Deliveroo

En el sector de reparto de comida a domicilio hay dos verdades insondables. La primera es que prácticamente nadie gana dinero, menos aún las más noveles como Deliveroo, Glovo o Uber Eats. El negocio funciona hundiendo los precios en cada reparto para ganar cuota de mercado. Aunque signifique sangrantes números rojos cada año. La segunda es que los salarios, más en concreto los costes asociados a los mismos como la Seguridad Social, se ven como un lastre. Al fin y al cabo, todo lo que pueda ahorrarse en ese punto, que no es pequeño, puede utilizarlo para tumbar más sus precios y ganar más clientes.

Y, al final, más clientes significa una mayor posibilidad de colocarle el paquete a otra empresa más grande. Ese es el plan final que nadie quiere contar en el sector. Se paga a precio de oro cada décima de cuota de mercado y luego se pretende venderlo con prima. La barrera de entrada es el dinero que se ha perdido y el premio es un mercado de cerca de un billón de euros, nadie sabe la rentabilidad que ofrecerá el mismo, para 2023, según Berstein. Una idea chocante, pero que hasta que la pandemia ha fundido las grandes carteras de los fondos, funcionaba bastante bien.

Ahora, al sector le toca reinventarse o más bien reinventar sus estructuras para limar (aún más) todos los costes posibles. En definitiva, soltar lastre. Por ello, Deliveroo ha solapado en España un ERTE, despidos temporales, con un ERE, despidos permanentes. Además, enfoca esa reestructuración hacía los pocos empleos directos, por los que paga a la Seguridad Social, de oficina que mantiene en el país. Aunque, no será el único, ya que se extiende a Italia, Francia, Holanda y Bélgica.

DELIVEROO, EL LASTRE DE LOS SALARIOS Y LA DESLOCALIZACIÓN

Las reestructuraciones empresariales persiguen la lógica de reducir costes. Ésta puede ser porque la empresa tiene sobrecapacidad o porque le conviene llevarse cierta producción a otra región con salarios más bajos. Obviamente, en un sector que no solo estaba creciendo a un ritmo vertiginoso, sino que además el covid-19 ha propulsado, la primera opción no entra en ninguna lógica. En cambio, sí encaja a la perfección esa segunda alternativa.

De hecho, los empleos que Deliveroo tacha en España los da de alta en Rumania, como explican desde CCOO. “La empresa comunica a la plantilla su decisión de extinguir nada menos que 90 puestos de trabajo: en su mayoría pertenecientes a un área de negocio que pretenden deslocalizar”. Con ello, la compañía espera ahorrarse de media la mitad de cada salario, si nos fijamos en las remuneraciones media de cada país. Además, de ser una prueba importante para futuros movimientos similares.

Al final, la lógica que se persigue es la de desaparecer de la mayor parte de los países más desarrollados, ya que la reestructuración también abarca otros países. Por un lado, Deliveroo elimina los pocos trabajadores reales que tienen y por los que pagan impuestos a la Seguridad Social. Por otro lado, los únicos que mantiene son los llamados riders, a los cuales obviamente es imposible deslocalizar, pero sin una relación laboral directa. Dicho de otra manera, la firma ha eliminado cualquier exigencia de pagos a la Seguridad Social.

DELIVEROO CERCA DE LA QUIEBRA

El afán de Deliveroo por acogerse a cualquier tipo de ayuda, ya sea ERTE o ERE, que le permita limitar sus costes salariales vienen de su pésimo estado financiero. La compañía británica alertó a sus inversores cuando se aseguró qué sin la inyección de capital de Amazon, que se iba a convertir en accionista, podría quebrar. Aunque, eso era a mediados de abril, por lo que la situación ha ido a peor. Al fin y al cabo, es lo que ocurre cuando tus perdidas están directamente relacionadas con tu facturación y el negocio se dispara.  

Realmente, suena extraño hablar de quiebra o no en empresas que nunca han ganado dinero. Más bien, debería hablarse de la paciencia de los inversores privados en la aportación de fondos. Y esta parece que se está agotando por varias razones. La primera, es la ofensiva legal en contra de sus esquemas de maxi-flexibilización de su estructura de costes laborales con los llamados riders. La posibilidad de que la justicia termine obligando a Deliveroo y al resto de firmas a ponerles en nómina crea inestabilidad.

Por otro lado, tanto analistas como inversores de capital riesgo ven cada vez más improbable que el modelo termine funcionando. La idea de jugar a perder dinero, ganar cuota de mercado y después vender la compañía con prima es tan tentadora como inviable a largo plazo, por el efecto llamada. Aun así, dando por bueno ese modelo tan agresivo, todavía queda en el aire que el negocio en sí funcione. El problema principal es que existe una restricción más que evidente para escalar las entregas, dado que los platos requieren cada uno de un tiempo. También hay más actores.

Por último, las grandes cadenas, como McDonald, tienen mucho poder de mercado y son capaces de apretar todavía más los precios. Un efecto que quedó patente tras su acuerdo con Uber Eats. En definitiva, las restricciones a la rentabilidad son todavía muy altas y apostar por jugar a hacer perder dinero a los actores que hay en el mercado no es buena idea en mitad de una contracción económica. La necesidad de ajustar más el modelo se ha convertido, también, en necesidad de eliminar más costes salariales.

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