El Corte Inglés Amazon matar o morir

El Corte Inglés, Carrefour  y Amazon son bien distintos. Pero todos operan en la sociedad española, que vive tiempos de cambio. Comida ecológica, alimentación orgánica, consumo sostenible… diversidad de conceptos que acaban en el mismo sitio. Parece ser que nos hemos vuelto responsables, respetuosos con el medio ambiente, ecológicos… nos preocupamos por nuestro bienestar y nuestra salud, y queremos que eso sea además nos trascienda y sea así para nuevas generaciones. Así, intentamos buscar alternativas sostenibles y que eso repercuta en nuestra salud (por ejemplo, por la ingesta de comida orgánica), o en nuestra sociedad (consumo responsable, solidario y sostenible).

Hoy las mismas personas que son capaces de hacer 10 kilómetros en coche para comprar tomates en una tienda ecológica, pagando un sobreprecio por ello, no son capaces de ver las diferencias entre lo cómodo y lo adecuado. Ni siquiera son capaces de esperar un envío 3 días en su casa y lo necesitan como sea, al día siguiente. Y aunque a simple vista no se vean, estas actitudes tienen muchas consecuencias.

Vivimos en una época en la que Internet está modificando nuestros hábitos de consumo. Comprar nunca ha sido tan cómodo y tan fácil. Ni tan siquiera tenemos que desplazarnos. Si tenemos una App vinculada a nuestra tarjeta de crédito ni tan siquiera que ver que sale el dinero de nuestras carteras ni el color de nuestra tarjeta de crédito. Eso por cierto es muy importante, no ver el dinero o el plástico al pagar, te hace minusvalorar el hecho de que lo estás haciendo. La conclusión, gastas más. Además, es cómodo, rápido para el usuario, pero ¿justo para la sociedad? ¿Sostenible? Depende.

El Corte Inglés, Carrefour, Amazon tres tipos de empresas

En primer lugar, estarían las empresas de bandera, personalicemos el caso en el mejor ejemplo que se puede encontrar, el de El Corte Inglés. Se trata de compañías históricas, que son y han sido trascendentes en el empleo, el consumo y su aportación en impuestos y al PIB.

La actividad directa e indirecta de El Corte Inglés es trascendente. Tiene unos 92.000 empleados en España, con un salario medio de 33.500 euros cada uno. El empleo indirecto que genera se amplía hasta las 340.000 personas, y su impacto económico se cifra según algunos estudios -discutibles, y algo inflados en mi opinión-, en torno al 2,4% del PIB. Es una empresa bandera. Una empresa sistémica que no puede ni se debe dejar caer, o las fichas a su alrededor caerán como si de un dominó se tratara.

El Corte Inglés, Carrefour, AmazonEl empleo creado por una PYME española, base de nuestro tejido empresarial, está en torno a 2,5 personas de media. Por ese motivo podríamos cifrar que se necesitarían unas 136.000 PYMES para lograr un efecto de empleo similar al que genera El Corte Inglés en España. Para calibrar la magnitud del asunto diré que en 2016 se crearon 102.000 empresas en España. Y que, estadísticamente, sólo 1 de cada 3 sobrevivirá a su tercer año de funcionamiento.

El Corte Inglés además de empleo, aporta a las arcas públicas 3.518,9 millones, tras incrementar el 34% sus beneficios en el último año fiscal. Lo dicho, la empresa hoy presidida por Dimas Gimeno es una empresa de bandera y como tal merece ser tratada. O al menos en ningún caso debería competir en peores condiciones (legales, fiscales) que los nuevos jugadores.

En segundo lugar, bajando un escalón, están las filiales extranjeras históricamente establecidas. Podemos personalizarlas en multitud de empresas para la fabricación de automóviles, pero para que sea similar al caso anterior de El Corte Inglés centrémonos en el retail, y personalicemoslo en Carrefour. Empresas que llegaron, generalmente hace 30 o 40 años, se instalaron, y replicaron el modelo de negocio en su país natal. Es una velocidad inferior en trascendencia a las empresas de bandera, pero es muy importante. Son empresas que han desarrollado un modelo de negocio innovador en sus países de origen, y a la hora de instalarse en España estaban más avanzadas o aportaban un know how o una tecnología que no existía en nuestro país. Generaban empleo. Creaban un valor social. Ayudaron a la modernización del país.

Se trata de empresas que se instalan en el país. Invierten. Crean valor y se instalan para quedarse en el mercado. La gran diferencia con el anterior es que el beneficio final parte se reinvierte, parte se repatría al país de origen. Es ético y normal. Parte del juego. Todos haríamos lo mismo. Generalmente el beneficio no permanece en España que es una unidad productiva, pero en ese impás generan valor.

Carrefour se instaló en España en 1973, concretamente en Cataluña. Aportó un nuevo concepto, un gran supermercado alejado a las tiendas de barrio que dominaban el comercio en nuestro país en aquella época. Era un supermercado de barrio, pero a lo bestia. Te obligaba, -y en aquella época era realmente extraño-, a ir en coche. Esos primeros “Carrefour” cambiaron su nombre por Pryca a principios de los años 80, para curiosamente 20 años después recuperar su nombre original.

La empresa francesa, tiene más de 31.000 empleados en España, con una media salarial de 21.000 euros anuales. El empleo indirecto que genera no está cuantificado, pero puede ser una tasa similar a la de El Corte Inglés, por lo que podríamos hablar de un impacto en empleo indirecto de 105.000 personas. No es El Corte Inglés, desde luego, pero es un aporte importante a nuestra sociedad y nuestra economía.

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En tercer lugar, las “empresas-nación”. Los desintermediadores, como Google y Amazon. Empresas que optimizan procesos, los tecnifican y ofrecen una ventaja al usuario, pero apenas ninguna a la sociedad donde operan. Pese a generar mucha actividad económica apenas generan impuestos y optimizan sus estructuras fiscales aprovechando cualquier recoveco legal, alegal o en ocasiones incluso ilegal, para maximizar su ganancia sin importarles demasiado los países donde operan. Son útiles e innovadores. Ofrecen una ventaja siempre al usuario, ya sea en precio o innovación, pero le niegan cualquier beneficio a la sociedad, quedando para la matriz de la compañía. Para el usuario son geniales. Pero para las sociedades donde operan son parásitos. No colaboran con las sociedades en las que operan en relación al beneficio y tamaño del negocio que generan y destruyen al rededor.

Amazon tiene sólo unos 1.200 empleados en España, pese a facturar más de 3.300 millones de Euros en nuestro país. El coste medio por cada empleado de sus tres filiales en España ha pasado de 71.500 a 37.000 euros, según sus propias cifras analizadas mediante Insigh View. Eso es así porque una vez establecidos, y contratada la cúpula directiva (el poco empleo no precario que van a generar), ya no generan empleo de calidad. Básicamente sólo el mínimo necesario para operar. Amazon, por simplificarlo, una vez establecida su estructura inicial crece laboralmente contratando personal logístico: hay que hacer paquetes para enviar. El resto una estructura lo más virtualizada posible.

El Corte Inglés Amazon CarrefourLas tres filiales de la empresa americana, Amazon Spain Services; Amazon Spain Fulfillment, Web Services y Online Services, entre las cuatro, han pagado en concepto de impuesto de sociedades un total de 4,23 millones de euros en España entre 2014 y 2016, según las cuentas del Registro Mercantil.

Amazon, es una empresa útil, cómoda, barata y rápida, pero esa ventaja que le da al usuario se la quita a la sociedad. A nivel usuario final es maravilloso. A nivel del Estado es un parásito, que llega, fagocita, exprime y expatria el beneficio via Luxemburgo sin crear apenas beneficio social. Y lo que es más importante, lo hace minimizando las cuentas y generando problemas en las empresas que, si los crean, que no pueden competir en igualdad de condiciones.

La utilidad que Amazon entrega al usuario final se la niega a la sociedad. A nivel usuario es comodo , rapido y barato.  A nivel social Amazon es un PARÁSITO

Muchos consumidores españoles, los mismos que, orgullosos cogen el coche y hacen kilómetros para comprar tomates orgánicos, que, seguro que han crecido de forma respetuosa con el medio ambiente, sin químicos y de forma natural, no están dispuestos a comprar en Carrefour o El Corte Inglés por la ventaja en precio, o en ocasiones de velocidad o comodidad en el envío que ofrece el intermediador, Amazon.

Se nos llena la boca hablando del consumo responsable, y luego no actuamos en todos los órdenes de la vida de la misma manera. Y no lo critico, en parte sucede porque la gente no lo piensa y lo valora. El consumo responsable debe hacerse pensando en la sociedad, no sólo en nosotros mismos y nuestros intereses. Todo repercute en todos.

Hasta que no haya una derrama en tu comunidad de vecinos y te toque el bolsillo, ya que la señora del sexto derecha, y la del tercero izquierda, han dejado de pagar la cuota  porque Carrefour y El Corte Inglés han tenido que prescindir de ellas, no valoraremos la diferencia de unos y de otros. Y no son lo mismo. Por modernos y cool que nos parezcan.

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