Deutsche Bank

La noticia del nuevo ere de Deutsche Bank no ha pillado por sorpresa a nadie. Así es la triste realidad en la que malvive el gigante alemán, pese a que ha eliminado, o al menos eso pretende, uno de cada cuatro puestos de trabajo en el último lustro sigue sin convencer a los mercados sobre su viabilidad futura (si se le exige un mínimo de rentabilidad). Además, todo parece indicar que podría tener que hacer frente a sus años más complicados, incluso peor que los anteriores que no es poco decir, en los que se le junta un fuerte gasto de capital, mayores exigencias regulatorias y un entorno de tipos bajos que está destrozando los resultados bancarios.

Una vez ejecutado el ere previsto, que será para 18.000 empleados, el gigante alemán habrá reducido en un cuarto su plantilla (de casi 100.000 empleados a 76.000), habrá gastado casi más de 10.000 millones en ello, y aun así, los principales problemas seguirán ahí: caída de ingresos, un 20,7% entre 2013 y 2018, una ristra de multas creciente, una muy pequeña capacidad de generación de capital (al menos para pagar tantos despidos) y una cifra de beneficios irrisoria para una de las mayores entidades de Europa, que además se ha reducido un 80% desde 2014. Pero bueno, al equipo directivo se le podrá seguir sin achacar apenas errores, puesto que han complicado con su cometido: meter la tijera.

Pese a los muchos problemas ya existentes, en Alemania deben agarrarse porque vienen curvas. En primer lugar, el gigante teutón deberá cumplir en los próximos años con las exigencias de capital. Deutsche Bank cerró el 2018 con una ratio, Cet 1 Fully Loaded o capital de máxima seguridad, del 13,6% que podría parecer alto (los bancos españoles están muy por detrás), pero en realidad no es así, puesto que se le exige mantener en balance al menos un 13%, por lo que el margen para los próximos años es pequeño y más si se tiene que hacer frente a 7.400 millones de compensaciones con unos beneficios minúsculos. Pero la cosa no acaba ahí, porque en un par de años llega Basilea IV, una nueva entrega en la saga que aterroriza a las entidades europeas, que promete todavía ser más exigente.

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Por el momento, nadie se atreve a hacer cálculos sobre las necesidades que implicará la llegada de Basilea IV, debido a su alta complejidad, aunque el último estudio de la EBA señalaba que podría exigir a las grandes entidades a aumentar su capital en un 25%. Obviamente, eso incluye al Deutsche Bank que para desgracia propia, y aviso para sus accionistas, generando algo más de 400 millones al año va a necesitar un siglo para alcanzar las exigencias por sí solo.

El problema, es que muy probablemente el alemán sea una de las entidades que más capital necesiten con la nueva regulación. Así, una de las partidas que más verá aumentado su peso será el denominado Outflor Floors, lo elevará un 7,6%, con el que pretenden limitar a los grandes a que usen sus propios modelos internos para el riesgo, en el caso del Deustche es uno de los más laxos en su ponderación de riesgos lo que provocará un aumento mayor que en sus pares.

Deutsche Bank tras culminar su ere habrá reducido su plantilla un 25% en los últimos años, comprometiendo más de 10.000 millones, pero sin atisbos de recuperar su viabilidad (cómo le han recordado los inversores)

En segundo lugar, los ajustes de valoración de crédito y riesgo de mercado serán muy importantes (un incremento medio del 9,3%), en este apartado Deutsche también sobresale debido a que aquellas entidades con una actividad de banca de inversión mayor necesitarán mayores necesidades. Por último, los riesgos operacionales, el capital retenido para fallos potenciales dentro del banco que generen pérdidas, aumentará las exigencias de capital un 5,5% de media, en este sentido el alemán mantiene más activos de este tipo de riesgo que sus pares, en concreto, es la segunda entidad que más, con un 25% del total, solo superada por USB.

En definitiva, si la actual situación tiene mala pinta con 7.400 millones comprometidos para la reestructuración, los años venideros no apuntan a mejorar la situación. Además, el margen de maniobra es cada vez más pequeño y su valor más reducido, ya que en los últimos meses la entidad ha ido profundizando en sus mínimos hasta caer apenas a poco más de 14.000 millones, después de cerrar 2014 con una capitalización superior a los 34.000 millones. Por no hablar de aquellos años, en pleno boom financiero, en el que su valor superaba los 54.000 millones.

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