Azerbaiyán y Armenia están enfrascados en algo más serio que un simple intercambio de opiniones. El choque militar de ambos países en la región de Nagorno Karabaj es aviso serio para occidente por distintas razones. La primera es que el tipo de armamento pesado utilizado por los ejércitos descarta la escaramuza. Además, que ya se ha cobrado la vida de decenas de personas. La segunda es porque el conflicto ya ha involucrado a Rusia y Turquía, una situación que podría acabar con los turcos contra la pared frente a Europa, lo que supondría un importante peligro para BBVA que mantiene una fuerte inversión en el país.

Así, las tensiones geopolíticas han provocado un desplome en la bolsa griega en los últimos días. En especial, para Garanti Bank, el banco turco propiedad (al 49%) de BBVA, que se ha dejado en apenas un par de sesiones hasta un 5,7%. Un nuevo dolor de cabeza para la firma española, después de un verano muy complicado en el que los problemas económicos del país que arrastraron a lira turca a mínimos históricos y a su vez la valoración de los bancos.

UN CHOQUE HISTÓRICO, PERO DIFERENTE

El enfrentamiento militar en la región no es nada nuevo. De hecho, los combates entre unos y otros han estallado repetidamente desde 1994. En aquel momento, un alto el fuego detuvo una guerra en la que murieron decenas de miles de personas y provocó cerca de un millón de exiliados. La solución no dejo satisfechos ni unos ni a otros. De hecho, la región junto a sus siete distritos circundantes quedaron bajo la custodia de Azerbaiyán, pero la población es mayoritariamente armenia. Un polvorín político que salta cada cierto tiempo.

Pero en esta ocasión todo es diferente. Las escaramuzas de julio, que dejaron un decena de muertos y manifestaciones en la capital de Azerbaiyán, Bakú, han dado paso a combates militares profesionalizados de primer nivel. Los expertos advierten de que el número de tropas en la línea del frente es ampliamente superior a cualquier otro movimiento años atrás. También, se puede divisar armamento pesado, infantería y un despliegue de fuerzas aéreas nunca visto con helicópteros y “masas de drones”, explica Olesya Vartanyan, analista del Cáucaso en Crisis Group a The Economist.

Uno de los problemas principales es que detrás de la envalentonada posición azerbaiyana podría estar Turquía. El país otomano no solo es el aliado regional más importante de Azerbaiyán, sino que ya ha prometido brindarle a su gobierno todo el apoyo que solicite. Aunque en el propio frente, la cosa podría estar peor. De hecho, Armenia ha acusado directamente a los turcos de participar en los combates. Un desafío que de ser cierto obligaría a Rusia a moverse, dado Vladimir Putin refrendó un pacto de defensa con el Gobierno armenio.

TURQUÍA PODRÍA ENFRENTARSE A SANCIONES EN EUROPA

La entrada en combate de una y otra potencia podría suponer un verdadero problema para sus vecinos europeos. Si bien es cierto que Rusia no levanta simpatía en occidente, los acuerdos comerciales (en especial, en materia energética) obligaría a Europa a moverse del lado de los rusos. Además, los últimos movimientos hostiles turcos en aguas griegas, ambos países con una confrontación histórica, podrían acelerar una escalada común para hacer frente a Turquía. Pese a una posible alianza, el desenlace es incierto dada la deriva totalitaria del Gobierno de Recep Tayip Erdogan.

Las aspiraciones bélicas de Turquía no son nuevas. Erdogan amenazó a Grecia, con ello a la propia Unión Europea, mientras maniobra en el enfrentamiento histórico entre Azerbaiyán y Armenia. Demasiados frentes abiertos que junto a la deriva totalitaria del país hacen que el desenlace sea cada vez más oscuro. Una nueva tensión política que tendrá su reflejo sobre la economía y, a su vez, sobre el eslabón principal de ella, los bancos. En definitiva, parece que el calvario de BBVA en Turquía todavía le quedan unos cuantos más capítulos.