centro comercial
Interior del centro comercial Abella.

Una inversión de cerca de 100 millones; un espacio de 30.000 metros cuadrados; una promotora controlada por Blackstone y el Banco Santander, 1.700 plazas de parking y una de las dos grandes empresas de servicios inmobiliarias del mundo. Todo esto no ha sido suficiente para resucitar un centro comercial -fantasma en estos momentos- localizado en Lugo. Un fracaso para Aliseda -propietario- y para JLL -gestora del centro-, que no ha logrado alquilarlo.

Cerrado hasta nuevo aviso. Así es como ha terminado el centro comercial Abella. Lo que prometía ser en 2015 un motor para la economía de Lugo -situado a sólo dos kilómetros de su centro histórico- se ha convertido en una auténtica ruina. Un conglomerado de locales vacíos a los que se busca inquilino. O no, porque ni Aliseda ni JLL saben cual es el futuro del complejo y tampoco quieren posicionarse, de momento. La página web del centro ha desaparecido y sólo aparece en el dominio de JLL en régimen de alquiler.

Algunas fuentes conocedoras de la situación afirman que existen ciertos retailers interesados en el centro comercial. En este horizonte aparecen Ikea o Primark, que contemplan en esta gran superficie. Hasta ahora, todo son especulaciones, porque la única realidad es que este complejo ya no sirve ni para refugiarse de las fuertes lluvias que asolan asiduamente a Lugo. De hecho, los últimos meses de vida del centro comercial eran casi para lo único servía, porque gasta dinero era imposible entre tanto local cerrado. Su gimnasio -Mcfit- y los cines -Ciproga- son los últimos huéspedes que han abandonado el recinto a su suerte. Ante esta situación, Aliseda ha decidido precintar el mismo hasta próximo aviso.

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Pero hasta llegar a este punto, Abella ha pasado por muchos estados. Primero, el de la ilusión. En 2015, se inaugura el centro comercial gracias a los 90 millones de euros gastados por Inversiones Abuín, expropietario del inmueble. Tan sólo un año más tarde comenzaron los problemas. La bolera denunció a la propiedad por no haber solicitado la licencia que formaba parte del contrato. Una denuncia que acabó en los juzgados y que levantarón las sospechas del resto de inquilinos de los locales. A partir de ese momento se produjo una desbandada general en todos los sectores que manejaba el centro -hostelería, ocio, comercio…-. Abella se vaciaba poco a poco mientras los que resistían intentaban captar clientes con descuentos y ofertas fuera de temporada.

BLACKSTONE ACUDE AL RESCATE

Ante esta situación apareció un ‘salvador’ inesperado: Blackstone. El fondo compró el centro comercial en 2017 a través de Aliseda, de la que tiene el 51% del capital -49% del Banco Santander-. Con esta transacción se vislumbró el optimismo, porque la situación de los locales con respecto al tema de las licencias se había solucionado. Pero ya era demasiado tarde para Abella. Durante estos dos últimos años el centro ha vuelto a sufrir un goteo incesante de salidas hasta que los 60 locales han quedado vacíos.

Ahora, con el centro comercial cerrado, JLL busca su alquiler como empresa gestora del mismo desde hace año y medio. Aunque el ‘servicer’ también evita hacer declaraciones sobre la situación del inmueble y remite a la propiedad Aliseda, que tampoco se ha pronunciado al respecto.

UN ENTORNO POCO FAVORABLE

El contexto y el entorno que rodea al centro comercial no ayuda, sobre todo después del derribo del hospital Xeral en el barrio Abella. Sin embargo, la zona tiene mucho potencial ya que se prevén construir nuevas instalaciones para sustituir el antiguo edificio sanitario.

El proyecto para la urbanización de la parcela incluyen el primer centro integral de salud de Galicia, nuevas construcciones para la comisaría, una residencia para mayores, una oficina de empleo, un centro de experimentación de drones e incluso una central de biomasa. Un impulso que podría resucitar un inmueble que no lo ha conseguido ni Blackstone, ni JLL ni los 90 millones de euros de inversión.