David Ferrer
David Ferrer, es un lance del Madrid Mutua Open. | F.SEVILLANO/MMO

Ha llegado la hora. David Ferrer (Javéa, España; 1982) se retirará en dos semanas, cuando juegue su último torneo en el Mutua Madrid Open (del 3 al 12 de mayo). Atrás quedará entonces una de las mejores carreras en la historia del tenis español, plagada de títulos (27), grandes momentos (llegó a ser número tres del mundo) y emocionantes recuerdos. Antes, Ferrer charló con los medios oficiales del torneo.

—En las últimas semanas hay una imagen icónica: su bandana de pelo descansando en la pista.

—No lo hago por quedar bien. Fue en Auckland donde empezó todo. Perdí el partido y ese es mi último recuerdo en cada torneo. Es como dejar las últimas gotas de sudor. Porque el final de su carrera está muy cerca. Sí, y las sensaciones que tengo son buenas. Me siento feliz por cómo ha sido esta transición de aceptar que iba a dejar de jugar, que este iba a ser mi último año hasta el momento actual. Siempre hay un poco de miedo a los últimos torneos, uno piensa en cómo se va a sentir, pero mi objetivo es estar contento. Yo me siento competitivo, estoy jugando en los torneos que me han dado más cariño y que más me ilusionan. Gracias a la carrera que he tenido puedo mirar hacia atrás y sentirme orgulloso por todo lo conseguido.

¿Esperaba tanto cariño?

—La verdad es que no, me ha sorprendido mucho. Sobre todo mis compañeros en el mundo del tenis. Por ejemplo, ir a Auckland que es un país completamente diferente y ver cómo te aprecian. Eso es porque debes haber dejado un buen recuerdo de todos los años que has jugado al tenis. Eso es con lo que me quedo. Aparte de haber sido lo que he sido como jugador de tenis he dejado algo que a la gente le ha gustado.

—¿Eso vale tanto como un título?

—¡Hombre, y tanto! ¡Vale más! Al final lo que queda es la persona, los títulos quedan en la sala de trofeos que tengo, pero no dejan de ser trofeos. El cariño que he tenido por parte de todo el público y de mis compañeros y amigos en el mundo del tenis es con lo que me quedo.

—Con las experiencias vividas. ¿Por qué decide irse en el Mutua Madrid Open?

—Porque es un Masters 1000, porque está Feliciano, porque Madrid siempre me ha tratado de forma increíble. A la gente le encanta el tenis y le tengo mucho cariño a la ciudad. Juego en casa, tengo la oportunidad de hacerlo en un Masters 1000 y están los mejores jugadores. Para mí, tener la ocasión de acabar disputando un torneo donde están los mejores jugadores es lo que quiero.

—¿Qué le parece la figura de Feliciano como Director?

—Me gusta mucho. Soy muy parcial porque es muy amigo mío. Pero es una figura necesaria en el mundo del tenis: tiene don de gentes, tiene imagen, conoce muy bien el circuito y entiende al tenista. En ese aspecto es la persona idónea para ese cargo. Creo que no habría un mejor director de torneo que Feliciano.

—¿Ha sido una suerte contar en España con un torneo de las características de Madrid?

—Espero que nunca se vaya. Es un torneo que funciona muy bien y al que va muchísima gente. Creo que a día de hoy se ha hecho un gran esfuerzo para que se siga haciendo el torneo de Madrid. Pienso que es fundamental para el país porque tiene mucha tirada y se vive muchísimo. Se necesita.

—¿Cómo ha sido su relación con Manolo Santana durante este tiempo?

—Ha sido muy buena. Manolo es una persona genial. Cuando hablas con él y ves las bromas que hace… Tiene una vida muy alegre con una edad avanzada, tiene chispa. A los jóvenes nos ha ayudado muchísimo. Recuerdo que cuando perdía me llamaba y eso es algo complicado de ver. Que alguien se preocupe por ti sin un beneficio a cambio, y eso Manolo lo hacía. Le tengo mucho respeto por todo lo que ha dado al tenis. Fue el pionero. Gracias a él somos lo que somos y puedo estar hoy aquí hablando con usted.

—Habla de jóvenes y respeto. ¿Les falta respeto a los jóvenes?

—No lo sé. A veces me gusta ponerme en la piel de ellos. Me leo entrevistas de millenials o algún youtuber porque no lo entiendo. Mis hijos van a vivir eso y quiero ponerme en su piel para poder entenderlo.

—¿Y lo entiende?

—¡Aún no! Pero intento ver en qué mundo viven para poder explicarles qué es lo que siento yo o qué es lo realmente importante en la vida. Quizá sea tópico hablar de cómo son los niños de hoy en día. Simplemente viven en otro mundo, la vida evoluciona. Todo cambia. Nosotros también tenemos que cambiar. Ellos y nosotros.

—Hablamos de su final, pero ¿cómo empezó?

—Tengo muchos recuerdos en mi casa, en el frontón del Club de Tenis Jávea. Sábados y domingos pasaba todo el día allí. Después de entrenar pasaba tiempo con los amigos y por la tarde jugar al frontón. Recordaba sobre todo jugadores que idolatraba. Carlos Costa, Sergi Bruguera, Andre Agassi… y cómo los imitaba jugando al frontón. Eso es un buen recuerdo.

—¿Se le pasó por la cabeza que años más tarde se enfrentaría a esos nombres?

—Lo he pensado luego cuando he estado junto a ellos. Cuando he jugado con Albert Costa, con Àlex Corretja, con Carlos Moyà… Con Sergi Bruguera que fue mi ídolo y luego fue mi capitán. Pero en el momento no. Era algo tan lejano que jugaba, competía y me gustaba lo que hacía. De los mejores recuerdos que tengo de cuando era pequeño, desde que tenía siete u ocho años cuando empecé a jugar hasta que tuve 20 al hacerme profesional, no pensé en si llegaría a ser lo que he sido. Solo pensaba en ir haciendo.

—¿Le presionaron en el frontón?

—Tuve mucha suerte con mis padres. No lo digo porque sean ellos, pero siempre han tenido un respeto y una educación grande hacia el deporte. Me han dado unos valores en la vida por los que les estaré eternamente agradecido. Mi padre siempre ha dado ejemplo, siempre defendía que lo importante no es ganar o perder sino el hacer lo que uno pueda, intentarlo y disfrutar de jugar. Uno debe tener claro que solo es un deporte. Hay que entender que la derrota duele, eso él lo comprendía. Pero mis padres lo hacían bien y nunca he sentido esa presión. El entorno y los managers llegaron algo más tarde para mí. Cuando tenía 19 o 20 años y gané mi primer ATP fue cuando tuve mi primer manager, que fue Carlos Costa. Hoy en día eso es indispensable. Actualmente con 15 o 16 años ya hay un entorno mucho más cerrado con el jugador. En mi época era diferente y era todo más tranquilo en ese sentido.

—¿Se puede llegar arriba sin tener unos buenos padres?

—Sí, por supuesto. Uno puede llegar a ser un gran jugador. Al final esto es deporte. Si un padre le mete presión a su hijo o lo machaca, puede ser un gran campeón. El problema es quién lo prepara para cuando deje de jugar a tenis. Eso es lo complicado. Te aseguro que si tengo que elegir, prefiero ser como soy como persona en la casa de mis padres que haber sido número tres del mundo. La educación que he recibido creo que me ha hecho estar tranquilo conmigo mismo y enfocar la retirada de manera noble, feliz y tener el cariño de gran parte del mundo del tenis.

—¿Se llegó a ver joven, rico y con fama?

—A ver, rico no. Pero sí que cuando tienes 20 años, las cosas te van bien y ves que tienes privilegios o ganas mucho dinero con esa edad y ves que tus amigos están estudiando, pues sí que es algo chocante. En el mundo del tenis viajas cada semana y tampoco lo acabas de pensar. Pero sí es verdad que el entorno es muy importante para que tengas los pies en el suelo. Es obvio que hay momentos en que te desubicas un poco.

—¿Cómo se hace?

—Es clave el entorno que tienes, el rodearte de gente que te ofrezca buenos consejos. Necesitas gente que pueda ayudarte y que te den críticas constructivas. Pero también es verdad que en la vida hay que fallar para aprender de los errores. Nadie nace sabiendo todas estas cosas sino que aprende viviéndolas.

—¿Ha pensado ya qué hará cuando acabe?

—No lo he pensado mucho, seguro que estaría vinculado con el mundo del tenis. Me encanta y lo adoro. Mi vida ha sido tan intensa y he viajado tanto, que lo que quiero es estar un poco con mi familia y hacer cosas que nunca he hecho. Poder viajar de una manera algo más tranquila, conocer el mundo de forma más pausada y centrándome más en ellos. El pasar tiempo con mi familia y con mi hijo. Me gustaría esquiar, hacer de comentarista que nunca lo he hecho y saber cómo puedo comunicar… Es una manera de aprender en la enseñanza. La enseñanza me gusta mucho de 10 a 16 años. Es una época un poco para los jóvenes y adolescentes y ahí sí que me gustaría ayudar. No este año, porque quiero estar pausado, pero para el siguiente es algo que sí me ilusiona.

—¿Seguirá viendo tenis?

—Sí, hombre. Seguro y ya veo. Lo hago porque me gusta. No lo hago porque eche de menos el tenis o porque no esté en Indian Wells o Australia sino por ver, conocer. Me gusta, no por nada especial.

—¿Le gustaría ser capitán de Copa Davis?

—Claro, me sentiría muy orgulloso de poder serlo. También entiendo que eso queda muy lejos y hay jugadores que tienen que estar por delante. Primero tengo que formarme como profesional en la enseñanza.

—¿Y ser entrenador de un tenista top-100?

—A día de hoy le diría que no me gustaría hacerlo, pero sí en un futuro. Pero me gustaría vivir primero otro tipo de etapa. La etapa de los jóvenes y crecer con ese tipo de tenista. Después, por supuesto que me encanta el circuito. Si siento que puedo aportar lo haría. Si no lo siento, no. Es algo que, como puedo decidir, no haría.

—¿La adrenalina de la competición la va a añorar?

—Es lo que más. Va a ser imposible encontrarlo. El competir será lo que más eche de menos. Tendré que encontrar otras cosas. Hacer ciclismo o algo que pueda calmar un poco a la bestia.