Mikhal Fridman.

Al menos, ningún supermercado podrá hacer frente a DIA a la hora de vender ensaladilla rusa. Mucho menos, en comercializar vodka o filetes rusos. ‘Al mal tiempo buena cara’ dice el refrán español, y muchos de los accionistas de la compañía así lo entendieron, mientras el secretario, Ramiro Rivera, con voz radiofónica señalaba que los accionistas habían dado su apoyo al punto 6.3 del orden del día. La vía rusa estaba en marcha.

“Se acabó” señalaba algún accionista, aunque la frase más repetida ha sido: “Se cumplió el guion previsto”. Y es que, si no fuera por la gravedad de los hechos que subyacían a la Junta, una empresa en quiebra técnica y miles de accionistas que han perdido la mayoría de sus ahorros, se podrían ver similitudes fílmicas. Aunque en esta ocasión, que no suele ocurrir en el paternal Hollywood, ganó ‘el malo malísimo’ de nombre Mikhail y apellido Fridman.

La victoria de Fridman trae consigo, además, una cierta perspectiva de incredulidad y tintes contradictorios por dos razones: por un lado, la animadversión que levantaba entre los accionistas. Por otro, la baja asistencia a un evento transcendental para el futuro de DIA, con un quórum del 54,3%, el más bajo de siempre. Obviamente, algo no encaja en la historia y es más bien lo segundo.

La Junta celebrada este pasado miércoles ha sido la más multitudinaria de cuantas se han celebrado

Porque, cómo es posible que siendo de vital importancia hayan acudido, en forma de acciones, hasta 11 puntos porcentuales menos que en 2015 (65%) o 5 puntos menos que el año pasado (59%). El problema es que muchos han puesto en la misma balanza quórum y asistencia, lo cual es un error fundamental. La Junta celebrada este pasado miércoles ha sido la más multitudinaria de cuantas se han celebrado, ya que los más de 1.200 presentes son cerca de 1.000% más que hace un año o un 1.639% más que los que asistieron en 2015. Pero claro, más accionistas presentes no implican más títulos, ya que la caída del precio ha intercambiado minoristas por fondos pasivos (a modo de ejemplo Goldman, Vanguard y Blackrock, que suman cerca de un 12% del accionariado, no acudieron).

En cuanto al primer punto, el de la animadversión de Fridman para los presentes, se podría convertir hasta en una verdad axiomática. De hecho, a uno de los intervinientes que se atrevió a mentarle para bien (porque era “el único que tenía dinero para levantar la compañía” intentaba explicarse) a poco lo linchan. Mientras que las proclamas más extendidas al margen de los descalificativos para el ruso, fueron las de defender la españolidad de la compañía que llegaron entre pasajes de la historia bélica patria y poemas de Machado. Se le saltan a uno las lágrimas.

La CNMV tampoco se libró de un rapapolvo por su actuación en 2018. ¿Dónde estaba Gondor cuando el Folde Oeste cayó? ¿Dónde estaba Gondor cuando nuestros enemigos nos cercaron? ¿Dónde estaba Gon..? No, mi señor Aragorn, estamos solos… Bueno, quizás las réplicas al regulador no fueron exactamente esas (lo reconozco), pero no cabe duda de que prácticamente ni uno solo de los accionistas se han sentido protegidos por el regulador.

Al final, el esbozo de plan que años atrás tejió LetterOne parece que sigue adelante con cada vez más fuerza, a precio de saldo y con la banca más predispuesta que nunca para llegar a un acuerdo. Poco importan ya las palabras de los accionistas o su rechazo frontal a la opa. Total Fridman no vino a España a hacer amigos, sino a hacer negocios y por el momento no le va nada mal.