Las variables en la ecuación bancaria de cara a 2021 son terroríficas. Al menos, para sus trabajadores. Las entidades españolas han sumado pérdidas mil millonarias récord, o fuertes recortes en sus beneficios, un entorno digital acelerado a marchas forzosas y una plantilla envejecida. Además, todas ellas saldrán de la crisis con un nivel mayor de capital, algo que es imprescindible en las reestructuraciones. Por último, ninguna de ellas esconde que se han propuesto una reducción de costes robusta. A todo ello, hay que añadir un proceso de concentración en ciernes. En definitiva, la banca proyecta un año récord, para el próximo, en despidos.

“Estamos acelerando las tendencias de reducción de costes en la mayoría de los mercados, especialmente en España”, señalaba el consejero delegado de Banco Santander, José Antonio Álvarez, a los inversores hace pocos días. Por su parte, su homologado en BBVA, Onur Genç, se congratulaba antes los analistas por la “excelente gestión de costes” del banco bilbaíno durante el segundo trimestre. Ambos ejemplos, reflejan uno de los pilares de la gestión bancaria en el día a día durante la crisis: aminorar costes como sea. Al fin y al cabo, el grueso de los ejecutivos en todo el mundo (España no es una excepción) se ganan su fama gracias a contener gastos.

Quizás, para alguien lo anterior sea una exageración. En ese caso, la mejor receta poner la lupa en el gasto en personal de las cuentas semestrales presentadas por cada banco la semana pasada. Además, por orden de publicación: Bankinter registró un -2,38%. Bankia un 5,5% menos. Banco Santander ejecutó hasta -6,5% a tipos corrientes en el global y -5,1% en España. BBVA llegó a eliminar costes en personal hasta un 8,1%, además, Genç aseguró a los inversores que tenía una lista con todos y cada uno de ellos. Por último, Caixabank registró un descenso del 2,9%, mientras que en Banco Sabadell se elevaron (el único y pierde en bolsa un 70% en el año) un 2%.

DIGITALIZACIÓN Y FUSIONES IGUAL A MÁS DESPIDOS

 “La Junta directiva ha decidido crear un comité para reforzar el proceso de digitalización del banco”, señalaba el consejero delegado de Bankia, José Sevilla, acerca de la estrategia futura de la entidad. “Cómo resultado de la crisis, la adopción digital se ha acelerado mucho” exponía Álvarez sobre la evolución de Santander. El trabajo remoto y la utilización de internet para operar se han convertido en otro pilar fundamental para las entidades durante la pandemia. Un elemento que no solo ha ayudado a reducir costes, sino que también ha marcado el camino de cara al futuro.

“Las lecciones aprendidas nos permitirán acelerar nuestro plan de transformación en el futuro” explicaban desde Banco Santander. El caso de BBVA también es paradigmático. De hecho, la entidad vasca ha tenido trabajando en remoto a más de 86.000 empleados y Genç llego a decir que aun así el banco ha estado funcionando “como siempre”. La afirmación es un desafío más que obvio a la realidad que hasta ahora reinaba en la banca. Y no solo por lograr ese desafío, que ya es mucho, sino también porque lo ha hecho en una situación dramática con el país parado y las empresas desangrándose.

De hecho, la elevada actividad bancaria a lo largo de estos meses ha sido el único sostén para evitar los recortes de plantilla este 2020. Bankia señalaba en sus resultados que había realizado más de 90.000 operaciones, mientras que Álvarez indicaba que Banco Santander había “formalizado más de 630.000 operaciones“. Además, ese frenético movimiento no va a parar durante el verano, es más, la entidad que preside José Ignacio Goirigolzarri avisaba que “durante julio, agosto y septiembre veremos aumentos adicionales”.

UNO DE CADA TRES EMPLEADOS SE ACERCA A LOS 50 AÑOS

Pero una vez acabe esa actividad todo va a cambiar. Los bancos serán todavía más restrictivos en el apartado de oficinas y pondrán más empeño en la inversión en digitalización. Por último, más tarde o más temprano llegaran de nuevo los temidos eres, aunque con más fuerza de lo habitual. Al fin y al cabo, con un negocio en plena decadencia, por los tipos bajos y la constante caída del volumen de créditos, junto a la necesidad de gastar mucho dinero en tecnología, termina obligando a todas ellas a readaptar su enorme estructura de costes fijos.

El modo de proceder no será muy diferente al de años atrás: recortes de empleos por miles aderezados con salidas voluntarias, colocaciones y sobretodo prejubilaciones. En este último punto, el hecho de tener una plantilla cada vez más envejecida, en el que uno de cada tres empleados se acerca a los 50 años, es un hándicap. De hecho, el número de empleados cercanos a esa edad, en proporción con el resto, ha crecido notablemente en los últimos años.

Así, según las últimas cuentas anuales de cada entidad: en Bankia un 28,4% de sus trabajadores tiene más de 50 años, frente al 24,2% en 2018. En el caso de Banco Santander la cifra alcanza el 29,5% y en Banco Sabadell ya es el 32%. Pero, si bajamos un escalón más, hasta los 46 años se aprecia mejor ese envejecimiento de las plantillas bancarias. En concreto, suponen el 40% del total en la entidad cántabra. En el caso de BBVA la cifra, en este caso mayores de 45 años, superaba el 55,4% frente al 40,3% hace tan solo dos años.

LAS FUSIONES ACELERARÁN LOS RECORTES

Por si todo lo anterior fuera poco, todavía un elemento detonador más: las fusiones. De hecho, uno de los atractivos de la concentración bancaria es que generan una serie de ahorros en costes fijos sin afectar al negocio. Sin ir más lejos, el último movimiento corporativo importante en el sector en España, la compra de Banco Popular, se saldó con 3.000 despidos. Aunque, para cuantificar los nuevos recortes habría que ir más al detalle, en especial, al encaje geográfico de cada movimiento.

Aunque, sirva como referencia qué pese a los recortes ejecutados en los últimos años, las plantillas en su conjunto no han disminuido apenas. De hecho, antes de que el covid-19 golpease con fuerza a la economía europea DBRS explicaba que “el número de empleados aumentó en Sabadell, Santander y Caixabank como resultado de las grandes adquisiciones. Unos movimientos que incluyen los de TSB en 2015, Banco Popular en 2017 y Banco BPI en 2017, respectivamente”. Por ello, concluía que “esperamos que los grandes bancos europeos continúen reduciendo los costes operativos”.

Una tendencia que lejos de las fronteras de España se ha ido fortaleciendo. En 2019, más de 50 entidades habían anunciado sus planes de recortar un total de 77.780 puestos de trabajo, la mayor cantidad de despidos desde los 91.448 en 2015, según datos de los sindicatos. Unas cifras que han ido en ascenso en los últimos meses si se le añade, por ejemplo, el recorte brutal que sobrevuela a HSBC. En definitiva, el próximo 2021 podría ser un nuevo año récord en despidos para la banca española, mejor ir preparándose.