La banca minorista, no importa que seas Banco Santander, BBVA o Bankia, lleva años velando armas ante el desembarco de los temibles GAFA –formada por Google, Apple, Facebook y Amazon-. Sus miles de millones de usuarios, sus gigantescos cofres de guerra o su escala global son un desafío demasiado grande para las firmas financieras. Aunque en realidad no son las entidades las que realmente deben estar asustadas, sino los empleados de las mismas. La banca sobrevivirá al proceso, ya sea sola (porque ha conseguido un tamaño crítico suficiente) o mediante asociaciones con dichas compañías tecnológicas. Por el contrario, no se puede decir lo mismo de los cientos de miles de sus trabajadores, que serán los peores parados en los próximos años.

Siempre con paso aletargado. Como si cada movimiento estuviese acompañado de un largo y profundo bostezo. Eso sí, el retumbar de cada una de sus pisadas levanta tantas miradas como miedos. Hasta ahora, los integrantes del acrónimo GAFA habían hecho incursiones en el sector financiero, Google Pay o Apple Pay llevan muchos años en funcionamiento, pero eran más tímidas en el área bancaria. Aun así, el momento más temido parece que ha empezado a llegar. Apple incorporó en agosto tarjeta de crédito, Amazon ya la tenía desde junio. Facebook sigue desarrollando Libra, aunque ha chocado con el poder político de los Bancos Centrales. La última en dar el salto ha sido Google que ha lanzado cuentas corrientes para 2020.

Pese a esos movimientos, es evidente su lentitud. Las razones pueden ser varias, aunque la más evidente es la poca probabilidad, pese a las especulaciones, de que estén realmente interesadas en ser nuevos bancos. Al menos, como los conocemos hasta ahora. El negocio bancario, en especial el minorista, se ha vuelto tedioso y poco rentable. La mayoría de entidades están abocadas a una rentabilidad mediocre (no alcanzan el 10% sobre fondos propios), lo que implica no ser capaz de remunerar el coste de capital. Un drama para cualquier compañía. Una tragedia para aquellas que, además, son intensivas en capital. Por otro lado, la concesión de créditos se ha convertido en una de las actividades más reguladas del mundo.

En definitiva, el negocio bancario (que atesora baja rentabilidad, mucha regulación y necesita de mucho capital) es la antítesis de todo lo que buscan y representan estos gigantes tecnológicos. Entonces, ¿por qué han decidido moverse en esta dirección? La respuesta es su constante hambre por los datos. Los GAFA no están demasiado interesados en el negocio bancario, prefieren la distribución y comercialización de productos y servicios, pero anhelan los datos con los que operan. Al fin y al cabo, si han sido capaces de montar imperios empresariales nunca vistos a partir de simples patrones de navegación, la posibilidad de acceder a las pautas reales de gasto (más allá de la actividad que realizan en cada plataforma) multiplicaría sus capacidades y su negocio. Sería una nueva revolución para ellos.  

LOS DATOS BANCARIOS ES LA SIGUIENTE GRAN REVOLUCIÓN

La realidad es que cada una de las GAFA quieren conseguir los datos que actualmente posee la banca. Se trata de una prioridad estratégica. Hasta ahora, sus incursiones en el sector financiero siempre han estado relacionado con los pagos, lo cual es un indicativo claro. Pero no han podido sacarle rendimiento. Más allá de sus plataformas, tecnologías como Google Pay o Apple Pay no procesan transacciones, sino que simplemente almacenan todo en un lugar y hacen que los pagos sean más seguros. Así, Apple no recoge datos de los pagos, Facebook y Amazon solo guardan detalles para usarlas en sus aplicaciones. Mientras que Google, que es la única qué si los recopila, tiene acceso vetado por los que realmente generan el pago. Estos son los bancos.

Además, los resultados no han sido tan espectaculares como se podía presagiar. En más de ocho años de historia, Google Pay apenas ha alcanzado 12 millones de usuarios en todo EEUU. En el caso de Apple, solo el 14% de las familias de dicho territorio usan más de dos veces al mes dicha forma de pago. Más curioso es el caso de Amazon Pay, dado que solo lo utiliza un 5% de los usuarios que pagan con Paypal en su propia aplicación. Unos datos que reflejan la poca ambiciosa ofensiva de dichas firmas para entrar en el negocio bancario y que, además, es una señal clara de que en los próximos años su acometida será mucho más intensa.

LOS EMPLEADOS, LOS ÚNICOS REEMPLAZABLES

El hecho de que se produzca una ofensiva mayor en los próximos años no es sinónimo de desapariciones bancarias como tal. Sí de transformaciones. En este punto, todas y cada una de las firmas (salvo casos flagrantes) pueden sentirse parte del juego. Por desgracia, esa capacidad no se extiende para los muchos empleados que hoy en día trabajan en ellos. Un banco puede seguir en pie durante las próximas décadas gracias a adquirir un tamaño crítico con el que hacer frente a la llegada de dichos gigantes. Incluso habrá casos, no serán pocos, en los que las entidades sobrevivan como parte de alianzas con las propias GAFA. Pero no hay manera de que ninguna firma pueda subsistir sin una estructura mucho más flexible. En otras palabras, la supervivencia pasa por incrementar los despidos.

La ecuación para encajar en el futuro del negocio es sencilla: menos personal, más tecnología. De hecho, Google o Facebook son capaces de desarrollar toda su actividad económica en el planeta con algo menos de 100.000 empleados. Los mismos que necesita mantener en nómina Banco Santander, BBVA y Caixabank solo para su negocio en España. Pero la diferencia va más allá, puesto que los cinco bancos españoles en su conjunto suman la misma cantidad de trabajadores que las GAFA, incluida la parte de producción y manufacturas de Apple y Amazon, pero obtuvieron 80.000 millones de euros menos en beneficios en 2018.

A más largo plazo, el gris escenario para los empleados de banca irá a peor. Pese a que cerrar una alianza con cualquier GAFA es sinónimo de supervivencia, con el paso de los años los empleados seguirán cayendo. De hecho, la tecnológica asumirá poco a poco más importancia en el dictado de tarifas, gracias a la explotación de los datos, o en la relación con los clientes. En cambio, la parte de la entidad quedara relegada a la denominada fontanería financiera que es de poco margen y apenas necesita empleados para desarrollarla. En definitiva, los empleados bancarios, más bien sus despidos, es la llave para la supervivencia de las firmas financieras.