Burger King

“Mantenga la bolsa fuera del alcance de los niños y arrójela a la basura de forma apropiada”. Esta frase se puede leer en uno de los embalajes que en su interior lleva el juguete de turno que Burger King regala con su menú King Junior. Junto a la misma, otras 23 frases en otros tantos idiomas, pero en ninguna otra lengua oficial de España. “El texto viene de global, ya impreso en idiomas internacionales, pero no en catalán, ni en gallego ni en euskera”, confirman desde la enseña de comida rápida.

Demos el salto a McDonalds. En este caso son 28 los idiomas que aparecen recogidos en las bolsas de los juguetes que se regalan con su Happy Meal. Y, además del castellano, aparece el catalán: “Les bosses de plástic poden ser perilloses. Per evitar el perill d’asfixia, mantiguin-les fora de l’abast dels infants i bebés”.

En el tema del etiquetado las empresas chocan con las obligaciones impuestas por la administración nacional y autonómica

Este es uno de los dos mensajes; el otro hace referencia a que el juguete no es recomendable para niños menores de 3 años. Pero no aparece ni en euskera ni en gallego. ¿Está discriminando McDonalds las lenguas vasca y gallega? ¿Hace lo propio Burger King también con el catalán? ¿Es una simple cuestión de espacio?

BURGER KING Y LA POLÍTICA LINGÜÍSTICA

El uso de la lengua siempre ha sido un término de controversia en Cataluña. Tanto, que hasta el Tribunal Constitucional tuvo que pronunciarse al respecto. Y avaló el derecho de la Generalitat a exigir la rotulación en los comercios, eso sí, excluyendo el nombre comercial del negocio. Una de cal, y otra de arena, porque rechazó que los comerciantes tuvieran la obligación de atender en catalán al cliente que así lo deseara.

Pero, ¿qué pasa con el etiquetado? Aquí podríamos decir que existe una especie de choque de trenes porque convergen las obligaciones impuestas por ambas administraciones. “Se ha incluido en cumplimiento de la normativa autonómica vigente que regula y establece la inclusión del catalán en cualquier tipo de señalización u oferta de servicios para el público. Así, en ningún caso existe otro motivo o razón ajeno al cumplimiento de la legislación vigente”, se defienden en McDonalds sobre la inclusión del catalán en sus embalajes.

Sin embargo, Burger King no lo hace. No se trata de una gota en medio del océano. Según la Plataforma per la Llengua, la Agencia Catalana de Consumo (que sería la entidad encargada de velar por el cumplimiento de las leyes catalanas en esta materia) está siendo demasiada permisiva en la aplicación del Código de Consumo. Porque dicho código establece que cualquier producto que se ponga a la venta al público en Cataluña tienen que estar etiquetado, al menos, en catalán. Y la normativa nacional hace lo propio con el castellano.

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“El castellano está protegido por centenares de normas que imponen este idioma a las empresas”, se lamentó la citada Plataforma en un comunicado en el que también ponía de manifiesto que únicamente cuatro de cada diez productos de marca propia de los supermercados respetaban el etiquetado en catalán.

Dicha desigualdad también quedaba patente, según la ONG, al estar dos de cada cinco productos alimentarios etiquetados en catalán, mientras que en los productos no alimentarios (tal es el caso de higiene o droguería), el porcentaje era de uno de cada tres.

En una Cataluña dividida por la mitad entre nacionalistas y no nacionalistas, la controversia sobre el uso de una lengua u otra siempre estará presente. Y tanto consumidores, como comerciantes o empresarios, se verán envueltos en la polémica.

Burger King y McDonads son dos ejemplos de esta disparidad. Pero hay más. Como Zara. En una de sus tiendas en Barcelona, había rótulos en catalán y en inglés. Una queja hizo que añadieran el castellano. Después, la denuncia vino por parte de la citada Plataforma per la Llengua al no incluir el catalán en las etiquetas de sus productos. ¿Son los embalajes el mejor lugar para hacer política lingüística?

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