Si en algo se le debe dar la razón al Barça es en eso, que además se ha hecho muy notorio, de que ‘La prisión no es la solución’. Por supuesto que no, ya que la solución siempre es ‘las cuentas a pagar’. Una partida contable maravillosa en la que los azulgranas esconden sus múltiples desmadres en materia de traspasos. En especial, cuando quieres fichar y tu situación financiera es tan mala que: la banca no te presta, tus emisiones de deuda se han encarecido y el efectivo del que dispones (que proviene de préstamos) lo necesitas tanto para cuadrar cierta ratio, para que no te echen, como para pagar a la plantilla. En definitiva, la operación Griezmann fue más que “compleja” (que dijo Josep Maria Bartomeu) una oda a la ingeniería financiera.

El primer gran detalle en la operación fue la interminable espera que se sucedió entre el acuerdo con el jugador, seguido por su anuncio, y su ejecución. Aquí los tiempos son muy importantes. El contacto entre ambas partes arrancó en marzo, según se filtró a la prensa, y el pacto se cerró un mes después. De hecho, Griezmann anunció que dejaba el Atlético de Madrid el 14 de mayo. Sin embargo, la confirmación oficial, fecha en la que se firmó el contrato, se demoró exactamente dos largos meses que enfrentaron a los azulgranas, a los madrileños y obligaron al galo a ponerse en rebeldía. Pero, y ¿cuál fue el problema? Sencillamente que el Barça ni podía ni quería pagar la cláusula hasta julio.

La cifra mágica son los 120 millones de la cláusula. Probablemente, en primera instancia apareció el nombre de Coutinho en la mente de los directivos para cuadrar las cuentas del nuevo fichaje. De hecho, su valor de mercado rondaba los 90 millones, según Transfermarkt, por lo que solo necesitaba unos 30 millones extras. Con ello, el 16 de marzo, se debe recordar la importancia de los tiempos, el club emitió dos lotes de bonos, en concreto Senior Notes (que son un tipo de deuda muy segura para los acreedores), por valor de 30 millones cada uno. Con ellos, se aseguraba el efectivo para proceder con el pago tras la hipotética venta del brasileño y para pagar las nóminas en junio.

Entonces, a mediados de marzo el club contaba con el dinero y, probablemente, con el sí del jugador francés. Es más, días antes de la emisión, el 12 de marzo, el Atlético de Madrid cayó eliminado de la Champions League. Solo quedaba una cosa, encontrar comprador a Coutinho por una cantidad cercana a los 90 millones. El problema es que no hubo ningún equipo interesado por dicho precio, sino que las ofertas eran bastante inferiores, lo que termino por complicar, y mucho, la operación.

INGENIERA FINANCIERA FINA

En este punto, hay quien puede preguntarse qué aun así porque no se vendió, la respuesta es que no se podía por tres razones: en primer lugar, vender un jugador por debajo del valor que se debe amortizar (reclasificar un activo) provoca una minusvalía en el resultado del ejercicio por la misma cuantía. Lo anterior, llevaría inexorablemente al club a números rojos. En segundo lugar, dado que los 30 millones extras obtenidos eran indispensables para pagar a los jugadores. Por último, porque en ese momento el Barça ya había pedido al mercado 230 millones de euros y los intereses exigidos por los acreedores se habían disparado un 25% por el deterioro financiero.

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Los ingresos, inflados. El Ebitda, poco real. Las ratios, agarradas con pinzas a la normativa de la Liga para cuadrarlas. La deuda,...

A las pocas noticias que llegaban de la venta del brasileño, se le sumó la eliminación de la Champions. Fueron las horas más tensas para la directiva. El ridículo frente al Liverpool le restó más de 34 millones en ingresos, con los que presumiblemente contaba, que le habrían servido para incrementar el Ebitda por encima de los 200 millones y dar aire a más inversiones apalancadas. De hecho, la directiva del Barça está supeditada a un artículo en sus Estatutos (el 67) que refleja que la deuda neta no puede ser dos veces superior al Ebitda. Éste punto también se volvió vital a partir del desastre en Anfield. De hecho, la deuda neta que presentó a 30 de junio fue de 137 millones -en realidad son 217 millones, pero 80 millones no los cuentan (así lo cuadro yo también) al ser inversiones inmobiliarias- que supone 0,76 veces Ebitda.

Pero lo anterior no es más que un truco. El Barça reduce artificialmente dicha al trasladar pagos al año siguiente, así refleja en sus cuentas que: “A principios del mes de julio de 2019 [esto es, cuando se han cerrado las cuentas] se ha efectuado el pago de las remuneraciones pendientes de pago del personal deportivo más significativas”. En total, suponen 132 millones que si se añaden a los 137 millones de deuda ya suponen 1,5 veces Ebitda. Ahora, si se suman los 120 millones de Griezmann la ratio se iría hasta 2,2 veces, lo que supondría la disolución de la ejecutiva.

LA SOLUCIÓN VERDADERA SON LAS CUENTAS A PAGAR

Lo anterior, explica porque en las cuentas blaugranas aparece lo siguiente: “Con posterioridad al 30 de junio de 2019, el Club ha procedido a realizar el pago de la cláusula de rescisión del contrato laboral de un jugador por importe de 120 millones de euros“. Aunque queda por dilucidar cómo se fraguó la operación finalmente. La propia directiva señaló que se utilizó el recurso del factoring para obtener hasta 85 millones de euros, mientras que los otros 35 millones vinieron de un préstamo. En definitiva, el grueso del fichaje recayó, de nuevo, en la partida de ‘Cuentas a Pagar’ del Barça.

Lo anterior, se ha convertido en el recurso estrella para el Barça. En realidad, lo es para todas las compañías tiesas de tesorería y con problemas financieros. Pero tampoco es una sorpresa, dado que el fichaje de Coutinho también se procedió igual, según señala el club en sus cuentas. Así, dicha partida acumula un montante de 493 millones de euros, casi un 40% de todo el pasivo. Para hacerse una idea de la desorbitada cifra añadir que es 200 millones más alta que su contrapartida en el activo (Cuentas a cobrar) y 260 millones más que la misma cifra en el balance del Real Madrid.