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Durante la mayor parte de nuestra historia hemos tenido a nuestros más finos pensadores reflexionando sobre el significado de la vida. Siglos y siglos de cavilaciones sesudas que, sin embargo, no han dado resultado. Curiosamente, la respuesta parece tenerla una voz serena y tranquilizadora que proclama convencida: “Si tu vida sexual funciona, lo demás no importa”.

La solución era bombear la sangre en el sentido contrario. Quién se lo iba a decir a Sócrates o Nietzsche. Aun así, no siempre es posible. Y claro, encontrar el sentido a nuestra existencia y no poder satisfacerlo es un auténtico drama. Pero también es una oportunidad, un negocio millonario del que da buena cuenta el inventor de tal eslogan, Boston Medical Group. Aunque eso sí, ayudada de una buena inyección de ingeniería fiscal y publicidad. Cómo no podía ser de otra manera.

Para el que no lo sepa, Boston Medical es un grupo de clínicas de salud sexual masculina que trata, especialmente, la disfunción eréctil. La realidad es que todo en la compañía es ciertamente extraño. Desde su ámbito geográfico, sus tratamientos beneficiosos (que son abiertamente criticados por los profesionales) pasando por sus cuentas.

Mucha publicidad, pero pocos resultados. De hecho, está situado en las mejores localizaciones de España: desde Velázquez en Madrid al Paseo de Gracia en Barcelona o Don Diego en Bilbao. Aunque si hay algo seguro, es que sus fundadores Allan Hennings, que es presidente, y Daniel Ha y Ramsay Sallis han amasado una auténtica fortuna cumpliendo el sueño de cualquiera: a base de pinchar en los genitales a millones de personas.

Tras más de 20 años de historia, el grupo está presente en Sudamérica (México, Colombia, Perú, Ecuador, Argentina y Brasil) y España. Una elección (no confundir la ele por la erre) que deja al lector con dudas, más que razonables, acerca de su expansión territorial. Aquel que fuera más mal pensado podría indicar que se trata de países con legislaciones laxas en materia de clínicas privadas. Es más, en el territorio español se han sucedido los escándalos en este tipo de firmas, por su baja regulación, como quedó con el caso de iDental.

El grupo nunca ha decidido cruzar los pirineos o atravesar la frontera mexicana hacía Estados Unidos (que ahora con Trump se entiende, pero ¿antes?), aunque sí probó fortuna en Canadá o Australia. Sin mucho éxito, hay que decir. La otra alternativa, más desconcertante, es que solo hayan decidido expandirse por los territorios conquistados por el antiguo Imperio Español. Quizás sea eso, pero que nadie se alarme dado que seguramente venga por un fallo de apreciación y han confundido la frase: España está lleno de prepotentes… por España está lleno de impotentes.

UNA PRÁCTICA POCO RECOMENDADA, PERO MUY EFICAZ

La secuencia que ofrece Boston Medical a sus clientes es sencillo y bien trabajado. En primer lugar, recibe al paciente un enfermero, un hombre, obviamente. No vaya a ser que a más de uno le resucite cierta zona al entrar en contacto con una joven en bata blanca. En ese caso, se pierde un cliente que lo gana el bufete de al lado. Nada, nada. Enfermero y, también, doctor. Ah, por cierto, en la sala de espera ni rastro de ciertas revistas con una temática más bien liberal (y no hablamos de Adam Smith). Obviamente. El negocio hay que cuidarlo para luego poder comprar un yate.

La consulta con el doctor acaba en un pinchazo, donde más duele, que obra el milagro. Hay quien comenta, no se puede decir quién, que ha visto como a más de uno se le llenaban los ojos de lágrimas cuando la cosa se ponía más tensa. Al igual que le ocurre a nuestros deportistas, cuando se iza la bandera por sus logros con el himno nacional como telón de fondo. El problema es que dicho tratamiento no se diferencia en casi nada al de tomarse una pastillita azul, ya que ambas contienen una gran cantidad de Cialis que es básicamente el compuesto del que está hecho la viagra. Bueno, en realidad si hay una diferencia importante: el precio. Así, con los 1.500 euros que cuestan las 90 inyecciones que proporciona Boston Medical, uno podría adquirir hasta 1.270 viagras. Eso sí, con el descuento de comprarlas de 50 en 50. Una cantidad que la mayoría de los mortales no podrán gastar ni en tres vidas.

Aunque nada de esperanzas de curación, si eso espontáneas. De hecho, fuentes médicas aseguran “no es el método que se deba usar si se está tratando médicamente la disfunción eréctil”. La razón, que ofrecen los profesionales, es que dicho fármaco “no lo trata”, simplemente “hace que la sangre vaya allí en un momento puntual, pero no te va a curar la enfermedad”.

MUCHA PUBLICIDAD E INGENIERÍA CONTABLE ES IGUAL A CUENTAS MILLONARIAS

Boston Medical trabaja en España a través de dos compañías. La primera firma que el grupo constituyó en España, Boston Medical Group Spain, hace más de 17 años, ahora hace las veces de matriz. De hecho, su actividad empresarial es la de “Actividades de las sociedades de Holding” y es con la que se articula una ingeniería contable fina para sacar los mayores beneficios a su actividad. En especial, a través de sus ingresos financieros (no de explotación) en los que suma más de siete millones en los últimos tres años.

Una de las claves es que hace de financiadora de la segunda firma, Boston Servicios Médicos, y recibe ingente cantidad de dinero en forma de intereses. De hecho, ésta segunda compañía paga en concepto de gastos financieros más de 300.000 euros al año, que para hacerse una idea de la cantidad es más grande que toda la deuda que mantiene en balance. Obviamente, en términos generales dichos pagos no son deducibles (Artículo 124-1 del Estatuto Tributario), pero si es a corto plazo y para mercancías (todo el gasto proviene de variación de existencias) sí lo es.

El funcionamiento operativo del grupo en España va de maravilla. En 2018, se facturó más de siete millones de euros, el máximo histórico, lo que supone un crecimiento del 55% en apenas cinco años. Los beneficios incluso han crecido más, puesto que desde el 2014 se han disparado un 181%. Además, la firma acumula casi un millón de euros en efectivo en sus cuentas. Por su parte, el único aspecto poco desarrollado es el gasto acumulado de más de 3 millones de euros en concepto de otros gastos, cuyo gran volumen es la publicidad. Al final, juntar una buena propaganda y las esperanzas más básicas de las personas siempre es un negocio al alza.