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El coronavirus, entre otras muchas cosas, también ha servido como chivo expiatorio para un gran número de empresas. Todas ellas, en evidentes problemas financieros. Una actitud que denota que algún empresario, que se denominaba de éxito, posee una tez facial al nivel del hormigón armado. Es el caso de Dentix. Así, el fundador de la firma, Ángel Lorenzo Muriel, explicaba en una entrevista reciente presentó el preconcurso de acreedores “por responsabilidad” dados los efectos del covid-19. Aunque, los problemas reales son otros: una deficiente estructura financiera debido a sus desmanes y a una compleja red con matriz en Holanda. Y claro, eso, más que el virus, es lo que ha tumbado la firma y lo que hará que solo un milagro salve a sus clientes y/o empleados.

Cómo en todo, lo mejor es empezar desde el principio. El primer elemento extraño que aparece en las cuentas que proporciona la compañía tiene lugar a finales de agosto de 2017. Más en concreto, el día 29 Muriel desaparece misteriosamente de cualquier relación real con la compañía, al menos a efectos legales dado que las firmas creadas funcionaban como sociedades limitadas. Así, el conglomerado Dentix Health Corporation se convierte en el administrador único de Dentoestetic Centro de Salud y Estética Dental.

Pero, la jugada no termina ahí. Puesto que en el conglomerado de Dentix Health Corporation tampoco aparece el propio Muriel, sino que el 100% de su accionariado está a nombre de Dentix Health Netherlands. Una firma holandesa que hace las veces de matriz internacional y de muro contra las exigencias fiscales de la hacienda española. Por último, el nombre de referencia de dicho conglomerado es el de un testaferro holandés y no el del fundador. Con ello, consigue limitar al máximo sus responsabilidades legales en caso de una quiebra de la compañía.

LAS CUENTAS EMPIEZAN A TORCERSE DESDE ENTONCES

Pese a la excusa (mala) del coronavirus, la realidad es que las cuentas de 2018, a falta de las de 2019, no engañaban. En aquel momento, los ingresos y los beneficios de Dentix parecían sólidos, pero no eran más que un espejismo. De hecho, la compañía no pasaba no era capaz de pasar la famosa prueba del algodón: el estado de flujos de efectivo. Así, en dicho año registra hasta 22 millones de euros negativos en el de explotación, los cobros y pagos que se hacen en el negocio, es decir, que mantener el negocio en marcha ya le estaba costando dinero.

La cosa no mejora en el siguiente apartado, en el de inversión, puesto que refleja salidas de capital por otros 22,1 millones. En definitiva, la compañía necesitaba una inyección de 40 millones para seguir adelante. ¿Cómo los consiguió? A través de cobros adelantados de facturas, créditos de confirming, que le otorgaban bancos. En las cuentas, la firma refleja que durante el 2018 la sociedad “había cedido” parte de sus cuentas a cobrar de clientes a una institución financiera por un montante de 47 millones.

En 2019, la cosa al parecer ha sido mucho peor. La salida de efectivo se disparó tanto que en lugar de 47 millones, necesitó incrementar las líneas de confirming hasta los 70 millones y, más tarde, la inyección de 20 millones adicionales del fondo KKR. ¿El problema? Los clientes ya no pagaban igual y eso repercutía sobre las entidades. El deterioro de la partida de cuentas a cobrar evidencia el agujero y también el desfase entre ingresos y flujos de efectivo (una práctica habitual en empresas con problemas de cobro). En total, en 2018 los clientes ya debían 74 millones frente a los 58 de un año antes.

LA BANCA Y KKR DECIDEN PONER PUNTO Y FINAL

La mala evolución de las cifras anteriores lleva a que la situación sea inaguantable. BBVA y Bankia, según el propio Muriel, empiezan a tener problemas para cobrar y paran de golpe la financiación, de unos 10 millones al mes, vía anticipos. Por su parte, KKR prefiere no continuar con el plan previsto y en la segunda semana de febrero frena el desembolso adicional de 45 millones de euros previsto. En definitiva, en pocas semanas la firma cae en quiebra al no ser capaz de hacer frente a sus pagos por falta de efectivo para operar.

A todo esto, la pandemia del coronavirus llega a España y termina por colapsar la economía. Dentix apenas se sostenía en pie incluso antes de decretarse el estado de alarma, pero las medidas son recibidas como agua de mayo. De hecho, “por desgracia”, según el propio Muriel, tarda exactamente 72 horas en ejecutar el ERTE. Con ello, endosa a sus más de 3.400 trabajadores el Estado sin ningún tipo de coste y consigue el bien más preciado: tiempo. Aunque, también ejecuta el preconcurso de acreedores para que no le puedan exigir pagos sus proveedores.

UNA SITUACIÓN DIFÍCILMENTE REVERSIBLE EN EL FUTURO

Prácticamente sin sonrojarse, Muriel explica a su interlocutor de que los 100.000 clientes que tienen tratamientos prepagados no deben temer, ya que “recibirán su tratamiento cuando reabramos”. Una afirmación más fácil de decir que de ejecutar y, es que, Los problemas son muchos: el principal, es que el negocio es deficiente. El segundo, es que si los clientes no pagaban antes del colapso de la economía, ahora la situación se hará insostenible. Por último, que tener necesidades acuciantes de efectivo en mitad de una crisis es el peor escenario posible para cualquier empresa.

Muriel, también es capaz de dar una respuesta a sus trabajadores. En primer lugar, que iba a pagar, pero que un banco les confiscó ese dinero para cobrar la línea de confirming. Obviamente, ese es uno de los inconvenientes a los que se enfrenta una empresa que pide, como algo habitual, ese tipo de instrumentos. El segundo, es que ya en 2018 el montante que debía a sus trabajadores se multiplicó por 11 respecto a 2017, de los 838.000 euros a más de 9 millones de euros. Lo que deja en evidencia las verdaderas intenciones de la compañía.

En definitiva, que excusas muchas, pero milagros hay que esperar entre muy pocos y ninguno en los próximos meses. Los muchos millones en publicidad, una de las partidas más grandes entre sus gastos, han tapado muy bien las carencias de un negocio que no ha hecho más que dar disgustos a miles y miles de personas. Al fin y al cabo, a lo mejor alguien sí se creía que tras presenciarse la caída en desgracia de las estafas llamadas Fannydent o iDental en este caso iba a ser distinto. Pero, el tiempo (como siempre) ha demostrado que no.

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