De entre todas las gemas y piedras preciosas que la Tierra ha forjado en su vientre, ninguna se ha erigido tan poderosa como el diamante. Su especial configuración, se dice que es el material más duro del mundo, la ha convertido en símbolo de poder y riqueza desde los mongoles, unos 2.800 millones de años antes, hasta que Audrey Hepburn, bajo el papel de Holly Golightly, se los colgara del cuello. Un poder que ha perdido mucho brillo en los últimos años, y es que la competencia de las joyas sintéticas, el aumento de costes laborales, la oferta disparada o el nuevo paradigma en la demanda han llevado tanto a los productores (especialmente mineros) a sus peores días.

A principios de agosto la acción del grupo minero de diamantes Petra Diamonds sufría para mantener la barrera de las 10 libras por título, y no profundizar en los mínimos históricos que ya perforó diez días antes. La realidad es que la compañía inglesa ya no es ni una sombra de lo que en su día llegó a representar, después de perder en los últimos cinco años hasta un 94% de su valor en bolsa al pasar de los más de 1.600 millones a los poco más de 100 millones actuales. Una situación que los analistas avisan de que no tiene pinta de que pueda cambiar en el corto plazo.

Petra Diamonds es una víctima, si se le puede considerar así, de un cambio en la forma de hacer y concebir la explotación de la mano de obra en los países menos desarrollados. El grupo minero explota distintas minas en las regiones más pobres de África como son Tanzania, Suráfrica y Botsuana donde las nuevas políticas laborales que le exigen han elevado sus costes muy por encima de lo que lo han hecho los ingresos. Así, mientras que desde 2011 los ingresos han crecido un 55%, los costes solo por los pagos a los empleados en las minas (employee expenses dentro del área de los costes de la minería) lo han hecho cerca de un 80%.

Fábrica de BMW.

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De hecho, bancos de inversión como JP Morgan explica en sus análisis sobre la compañía que existen riesgos importantes debido a “cambios en los impuestos, la legislación en el trabajo y otras condiciones operativas, particularmente dada la ubicación de los activos en Sudáfrica y Tanzania”. Aunque importante, los problemas para los mineros de diamantes van mucho más allá, ya que estamos en el punto en el que más cantidades de diamantes se están extrayendo a la vez en los más de 150 años que tiene de existencia la industria moderna de dicha piedra preciosa, lo que produce un efecto de exceso de oferta que empuja a la baja el precio.

Se podría pensar que el ciclo de las materias primas -que empieza con precios altos, seguido por fuertes inversiones para extraer los minerales, a lo que sigue exceso de oferta y caída de precios, para luego reducir oferta y tensionar los precios al alza para volver a comenzar- llevará a que está práctica recupere su brillo, aunque no es del todo así. De hecho, existen casi tantos diamantes que no se pueden extraer (por el alto coste que implicaría) como los que se arrancan de la tierra. Aunque, los expertos señalan que la demanda podría resarcirse en los próximos años, la generación millenial que creció con la película ‘Diamantes de Sangre’ no son tan materialistas, se prefieren las experiencias, y para aquellas novias que todavía quieren su anillo con diamante (una de cada cuatro, según el gigante De Beers) existen alternativas sintéticas.

A pesar de todo, uno de los más afamados gestores españoles, Francisco García Paramés, apuesta por una revalorización del sector y junto a ello de Petra Diamonds, que tiene un peso de 1,07% en su cartera Cobas Internacional y de un 0,99% en Cobas Selección. Una inversión que hace un año superaba los 16 millones de euros, pero que en la actualidad apenas supera los 11 millones y que el trimestre pasado cayó a 9 millones, esto es que en nueve meses había perdido casi un 50% del dinero invertido.