Iberdrola

El presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, ha aprovechado su intervención en la mesa redonda del Pleno Extraordinario de la Cámara de España para hacer un contundente alegato sobre la urgencia de desarrollar una economía verde y su importante efecto tractor en la industria y en el empleo. El máximo responsable de la eléctrica ha dejado claro que la descarbonización no se circunscribe únicamente al ámbito de la energía y, además, se puede desarrollar sin ejercer presión en las cuentas públicas. “Hay que invertir y correr; no es lo mismo hacerlo en diez años que en cinco”, ha asegurado el dirigente de la energética.

El discurso que se mantiene desde la compañía ahonda en la importancia de un sector rentable sin necesidad de ayudas públicas. El mismo día que Sánchez Galán incidía en el carácter estrictamente privado de las inversiones en el sector de las renovables, la consejera delegada de Iberdrola España, Ángeles Santamaría, refrendaba la misma idea con otras palabras, “la inversión proviene del ámbito privado “puro y duro” y descartaba la dependencia de fondos públicos, defendiendo así que la falta de inyecciones del Estado como consecuencia de la crisis del covid-19 no afectará al proceso de descarbonización.

En este sentido, Santamaría ha recordado en el V Foro de Energía de El Economista que Iberdrola ha invertido en, cerca de 20 años, hasta 25.000 millones de euros en energías renovables, redes y almacenamiento, aspectos que ha señalado como ejes del crecimiento futuro de la compañía.

“La inversión en la economía verde no tiene solo que ver con energía, sino que presenta grandes ventajas estructurales por su carácter transversal” ha manifestado Sánchez Galán. Entre ellas, ha destacado, la mejora de la competitividad económica, de la balanza de pagos, la reducción de emisiones y contaminación y el importante efecto tractor en la industria y el empleo en sectores como la construcción, la fabricación de bienes de equipo, servicios de ingeniería o la máquina herramienta, “con impacto particularmente positivo en la llamada España vaciada”.

El presidente de Iberdrola ha insistido en la idea de que apostar por una economía verde es “invertir en renovables, en redes inteligentes y en el almacenamiento, que permitan una mayor electrificación”. Además, ha señalado que esta transición presenta oportunidades en nuevas tecnologías y procesos industriales, como el hidrógeno verde, y ha instado a “correr en este campo y no quedar atrás frente a nuevos socios europeos”.

En este sentido, ha recordado el proyecto de la mayor planta de producción de hidrógeno verde para uso industrial de Europa, que la compañía pondrá en marcha en Puertollano, con una inversión de 150 millones de euros.

De hecho, el hidrógeno ha cobrado un protagonismo inusitado en los últimos tiempos. El interés de las grandes energéticas por esta tecnología se ha traducido en sucesivos anuncios de elevadas inversiones en diferentes proyectos. La notoriedad del hidrógeno coincide con la puesta en marcha por parte de la Asociación Española del Hidrógeno (AeH2) de un documento estratégico para el sector, una Agenda Sectorial para esta industria que llega de la mano del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo (MINCOTUR). Considerado como uno de los gases renovables, junto con el biogás y el biometano, el hidrógeno representa en estos momentos la esperanza del almacenamiento energético: el gran reto para el ecosistema verde.

En este sentido, Iberdrola está desarrollando el proyecto de energías renovables y baterías de hidrógeno escalables en Puertollano se encargará de la producción del hidrógeno verde a partir de fuentes 100% renovables. En concreto, la solución estará integrada por una planta solar fotovoltaica de 100 megavatios (MW), un sistema de baterías de ion-litio con una capacidad de almacenamiento de 20 megavatios hora (MWh) y uno de los mayores sistemas de producción de hidrógeno mediante electrolisis del mundo (20 MW).

La aplicación de esta tecnología para usos energéticos basada en el hidrógeno tiene visos de convertirse en un elemento central para la compañía como desveló el jefe del área del negocio de eólica marina, Jonathan Cole, recientemente en una entrevista para el portal BloombergNEF: “Veremos el crecimiento del sector del hidrógeno y los proyectos de energías renovables para 2030”.

EL HIDRÓGENO COMO PORTADOR DE ENERGÍA

Las cualidades del hidrógeno han generado siempre un gran poder de atracción, dado que su oxidación (quemarlo para obtener energía) simplemente genera vapor de agua, lo que le perfila como un combustible perfecto. De hecho, su utilización para crear una nueva forma de movilidad se convirtió en la gran esperanza de Estados Unidos para romper su dependencia energética al petróleo durante muchos años. Pero, las mismas características también han supuesto un reto de ingeniería excesivamente grande, sobre todo, en forma de altos costes en materia de generación, almacenamiento y distribución.

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En cuanto a la primera, siempre ha presentado dos problemas principales. Por un lado, que nunca se ha logrado producir a un bajo coste, dado que requiere grandes cantidades de energía. Por otro, que su generación provocaba ingentes cantidades de CO2, con lo que el resultado final era muy poco satisfactorio. El problema del almacenamiento y la distribución están relacionados con el hecho de que el hidrógeno es el elemento más pequeño de la tierra, el número uno en la tabla periódica. De hecho, el helio, el número dos y cuatro veces más grueso, se usa para hallar grietas en las tuberías, por lo que diseñar un tanque (o cañería) para evitar las fugas de hidrógeno siempre ha sido un reto.

La solución a lo anterior era utilizar recipientes a presión de alta tecnología hechos con fibra de carbono o licuarlo gracias al nitrógeno líquido y algunos compuestos metálicos. Obviamente, ambas opciones exigen un coste desorbitado que imposibilita su uso a gran escala. Pero, con el paso de los años se desarrollaron alternativas como fue el proyecto llamado FutureGen, en Matton (Illinois, EEUU), y del que se ha aprendido mucho.

Las lecciones más valiosas fueron que construir estaciones combinadas de generación de electricidad e hidrógeno en lugares cercanos a fuentes de energía, en su caso minas ricas en carbón, producían dos hechos beneficiosos: el primero, reducía el coste. El segundo, se soluciona una parte importante del transporte del hidrógeno.