38.000 almas nos reunimos el pasado sábado para disfrutar del concierto histórico de Vetusta Morla en la cubierta de la Caja Mágica. El indie se hizo mainstream el pasado fin de semana con los temas de “Mismo sitio, distinto lugar”. En el concierto tuvo una aparición estelar David Brocano, que ataviado con una careta de cerdo cantó una estrofa desafinada de “Lo echamos a suertes” de Ella baila sola, tal y como había pactado en vísperas en una entrevista al grupo en ‘La Resistencia’.

Este show se ha convertido en el ojito derecho de Movistar +, que mira con satisfacción los estupendos números del programa bajo demanda y cuyo departamento de comunicación cuenta los impactos en redes y solicitudes de entrevistas de Broncano, que ha inyectado de aire fresco el panorama humorístico español. Cuenta el showman jienense que comenzó en la comedia casi por casualidad, con un monólogo servido en esa inagotable cantera llamada ‘Central de cómicos’, que emite Comedy Central. Poco después tuvo la suerte de ser requerido por Globomedia, que pretendía renovar ‘Noche Hache’ en la tarde con ‘Estas no son las noticias’, programa que naufragó en Cuatro y espacio del que Broncano se llevó dos amigos que todavía mantiene: Dani Rovira y Quequé.

Aun así quien consolidó su carrera en la comedia fue Prisa. El grupo lo fichó para presentar varios programas de cine, tendencias y humor en los últimos coletazos de Canal + antes de ser digerida por Telefónica y Javier del Pino se fijó en su talento para integrarlo en esa maquinaria casi perfecta llamada ‘A vivir que son dos días’. En el programa realizó entrevistas a pie de calle y mostró un talento y reflejos innatos. En Prisa Radio también tuvo otras oportunidades: ‘Anda ya!’ o ‘Yu, no te pierdas nada’. 

Pero el salto de calidad lo daría con ‘La vida moderna’, proyecto que intentaba contraponer la vida rural del siglo XX con la locura tecnológica del XXI. Vicente Jiménez, recién aterrizado a la dirección general de la SER, era consciente de que no podía tocar las principales piezas de una emisora alicaída porque no se movía un bolígrafo sin la autorización de Cebrián. Por eso intentó rejuvenecer la audiencia recortando y relegando ‘Hablar por hablar’ y ‘Los Toros’, dos espacios de madrugada sin peso específico dentro de la millonaria audiencia de la SER, y apostó por varios programas de comedia bajo el paraguas de ‘Oh my LOL!’, del que sobrevivió con brillo Broncano.

‘La vida moderna’ contaba con varios elementos diferenciadores: en la dirección David Broncano, que pese a sus colaboraciones en la televisión no era conocido para el gran público. A su izquierda Ignatius Farray, Andy Kaufman español que no lograba exprimir en la industria audiovisual su brutal discurso despegado en los baretos de cuarta. Y a su derecha Quequé, famoso por su labor en ‘La noche con Fuentes’ o ‘Noche Hache’, pero con una carrera ciertamente a la deriva. Estas tres joyas unían sus destinos y este éxito provocó que la televisión los reclamase. Fernando Jerez, que pretendía resucitar el espíritu de la primera etapa de Cuatro con #0 e impulsó varios programas de comedia, entre los que destacaba ‘Late Motiv’ con Andreu Buenafuente.

El rey del late-show dejó Barcelona por Madrid y se nutrió de la cantera de la capital, donde ya brillaba con autoridad Broncano. Su feeling con el de Reus fue tal que pronto logró un proyecto propio, ‘Loco mundo’, donde Ricardo Castella ya le ayudaba en la dirección e Ignatius demostraba sus excentricidades con brillo. El programa se quedó en manos de Quequé porque desde febrero nació ‘La Resistencia’, quizás el late-show más original de la televisión estatal desde que Buenafuente irrumpiese por el ventanal de las ‘Crónicas Marcianas’ de Sardà en 2005.