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El residuo menos contaminante es el que no se produce. En otras palabras, no es más sostenible el que más limpia, sino el que menos contamina. Pero si la evidencia colisiona con los intereses de marca, entonces la estrategia puede mutar hasta la contradicción. La maniobra consiste en enarbolar la bandera de la lucha contra el plástico siendo una de las empresas que más material de un solo uso emplea para envasar sus productos. Coca-Cola es el claro ejemplo de este apostolado en favor del medio ambiente, contra la contaminación y en pro de la reducción de emisiones.

Un informe de 2019 del grupo activista Break Free From Plastic, establece el top 10 de los contaminadores mundiales que, tras auditar más de 8.000 marcas, sitúa a Coca-Cola a la cabeza del ranking. Tal y como expone el análisis las auditorías de marca representan una herramienta poderosa para desafiar el relato corporativo de que la contaminación plástica es un problema de gestión de residuos causado por consumidores individuales. Con esa base, durante años, la industria del plástico ha trabajado incansablemente para promover la idea de que si reciclamos mejor, resolveríamos el problema de la contaminación.

En esta línea, la industria del plástico lleva décadas presionando contra la legislación para desplazar cuidadosamente la responsabilidad de los residuos de las empresas hacia los consumidores, representados en campañas de lucha contra la contaminación ambiental financiadas a lo largo del tiempo por el mundo empresarial.

El grupo ambiental involucró a 72.541 voluntarios en 51 países que llevaron a cabo 484 auditorías y recogieron 476.423 piezas de residuos plásticos con motivo del Día Mundial de la Limpieza – celebrado el 21 de septiembre. La conclusión fue que, en 2019, por segundo año consecutivo, Coca-Cola ostentaba el puesto de mayor contaminador global de plástico, con la emisión de más basura plástica que las tres siguientes compañías más contaminantes juntas. El documento señala a Coca-Cola como responsable de 11.732 piezas de residuo plástico encontradas en 37 países de cuatro continentes.

La lista de los 10 más contaminantes a nivel global extraídos de la auditoría de 2019 está compuesta por: Coca-Cola, Nestlé, PepsiCo, Mondelez International, Unilever, Mars, P&G, Colgate-Palmolive, Phillip Morris y Perfetti Van Mille.

COCA-COLA SE ESCUDA EN LOS CONSUMIDORES

Ajena a las cifras de plástico desperdigado por el planeta que se le atribuye, la compañía no tiene intención de deshacerse de los envases de este material, al menos no en el medio plazo. Y la razón está clara para la marca de “la chispa de la vida”: los consumidores todavía quieran usar las botellas de plástico. En una entrevista con la BBC, durante la reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos, (Suiza) el pasado mes de enero, recogida por Business Insider, la vicepresidenta senior de sostenibilidad y relaciones institucionales de Coca-Cola, Bea Pérez, justificaba la estrategia en el argumento de que “el negocio no funcionará si no nos adaptamos a los consumidores”.

“Así que al mismo tiempo que cambiamos nuestra infraestructura de embotellado, nos movemos hacia el reciclaje e innovamos, también tenemos que mostrar al consumidor cuáles son las oportunidades”, manifestaba la directiva y añadía, “ellos cambiarán con nosotros”.

El objetivo más ambicioso que se marca Coca-Cola, a largo plazo, es que todos sus envases estén fabricados con, al menos, un 50% de material reciclado en 2030 y que se recoja o recicle una botella o una lata por cada una que venda en ese plazo, según la misma publicación.

En el mismo sentido se expresaba, según una cita textual recogida en el análisis elaborado por la corriente activista ambiental, el director de política ambiental a nivel global de Coca-Cola, Ben Jordan: “Hay mucha gente en el mundo a quién le gustaría que el plástico desapareciera. Sabemos eso no va a suceder…Todos vamos a seguir usando plástico durante años y años, ¿verdad?“,

EL MUNDO SIN RESIDUOS DE COCA-COLA

Y mientras el entorno natural, sobre todo marino, se sigue inundando de plásticos, con la contribución inestimable de Coca-Cola, la marca fomenta el avance hacia “Un Mundo sin Residuos” con su campaña “Mares Circulares”.

La información de la iniciativa publicada por la propia marca recuerda que “hace tiempo que Coca-Cola en España pasó a la acción para ser parte de la solución, poniendo en marcha diversas medidas e iniciativas para acabar con la contaminación marina y promover la transición hacia una economía circular”.

La iniciativa de Coca-Cola en España y Portugal, para “limpiar playas y entornos acuáticos, fomentar el reciclaje e impulsar la economía circular”, iniciaba en 2020 su tercera edición, implicando a cientos de organismos públicos y privados -en 2019 fueron más de 400, más del doble que en su primer año-, así como de un comité de expertos.

El propósito de la compañía con esta acción que busca un claro beneficio reputacional es retirar los residuos de aquellos lugares “en los que nunca debieron estar: las playas, las reservas marinas y el fondo de mares y océanos”, como reconoce la multinacional de los refrescos. Para ello, Coca-Cola volverá a apoyarse en tres organizaciones que llevan años implicadas en acciones de intervención directa para alcanzar el equilibrio y la sostenibilidad en los mares. Se trata de la Asociación Chelonia, la Fundación Ecomar y la Asociación Vertidos Cero, así como en la Liga para a Protecção da Natureza en el caso de Portugal, según recoge la web oficial.

La potente estrategia de comunicación proyectada por la marca de bebidas se alimenta de incesantes anuncios en redes sociales de acciones en favor del medio ambiente que aparentemente nacen desde el compromiso altruista con el futuro del planeta, cuando si se aplicara el principio de “quien contamina paga”, Coca-Cola no haría más que compensar mediante la financiación de campañas de limpieza y recogida de plásticos, la contaminación ocasionada por su negocio.

EL RECICLAJE, NO ES LA SOLUCIÓN

Desafortunadamente, que el reciclaje es la solución a la contaminación por plásticos, sencillamente, no es cierto, tal y como recuerda el movimiento Break Free From Plastic fundado en septiembre de 2016, para reducir masivamente el plástico de un solo uso en su origen, es decir, los productores de plástico.

De la cantidad total de plástico producido desde la década de los 50, solo el 9% ha sido reciclado a nivel mundial, y el resto ha acabado quemado, en vertederos o abandonado contaminando el medio ambiente. Si bien muchas empresas presumen de compromisos para aumentar la “reciclabilidad” de sus productos, todavía se fabrica plástico de muy baja calidad para su reciclaje o imposible de reutilizar debido a su diseño, aditivos químicos o difíciles de separar por capas.

Incluso si todos los envases de plástico fueran recolectados para ser reciclados, en la mayoría de los casos sólo se podrían reconvertir en un producto de menor calidad y no se reciclarían una segunda vez. Y, pese a estos condicionantes, los productores de plástico planean cuadriplicar la producción para 2050 impulsada por la extracción barata de combustibles fósiles como gas pizarra o gas de esquisto, tal y como cita el informe.

Gran parte de este auge del plástico se destinará para hacer envases de un solo uso que se distribuirá en el mercado en las economías de rápido crecimiento de Asia y África. De acuerdo con los objetivos globales para la sostenibilidad y erradicación de los plásticos de usar y tirar, este modelo productivo está acabado, y toca reemplazarlo por alternativas que promuevan la justicia social, que contribuyan a preservar el medio ambiente y, así, proteger el futuro del planeta.