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Las palabras de Luis de Guindos el pasado 20 de julio encendieron las alarmas. El vicepresidente del Banco Central Europeo, afirmaba que “en las próximas semanas y en los próximos meses” se irían produciendo movimientos en el sector bancario. Esta misma semana, insistía en su mensaje.  

Tal y como él mismo explicaba, la crisis del covid-19 ha acelerado todo el proceso y el futuro inmediato de la banca europea pasa por movimientos “tanto a nivel doméstico entre las entidades medianas y pequeñas, como a lo largo y ancho del conjunto de la zona euro con una consolidación transnacional”.

Este jueves, la banca española ha dado los primeros pasos: Bankia y CaixaBank estudian una fusión inminente según confirman las dos entidades a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV).

PRIMEROS PASOS

“Bankia confirma contactos con CaixaBank, con conocimiento y autorización del Consejo de Administración”, explica la primera. La segunda, añade que por el momento “no se ha alcanzado ningún acuerdo”, más allá de la firma de un acuerdo de confidencialidad para intercambiarse información para valorar la operación, en el seno de una due diligence. 

La fusión de CaixaBank y de Bankia, tercera y cuarta entidad por tamaño del sector financiero español, daría origen a un grupo con activos por importe de 650.000 millones de euros, unas 6.600 sucursales (4.400 la entidad de origen catalán y más de 2.200 la entidad nacionalizada) y una plantilla conjunta superior a los 51.000 empleados (casi 35.600 CaixaBank y unos 16.000 Bankia), lo que propiciaría significativas sinergias.

Según los planes puestos sobre la mesa, La Fundación La Caixa controlaría un 30% del grupo resultante de la fusión, mientras que el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), bajaría su peso de casi el 62% actual al 14%.

SALDRÁ ADELANTE SI GENERA VALOR

Después de hacerse público que el consejo de Bankia ha comenzado el estudio de una posible operación corporativa con CaixaBank, Fuentes del Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital, explican que el equipo del FROB está “permanentemente” analizando las condiciones de mercado con el fin de proteger el interés público de la participación en Bankia.

“En el caso de que esas conversaciones y estudios concluyan en una propuesta de acuerdo de fusión, el FROB los analizará con completa objetividad desde la perspectiva de generación de valor y optimización de su capacidad de recuperación de ayudas”, comentan 

El Gobierno “tiene una prioridad en relación con Bankia”: proteger el interés general de los ciudadanos españoles, maximizar el valor de la participación pública y reforzar la estabilidad financiera del país. Estos son los principios que guiarán cualquier decisión en este ámbito.

BANKIA, EN LAS QUINIELAS

La entidad que preside José Ignacio Goirigolzarri siempre ha estado en las quinielas. El Estado inyectó 22.424 millones de euros para rescatar a Bankia durante la anterior crisis económica. El FROB recibió a cambio el 68,3% del capital social del banco. En estos años, las arcas públicas han recuperado parte del dinero invertido en la entidad mediante ventas, colocación de capital o el pago de dividendos. Pero aún ostenta un 61,8%.

No hay fecha límite para devolver todo lo prestado, pero si la para llevar a cabo la privatización del grupo: finales de 2021. Hasta hace cinco meses, el discurso de Goirigolzarri era bastante uniforme. “Mi recomendación ahora es no hacer nada, no aporta valor y hace ruido” comentaba a principio de año, durante la presentación de las cuentas anuales. “El cómo y el cuándo se privatice es decisión del accionista, nosotros tenemos que gestionarlo de forma independiente y profesional.”

En la misma línea, cada vez que era preguntado por una posible fusión respondía que tras Banco Mare Nostrum no se planteaba una operación financiera con ninguna entidad en los próximos años. De este modo, acababa con los rumores que le posicionaban como candidato a fusionarse con otras entidades como Banco Sabadell o incluso BBVA.

EL DISCURSO CAMBIA

Pero desde marzo, tras el estallido de la pandemia y con el precio de la acción cuesta abajo, el discurso cambiaba moderadamente. “El BCE ha tratado de clarificar cuáles serían sus criterios y es posible que esto genere un caldo de cultivo favorable para los próximos meses”, destacaba el consejero delegado de la entidad, José Sevilla hace un mes. 

“En el nuevo contexto, queremos ver nuestra situación de mercado. Haremos los ejercicios correspondientes”, añadía. En medio de estos rumores de fusión o venta, la acción empezaba a remontar en Bolsa, llegando a recuperar un 40% de su valor en los últimos tres meses.

El discurso de CaixaBank estaba bastante alejado de lo que hoy se conoce. “Nuestro camino es el crecimiento orgánico y nos va bien, somos el mayor banco de España en todas las dimensiones” explicaba Gonzalo Gortázar, CEO de la entidad, en la última presentación de resultados. El banco tomó el control de BPI en 2018, antes compró Barclays España, y en los últimos dos años han dedicado los esfuerzos a transformar el negocio, reduciendo un 18% la red de sucursales y la salida de 2.000 personas.

Pese a intentar alejar estos rumores, parece que este jueves se ha abierto la veda para que otras entidades españolas empiecen a hacer lo propio. Los expertos siguen apostando por BBVA-Sabadell, pero también apuntan a que el Banco Santander debería mover ficha.