Credeblug

Hace 53 años, en la localidad guipuzcoana de Azpeitia, nacía Blug. ¿Objetivo? Hacer maquinaria especial para siderurgia, un sector muy asentado en la zona. Poco más de medio siglo después, esta compañía dedicada a la producción de pulpos, cucharas bivalvas y pinzas, y que ahora se llama Credeblug, exporta su trabajo a 54 países, principalmente europeos (Reino Unido, Francia y Alemania, principalmente), aunque también están presentes en el resto de continentes… menos uno.

“El único continente en el que todavía no estamos presentes es Oceanía, aunque en los últimos meses hemos recibido un aumento considerable de consultas para algunos proyectos en Australia y esperamos poder comenzar nuestras exportaciones a este país en 2019 ó 2020”, afirma Asier Susaeta, gerente de Credeblug.

La facturación de la empresa se sitúa en unos tres millones de euros, de los cuales, el 75% corresponde a la cuota exportadora. Para una empresa pequeña como Credeblug, la asociación con partners de confianza es vital. “Hay mercados en los que es más difícil entrar por características culturales o por la competencia local, pero en la mayoría de los casos nuestras ventajas competitivas nos permiten compensar estos impedimentos”, añade Susaeta.

Creedeblug exporta a más de medio centenar de países y su próximo destino es Oceanía

Una cartera de clientes que, en gran parte, suelen ser fabricantes de puentes grúa que incorporan su producto como complemento a su oferta, aunque en otros casos también son ingenierías o el cliente/usuario final, sobre todo empresas relacionadas con el reciclaje y co-generación de energía, siderurgia y agentes portuarios.

¿Qué encargo, o qué producto, les ha hecho sentir especiales en su más de medio siglo de vida? Ocurrió en 2016, cuando suministraron una cuchara para labores de recuperación de material en un pozo para la construcción del túnel Lee en Londres. “Esta cuchara, además de poder sumergirse hasta 200 metros de profundidad, también contaba con una complejidad asociada por las limitaciones dimensionales del pozo, densidad del material a manipular y por tener que trabajar en una atmósfera potencialmente explosiva (Atex) debido a los gases en el exterior”, recuerda el gerente de Credeblug.

CREDEBLUG Y EL SALTO AL EXTERIOR

El proceso de internacionalización de Credeblug arrancó allá por el año 2005, momento en el que renovaron la dirección comercial. Entonces su cuota de exportación era del 25-30% mientras que ahora esa es la cuota para el mercado nacional. “El primer mercado objetivo y en el que apenas teníamos presencia fue Reino Unido y empezamos a colaborar con una empresa local con buen posicionamiento en el sector que posteriormente pasó a ser nuestro distribuidor para el mercado inglés. En función del mercado (perfil y tamaño) optamos por contar con algún tipo de asociación local, pero en muchos casos la venta es directa”, concreta Asier Susaeta.

Para dar el salto a otros países, inicialmente contaron con el apoyo de programas del Gobierno Vasco de asesoramiento a la internacionalización como el PIE-PIE y, posteriormente, el programa Prointer. Unas negociaciones en las que, sobre todo, “aprendemos a escuchar”, resalta el gerente de Credeblug. Y concreta: “Es importante captar cuál es la prioridad del cliente; si se trata de una operación a precio, o bien en la que la parte técnica impere o incluso si el plazo es el punto que puede hacer bascular la balanza a nuestro lado”.

¿Piedras en el camino? Credeblug pasó por un periodo complicado hacia 1999 por una serie de impagos de clientes que pusieron en riesgo la continuidad de la sociedad. Desde entonces la empresa ha tenido altibajos, sobre todo por las fluctuaciones del mercado, pero en la última década ha sabido mantener una posición estable, con una facturación creciente y una situación financiera saneada.

Asier Susaeta, en el centro, recibiendo el IBJ Awards

A que la situación actual no sea tan de zozobra ‘ayudó’ el hecho de que, en el año 2010, y en Londres, Credeblug recibiese el premio IBJ al mejor fabricante mundial de maquinaria de manipulación. Sobre todo teniendo en cuenta que al mismo se presentaron otras firmas con una larga trayectoria y acreditada solvencia. Por si fuera poco, era la que tenía el menor tamaño de todas ellas.

“Tanto el premio de 2010 como el segundo, obtenido en 2017, representan un reconocimiento internacional a un modelo de negocio diferente, como es el nuestro, basado en la innovación y en la mejora de producto. Esto va en la línea de otros reconocimientos locales, como en 2012, cuando fuimos galardonados con el premio a la “Mejor Pyme Guipuzcoana” por la Cámara de Comercio de Guipúzcoa, siendo también la empresa de menor tamaño que lo ha ganado”, afirma orgulloso Asier Susaeta.

UNA HISTORIA FAMILIAR

Para ver nacer a Credeblug hay que remontarse a 1965. Por aquel entonces, cuatro familias guipuzcoanas decidieron que era el momento adecuado para crear una empresa que diera soluciones al sector siderúrgico, muy asentado en la comarca.

¿Por qué el nombre de Blug? Porque las cuatro familias impulsoras fueron Beloki, Letona, Ucín y Guibert (las iniciales de sus apellidos). ¿Y a qué se dedicaron en sus inicios? A la fabricación de trenes de laminación, cizallas y prensas. No contentos con ello, decidieron que había que dar un paso más, por lo que comenzaron a trabajar en el campo de la maquinaria para manipulación, es decir, pulpos, cucharas y pinzas.

Fue todo un acierto, porque estos últimos tuvieron una gran acogida por el mercado, falto de dichos materiales, lo que hizo aumentar la cartera de pedidos y, por ende, las ventas.

El acuerdo entre las familias continuó hasta la década de los 80 del pasado siglo XX, cuando la familia Letona se hizo con la totalidad del accionariado. Beloki, Guibert y Ucín decidieron centrarse más en las compañías siderúrgicas que estaban bajo su control.

Ya en 1993, la compañía cambió su nombre por el actual, aunque la denominación comercial Blug siguió vigente. Fue entonces cuando la apuesta tuvo nombre propio: maquinaria de manipulación. Eso sí, ‘bañada’ con un alto componente de valor añadido.

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Llegado el año 2005, y como ya ha quedado reseñado, se decidió dar el salto al exterior. ¿Pilares? Modernización, cambio en el modelo de gestión, optimización de costes y mejora de los procesos productivos. El departamento de I+D comienza a tomar un mayor protagonismo.

“En la actualidad nuestro presupuesto de I+D suele estar entre el 10% y el 14%, dependiendo del año, pero sabemos que la inversión en innovación es prioritaria para diferenciarnos de los fabricantes de países emergentes. En los últimos años hemos realizado una gran inversión en el desarrollo de manipuladores para grandes profundidades marinas y también en la mejora de la comunicación de nuestros equipos para la optimización de su mantenimiento y su automatización. En este sentido, el sistema inalámbrico GIITS (Grab Intelligent Interface and Transmission System) es un buen ejemplo ya que mejora la comunicación de nuestros productos y su gestión remota además de reducir los costes asociados al cableado”, concreta Asier Susaeta.

¿Y el futuro? ¿Cuáles son sus planes? “La tendencia clara del mercado es la automatización de procesos y la mejora de la eficiencia energética. Nosotros ya llevamos unos años incorporando a nuestros productos módulos específicos que aporten valor en este sentido. Además, en 2016 creamos una nueva línea de negocio especializada en la automatización de procesos con tecnología de visión artificial que permitirá diversificar las fuentes de facturación en el futuro próximo”, concluye el director gerente de Credeblug.