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Fuente: Bloomberg

La semana pasado conocimos el dato del PIB del segundo trimestre de la segunda potencia mundial. China ha alcanzado un PIB del 6,2%, que aun siendo un buen dato, en proyección histórica denota una ralentización del crecimiento, desde niveles de “doble dígito” hasta niveles que no se habían vuelto a ver desde hace 27 años.

Es importante recalcar la normalidad con la que ha de tomarse esta caída, China ya no es el país que era hace casi tres décadas, hoy en día es la segunda potencia mundial y su prominente clase media le aporta a su crecimiento -vía consumo interno- mucha de la riqueza generada durante su transformación.

Hay que considerar como normal la reducción de sus importaciones, dado que muchos de los bienes y servicios que importaba a día de hoy los produce internamente por lo que su balanza comercial se inclina a favor de las exportaciones y las relaciones comerciales con sus socios internacionales, aunque se hayan reducido en el corto plazo la exportación de carne de cerdo por la peste porcina por la que pasa (la mitad de su producción ya ha sido sacrificada, y se pronostica que podría incrementarse hasta el 80% de la producción). Este hecho también ha originado un crecimiento en la inflación del 2,7%.

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El impacto de la guerra comercial ha tenido su efecto, temporal, en la economía china y tras la reunión del G20 donde parecía que acercaban posturas con Estados Unidos simplemente ha servido para ganar tiempo. Hasta la fecha China no ha cumplido con lo pactado y Trump amenaza con aplicar nuevos aranceles (podría incrementar en 325 mil millones de dólares más), pero todo parece indicar que la cercanía de la campaña electoral en Estados Unidos permitirá pausar las negociaciones hasta que se revalide  o cambie a un nuevo presidente, hasta prácticamente el año que viene.

Mientras tanto, China está vendiendo sus tenencias de deuda soberana americana a mínimos históricos y la mayor parte de la liquidez la está introduciendo en el mercado interno, estímulos más fáciles de controlar para incrementar la masa monetaria en circulación, sin impactar en los precios vía reducción de tipos de interés. Todo parece indicar que Liu He, máximo responsable económico del país, es consciente del impacto que tiene la intervención monetaria en la economía vía reducción de tipos, sabiendo que esto podría desestabilizar la política fiscal del país, incrementar los niveles de deuda y depreciar con más fuerza el yuan.

China no es lo que era hace 27 años y un crecimiento del PIB del 6,2% en relación a sus comparables muestra el “sorpasso” que sucederá no dentro de mucho, digamos, después de las elecciones de Estados Unidos.

Darío García, analista de XTB