Telefónica

Cuando José María Álvarez-Pallete llegó a la presidencia de Telefónica en la primavera de 2016 todo el mundo tenía una palabra en mente: cambios. El operador de telefonía debía empezar a transformarse, precisamente, ante su propia esencia: la de ser una simple compañía de teléfono. Pero el cambio no podía ser abrupto. En primer lugar porque se trata del incumbente nacional de las telecomunicaciones, con lo que eso implica a nivel de redes e infraestructura; y en segundo lugar, porque antes de posicionarse en el nuevo entramado digital había que dotar de alma al proyecto. Y eso es lo que ha hecho el máximo responsable de la compañía.

Las empresas se construyen sobre mantras que metódicamente hacen llegar a la opinión pública para que clientes, accionistas, inversores y proveedores asuman los cambios. En el caso de Pallete, desde hace ya varios meses se ha colado en su discurso el concepto de humanización de la tecnología. Tiene sentido. La relación de las personas con las máquinas cada vez es mayor. Incluso, la propia relación casi se gestiona en su mayoría a través de máquinas. Por eso, el presidente de Telefónica ha dejado muy claro sus principios en la última carta dirigida a los accionistas.

En una misiva escrita (sobre todo) para los accionistas, Pallete ahonda en la impronta que quiere dejar en la compañía. Sabe, como cualquier directivo, que su paso por la compañía tendrá fecha de caducidad. Como la tuvo su predecesor y la tendrá su sucesor. Pero es ese camino el que marca la diferencia, y el presidente de Telefónica quiere dejar andado los primeros pasos de lo que se prevé un largo camino.

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La clave, según explica Pallete en su carta ha sido que “al tiempo de acelerar nuestra transformación, redefiniéramos nuestra misión: “Hacer nuestro mundo más humano, conectando la vida de las personas”. Enunciada así, nuestra misión puede sonar tan amplia como ambiciosa; y lo es. Pero se comprende aún mejor cuando se explica dentro del contexto de la revolución digital que está transformando la economía, la sociedad y nuestras vidas. Telefónica tiene el empeño de asegurar que las personas y las sociedades puedan beneficiarse de esta revolución y no se vean arrollados por ella ni se queden atrás”.

EL CAMINO DE TELEFÓNICA

El problema para conseguir esa humanización de la tecnología es que antes hay que pasar por fases menos agradables. Y esas también las describe Pallete en su correspondencia. Se confiesa y argumenta que “sinceramente, no ha sido sencillo impulsar la transformación de Telefónica y cumplir, además, con estos objetivos empresariales. Hemos tenido que llevar a cabo esta transformación en medio de un entorno poco propicio, cuando no adverso, en el que confluían distintos factores: de un lado, turbulencias en mercados importantes de Latinoamérica y en Reino Unido; de otro lado, el recelo de los mercados hacia nuestro sector; por último, la atmósfera bursátil negativa del Ibex”.

La compañía quiere fijar la ruta de las próximas décadas

Aunque al final el objetivo está marcada en letras bien claras. Se trata de convertirse en una empresa tecnológica. Hay una afirmación de Pallete en su carta que resume sus ideas a la perfección: “Somos ya una compañía tecnológica que está en el corazón de la revolución digital que estamos viviendo, porque el motor de esa revolución es la conectividad que ofrecemos a nuestros clientes. Una conectividad inteligente sobre nuevas redes de alta velocidad, flexibles, seguras y avanzadas que integran elementos de inteligencia artificial”.

Pese al planteamiento humanista, el presidente de Telefónica no obvia a quién se dirige. Por eso también guarda un espacio para hablar de asuntos más mundanos, pero importantes. Así, asegura que mantienen “un ritmo de inversión alto para reforzar nuestras plataformas tecnológicas, que nos hacen relevantes para nuestros clientes: 82.000 millones de euros desde 2012. Y lo hacemos siendo cada vez más digitales: el 65% de nuestros procesos están ya digitalizados”. Del mismo modo, añade que están reduciendo “la deuda neta de modo sustancial en 12.000 millones de euros desde junio de 2016, tanto orgánicamente como a través de desinversiones de activos no estratégicos para la compañía”.

Bajo estas premisas afronta José María Álvarez-Pallete todos los retos al frente de Telefónica. Y no son pocos. Básicamente por el triple tirabuzón que se ha impuesto. Debe invertir y ser una teleco; pelear con las grandes empresas tecnológicas; y en mitad de todo eso humanizar los conceptos del progreso. Una tarea para nada sencilla. Sobre todo porque ciertos contextos, principalmente el político, no siempre son de gran ayuda. La respuesta a su carta se tendrá que aguardar durante sus años de presidencia.