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Italia ha sido el último de nuestros vecinos europeos en subirse al discurso de la protección sanitaria de sus ciudadanos -y de paso, de sus intereses económicos- y aplicar restricciones a los retornados de España. Una medida altamente eficaz para desincentivar los viajes a España, dado que antes de partir hay que pensar en los obstáculos que recibirán a los turistas a su vuelta. El factor económico sobrevuela con fuerza sobre el endurecimiento de las condiciones para viajar a España aplicadas por el país trasalpino, en lo que ya se ha convertido en un “sálvese quien pueda” que trasciende lo meramente sanitario.

Según la prensa italiana la medida se adopta a consecuencia del aumento de casos de covid-19 importados por personas que han pasado sus vacaciones en destinos extranjeros, como España. Curiosamente las nuevas restricciones anunciadas por Italia se reducen a sus competidores turísticos directos: España, Grecia y Malta.

Un somero análisis de este tipo de maniobras que se están desplegando en espacio Schengen dirigidas a desinflar el interés de los turistas por España, casualmente estimula la demanda nacional de esos países. Y la estrategia funciona, sólo hay que revisar la lista de países de la UE cuyas medidas perjudican, de forma directa, al sector turístico en España, y benefician su industria turística doméstica.

En el caso del Reino Unido, el regreso al país de residentes y la entrada de viajeros españoles obligará a una cuarentena de 14 días. La entrada en Bélgica supondrá una cuarentena y tests para los viajeros procedentes de Aragón, Navarra, Lleida y Barcelona y recomendación de cuarentena para los viajeros procedentes de Girona, Tarragona, País Vasco, La Rioja, Extremadura, Soria, Guadalajara, Castellón, Valencia, Murcia, Almería, Baleares y Madrid; en Bosnia-Herzegovina, Hungría, Irlanda y Noruega se exigirá una cuarentena de 14 días para los viajeros procedentes del Segrià, de Barcelona y área metropolitana, Figueres y Vilafant; y en Suiza, la cuarentena obligatoria será de 10 días para los viajeros procedentes de España, excepto Baleares y Canarias.

Y a las restricciones conviene sumar las recomendaciones que advierten de la inconveniencia de viajar a España sin motivo. Para añadir aún más ruido y confusión y alimentar así el efecto de arrastre de unos países a otros, algunos aplican restricciones para los que viajan a zonas concretas de España, y otros, lejos de conformarse con eso, recomiendan no viajar a todo el país. Después de que el Reino Unido desaconsejara viajar a todo el estado español, incluyendo las islas, Holanda se sumaba con restricciones muy específicas: el gobierno de los Países Bajos ha recomendado no viajar a Barcelona y a sus alrededores si no es esencial.

Entretanto los empresarios del sector ven cómo se esfuma la temporada alta en la mayoría de los destinos en España, con unos porcentajes de ocupación hotelera que han oscilado entre el 30% y el 40%, de los establecimientos que han abierto al público, y con semanas en las que las cancelaciones superaban con creces a las reservas, coincidiendo, sobre todo, con el anuncio de medidas restrictivas de los gobiernos europeos. De forma que, en octubre, no saldrán las cuentas. Ni siquiera las de un escenario de mínimos.

RESTRICCIONES “NO SÓLO A ESPAÑA”

La ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto, ha señalado este jueves que el hecho de estar “conviviendo” con el coronavirus y que se produzcan rebrotes “dificulta que el sector turístico se reactive”.

La ministra ha resaltado que “el mejor de los datos” para el sector turístico sería una reducción del número de contagios, lo que generaría mayor confianza en los turistas y en los países homólogos “para que no pongan restricciones”.

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Sobre estas restricciones, ha manifestado que no se están imponiendo “solo para España” y que todos los países de la UE están adoptando medidas para controlar la pandemia. Según ha indicado, en este marco hay que “reforzar la colaboración” con el resto de países y compartir “las mejores prácticas” para controlar la enfermedad, “sobre todo en un momento en el que la reactivación de la economía es tan importante”.

Sin embargo, y aunque el discurso oficial defienda la prevalencia de los criterios sanitarios por encima de cualquier otra cuestión, lo cierto es que la obstaculización de la llegada de turistas a España por parte de sus vecinos europeos se asemeja demasiado a una guerra comercial soterrada, donde cada país jugará sus bazas. Y en esta contienda España tiene mucho que perder.