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El comienzo de la saca del corcho del alcornoque coincidirá este año con la última prórroga del estado de alarma en España. La virulencia del covid-19 no ha conseguido detener el descorche o extracción de este recurso de la corteza del árbol, pero sí ha dejado daños colaterales a su paso. Las estimaciones de pérdidas para las bodegas en el primer cuatrimestre, por el fuerte impacto del virus en la hostelería, indican una caída de hasta un 40%. Y el hundimiento en las ventas de vino lastra al sector del corcho que tiene en los tapones su producto estrella.

El descenso de actividad en las bodegas se traduce en “una caída de entre un 20% a un 30% respecto a lo que sería habitual en esta época” para los fabricantes de tapones de corcho, tal y como explica a MERCA2, Joaquín Herreros de Tejada, presidente de Asecor -Cluster del Corcho de Extremadura-. “El desplome en las ventas del sector vinícola afectará a las cuentas de las aproximadamente 150 empresas corcheras que hay en nuestro país, de las que el 85% son pequeñas empresas”, añade.

Y aunque la sensación que se percibe es la haber pasado lo peor, “tenemos la incertidumbre de cómo evolucionará el mercado en esta etapa transitoria”, asegura el máximo representante del Cluster extremeño. No en vano, la Federación Española del Vino realizó una consulta que reflejó que el 96% de sus bodegas asociadas considera que la crisis sanitaria afecta “muy gravemente a sus negocios”.

El corcho está íntimamente ligado a los vinos de alta gama por la influencia de su porosidad en la evolución del caldo en botella. Además, el alcornoque habita en el paisaje de la dehesa y se integra en un ecosistema que constituye una de las más eficaces barreras contra la desertificación. Este entorno natural es el mismo que da cobijo a miles de especies de fauna y flora, algunas amenazadas de extinción, y a ganadería destacada, como el cerdo ibérico. Toda una cadena de valor vinculada a la naturaleza afectada por el confinamiento y el cerrojo a la hostelería que, de forma asimétrica, comienza su reapertura.

En cuanto a datos de producción, del total del alcornocal español se obtienen al año unas 70.000 toneladas de corcho en bruto, de las cuales el 85% se concentra en el suroeste peninsular, Andalucía y Extremadura. La facturación anual del sector representa unos 350 millones de euros y genera unos 2.000 puestos de trabajos directos que se elevan hasta los 3.000 en el periodo de la saca del corcho.

REPUNTE ARTIFICIAL E INCERTIDUMBRE REAL

Pese a que la campaña se prevé buena, la incertidumbre sigue planeando en el horizonte del sector porque “no podemos tener certeza de cómo va a evolucionar la demanda, sabemos que en el mejor de los casos va a ser un año difícil”, apunta Herreros de Tejada. De hecho, la situación es desconcertante puesto que “a corto plazo, pudiera haber un repunte algo artificial de la actividad, no por una mejora significativa en el consumo de vino, sino por el hecho de que algunas bodegas embotellarán para liberar espacio y dar cabida a los caldos de la próxima campaña”, asegura el representante del sector.

En definitiva, “hasta que no haya una normalización en el consumo del vino no podremos hablar de una estabilidad estructural”, puesto que el perjuicio para la industria del corcho ha venido por el cierre total del canal horeca, “incluso la comercialización de vinos en las grandes cadenas de distribución ha podido crecer algo durante el estado de alarma, pero los índices de consumo en el hogar no contrarrestan, ni de lejos, la pérdida que supone el cierre de restauración y bares”, concluye el presidente de Asecor.

ELÁSTICO, AISLANTE, RECICLABLE Y REUTILIZABLE

Del total de las 70.000 toneladas al año que se producen en España, aproximadamente el 80% se destina a la fabricación del tapón y el 20% restante se usa para otras aplicaciones como pavimentos, aislantes térmicos y acústicos, muebles, moda, artesanía, y un sinfín de utilidades que se benefician de las propiedades del corcho o su estética. Una de las últimas aplicaciones con la que el corcho ha demostrado buena compatibilidad e idoneidad es como relleno para los campos de fútbol de césped artificial.

El corcho es un producto natural 100%, con unas características difíciles de imitar, “es leve, impermeable, compresible, elástico y buen aislante térmico y acústico, es reciclable y reutilizable”, explican desde Asecor.

Por otro lado, la producción de corcho no genera ningún impacto en el ecosistema del que se extrae, ya que se obtiene por descortezamiento, sin talar ningún árbol. Tras la extracción del corcho, el ciclo natural del alcornoque vuelve a iniciarse, regenerando nuevamente su corteza.

De esta forma, la industria corchera, además de promover una actividad económica de un producto natural y ecológico, supone una garantía de futuro y supervivencia para los bosques alcornocales y toda la diversidad natural que lo rodea, como paradigma de economía sostenible y circular.

LA CONTINUIDAD DEL SECTOR

La lectura que se hace desde el Cluster del Corcho de Extremadura es que la industria se ha mostrado dinámica en los últimos años y ha encontrado soluciones para poder servir los tapones con los mayores estándares de calidad, aportando soluciones tecnológicas y reinventándose en un sector agitado por la competencia.

“Tenemos la ventaja de que el consumidor prefiere mayoritariamente el tapón de corcho” frente a otras alternativas –tapones de plástico o silicona- y, por tanto, “tenemos la obligación de mantener esta preferencia en el tiempo, adaptándonos a sus necesidades”.

En el ámbito laboral, la saca del corcho requiere de mano de obra especializada, a diferencia de otros sectores agrícolas. En este sentido, la dificultad radica en que cada vez quedan menos expertos que continúen con esta actividad de carácter estacional. En este contexto, se desarrollan iniciativas en dos sentidos: desde mejorar la formación de nuevos sacadores de corcho, hasta la utilización de la tecnología para facilitar las tareas de descorche, y “probablemente lo más razonable sea aprovechar una combinación de ambas”, asegura Herreros de Tejada .

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En el ámbito del mundo forestal, el problema que surgirá si nadie pone remedio a tiempo, es el de la disponibilidad de materia prima. “El alcornoque tiene una vida limitada, de media de unos 150 años, si no facilitamos su regeneración iremos perdiendo masa forestal en el tiempo y la regeneración natural está lejos de poder compensar la pérdida por la mortalidad del árbol”, subraya el representante del sector.

En los años 90 hubo una política de forestación intensa, a través del programa de Forestación de Tierras Agrarias de la Política Agraria Comunitaria de la Unión Europea, con la repoblación de unas 80.000 hectáreas. Tras más de 30 años desde su plantación, estos alcornoques empezarán a entrar en producción y ciertamente supondrán un pulmón para los próximos años. “Pero si no realizamos acciones de este tipo en el futuro, veremos como la producción del corcho decaerá de forma significativa en unas décadas”, alega el presidente de Asecor, “y eso es algo que sentirán las nuevas generaciones”, y añade “tenemos que reflexionar sobre qué es lo que les queremos dejar”.

Pero también hay buenas noticias para el sector, “sí, que una gran parte de la solución está de nuestra mano si se establecen las políticas adecuadas por las administraciones y culminamos las acciones que hemos lanzado al efecto”, concluye el presidente de Asecor.