir de ser capaz de multiplicar su valor miles de veces. Una proeza que solo se puede conseguir, salvo burbujas, cuando lideras un cambio de paradigma. Los ejemplos más evidentes son los de Google o Amazon, que encabezan la revolución del comercio digital, pero hay otros que pasan más desapercibidos. Domino’s Pizza es uno de ellos, con una revalorización del 2.600%. Un crecimiento cuya principal explicación -más allá de la marca reconocida de sus pizzas, su expansión geográfica o su modelo de franquiciados- es la capacidad que ha mostrado para flexibilizar todos sus costes. En especial, los laborales, los cuales ha estirado (precarizado) hasta el extremo.

La crisis desatada por el covid-19 ha llevado a muchas empresas a replantearse su estrategia. En especial, en la relación entre los costes fijos y los variables que mantiene en su balance, lo que se conoce como apalancamiento operativo. Así, firmas como Inditex o Mercadona han acelerado sus planes de venta de locales para alquilarlos después. Una política que tiene entre sus ventajas que minimiza los riesgos y maximiza la rentabilidad a lo largo del tiempo, no solo cuando el viento sopla a favor. De hecho, la fragilidad de una empresa no viene por su deuda, sino por dicho apalancamiento.

Una tendencia en la que Domino’s fue una de las pioneras. De hecho, es muy fácil comprobarlo, dado que no es más que la relación entre la variación de los beneficios y la de las ventas. Y, lo que es más importante, le permite escalar cifras para lograr cada año mejores márgenes. En concreto, el incremento del margen bruto, que se ha disparado casi nueve puntos, se acompasa con el del neto, un 27% frente a un 25%.  

DOMINO’S PIZZA, FOCO EN LO LABORAL

La compañía también ofrece un dato revelador: en el último lustro, sus ventas han crecido un 64%, pero sus beneficios lo han hecho hasta un 104%. Lo que significa, que la firma de pizzas ha logrado beneficiarse de importantes economías de escala, los costes unitarios caen cuando vendes más. A su vez, la compañía ha ejecutado una importante contención de gastos entre los que sobresalen su dura política laboral. De hecho, mientras que los costes en la cadena de suministro se han incrementado un 51,6%, los de denominados ‘Generales y Administrativos’ (donde entran los salariales) apenas se ha incrementado un 38%.

Dicho de otra manera, para cohesionar ambos conceptos: la dura política de flexibilidad (precariedad) laboral ejecutada por Dominos ha conseguido contener una parte importante de los costes. Un ejemplo evidente de lo anterior se puede ver en España, donde el mayor número de locales pertenece al grupo Alsea. Así, los enfrentamientos entre compañía y sindicatos, como representantes de los trabajadores, son un fenómeno que se repite continuamente dados los lamentables derechos con los que cuentan.

En concreto, Alsea (como Domino’s) mantiene a sus trabajadores parciales, que son la gran mayoría, trabajando por horas. Una fórmula que no solo exprime al máximo la flexibilidad laboral, sino que incluso sobrepasa muchos aspectos legales. Hasta el punto, de que la firma siempre se ha negado a establecer una referencia de horas trabajadas al mes. Incluso “pese a que una inspección de trabajo les obligó meses atrás”, señalan fuentes sindicales. La razón de la reticencia se debe leer por dos vías: por un lado, porque se evita pagos por ‘no actividad‘, entendida como hacer horas sin que la empresa realmente lo necesita.

MÁS ALLÁ DE LOS LÍMITES

Por otro lado, sin una referencia límite no existen las horas extras o al menos se limitan. Simplemente, se abonan como horas normales, aunque se tenga que hacer frente a fuertes picos de demanda. Pero, las triquiñuelas de la empresa, en algunas situaciones verdaderos chantajes, se pasan muchas veces de los límites. De hecho, algunos trabajadores de sala y cocina (los que peor parados salen) contratados a horas anuales si no las cumplen, porque algunos días hay menos trabajo, se les exige no cobrarlas con amenazas como despedos o reubicaciones forzosas.

Otra treta, algo más legal, pasó con los repartidores a los que se les dejó de pagar por viaje, por el que recibían cerca de 40 céntimos, y pasaron a pagarle por hora. Al final, la situación ha terminado por desquiciar a la plantilla durante la cuarentena. En ella, los restaurantes podían abrir, solo para el online, por lo que Domino’s aceptó pagar por 40 horas semanales a aquellos a los que incluyó en el ERTE. Pero, una vez que no se pudieron cumplir (por falta de pedidos) la compañía ha decidido descontar la parte correspondiente a la nómina de mayo.

Un hecho que ha terminado por hacer saltar las relaciones entre unos y otros. No solo porque no se da la posibilidad de recuperar las horas que no se han podido hacer, sino porque se ha descontado el dinero directamente. Además, la empresa no ha puesto facilidades para retomar las referencias de horas mensuales pese a que se había comprometido. Todo ello, ha llevado a los sindicatos, en este caso CCOO, a denunciar ante la Audiencia Nacional a Domino’s el lunes pasado. Ahora, toca esperar al acto de conciliación, pero el contexto no es nada bueno, por lo que todos los escenarios están abiertos.