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Su nombre es Bill Ackman y es uno de los gestores más reconocidos del mundo. De hecho, se le puede encontrar en muchas ocasiones en las cadenas televisivas norteamericanas hablando sobre finanzas. Todo ello, gracias a que es especialmente hábil es una actividad muy apreciada por la gente: ganar dinero, mucho dinero, invirtiendo en Bolsa.

La última proeza de Ackman ya está recorriendo el mundo, después de multiplicar por 100 su última inversión. Y en apenas 15 días, todo ello gracias al coronavirus. Así, el gestor apostó 27 millones de dólares, algo menos de 25 millones de euros, el pasado 3 de marzo a que el mercado de acciones de Estados Unidos se hundía. Una profecía que se cumplió al píe de la letra cuando la principal Bolsa de EEUU, el S&P 500, se precipitó entre ese día y el 23 de marzo, momento que ejecutó la venta, casi un 26%. El resultado es que retiró su apuesta con un saldo ganador de 2.600 millones de dólares, unos 2.360 millones.

La clave del movimiento del gestor empezó en el momento en el que analizó el efecto que había tenido el coronavirus sobre China. Un ejercicio que debían haber realizado muchos Gobiernos. Nunca se creyó las cifras oficiales que aportó China, ni en el número de infectados ni en el número de muertos, y se centró en otros datos más económicos. Uno de ellos, el denominado PMI manufacturero o indicador de actividad industrial. Ackman descubrió que había caído súbitamente, es decir, que obligó a un parón general (no parcial como decía el Gobierno comunista chino) de su economía.

¿CÓMO ARTICULÓ LA OPERACIÓN ACKMAN?

Una vez descubrió que el virus acabaría obligando a parar la economía se centro en las empresas con problemas de deuda. Al fin y al cabo, son éstas las primeras en declararse en bancarrota cuando los ingresos caen con fuerza. Además, antes del coronavirus cotizaban a precios muy bajos, por la gran cantidad de líquidez en el mercado, lo que aumento todavía más su rentabilidad. Así, Ackman intuyó el potente shock económico que se produciría y dirigió su apuesta al eslabón más débil de la cadena: los bonos de las compañías menos solventes, conocidas como high yield.

Una vez todo encajaba, articuló lo que se conoce como credit protection que son opciones derivadas ligadas a la percepción sobre la solvencia de las empresas a la hora de pagar sus deudas. En otras palabras, apostó directamente a que esas compañías tendrían muchos problemas en el corto plazo. ¿Cómo se hace eso? A través de lo que se conoce como seguros contra impagos, Credit Default Swaps, que se utilizan para asegurarse frente a la quiebra de las compañías. El gestor los compró a un precio muy pequeño, había muy poca demanda porque nadie pensaba que habría problema, y una vez que su precio se disparó los vendió.

Así, pudo transformar 27 millones de dólares en más de 2.600 millones. Aunque, él mismo reconoce que no fue todo intuición, también hubo algo de suerte. Puesto que esa posición se abrió con la intención de cubrirse frente a una caída de las acciones de algunas de sus empresas. La explicación es que si el mercado cae, tus títulos valen menos, pero puedes sacar rentabilidad a los CDS que tienes en cartera, con lo que puedes cubrir posiciones. Aún así, fue una ingeniosa táctica que no muchos más gestores siguieron.

UNA DE LAS PERSONALIDADES DE WALL STREET

Alto, guapo, atractivo, filántropo y con un sueldo de infarto. Ackman es una de las personalidades de Wall Street y durante muchos años fue una referencia. Sus arriesgadas inversiones le han granjeado una fama que despegó allá por 2013. Ahora, su nombre luce entre los de los mejores gestores del mundo junto a Kenneth Griffin, de Citadel, Raymond Dalio o David Tepper. Todos ellos, pese a que sus salarios son variables por los objetivos, se embolsan de media más de 1.000 millones de euros al año. Nada mal.

Ackman también es famoso por sus métodos. Por ejemplo, nunca pide el currículum en sus entrevistas de trabajo. Para él, lo más importante es el potencial y son conocidas varias anécdotas suyas de contratar, por mucho dinero, a trabajadores sin estudios que le impresionaron. Es el caso de un guía de pesca al que fichó, tras una excursión por un río.

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