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Los bancos españoles se encuentran entre los que más invierten de la Unión Europea en Open Banking. En concreto, un 48,3% de las entidades financieras españolas invierte más de 100 millones de euros al año mientras que las de Holanda o Reino Unido invierten un 40% y un 33% respectivamente, según la plataforma Tink1.

Este mismo estudio muestra que el 69% de los presupuestos en banca abierta de las instituciones financieras españolas han aumentado en el último año, lo que indica la transformación interna que están viviendo. Pero también este aumento de inversión ha traído consigo un aumento en los ingresos procedentes de nuevos productos o servicios, un incremento de clientes y ahorros en costes.

A su vez, la aceleración del Open Banking está fomentando las alianzas entre bancos tradicionales y fintech, con lo que se consiguen sinergias positivas para ambos. Pues poder disponer de todos estos datos, permite a los bancos ofrecer productos ajustados a las necesidades de sus clientes. En definitiva, mejora la personalización y el conocimiento del usuario.

ALIANZAS

La tendencia por adoptar este tipo de soluciones está llevando a players ya asentados a fusionarse o adquirir empresas tecnológicas y así incorporar este know-how a sus modelos de negocio.

Por ejemplo, a principios de 2020 Visa compró Plaid, para poder permitir a sus clientes conectar sus cuentas bancarias a través de una app. También Mastercard se hizo con Finicity para fortalecer, precisamente, su estrategia de banca abierta. Tink, por su parte, compró Instantor hace apenas dos meses.

En España contamos con ejemplos de plataformas de Open Banking que han podido sacar ventajas de la aprobación de la normativa PSD2. Una de ellas es Unnax, la plataforma que ofrece soluciones para registrar a nuevos usuarios, además de mover y gestionar dinero de forma digital y automatizada gracias a su API. Otra plataforma de referencia es Belvo, sobre todo en Latinoamérica, sirve para conectar las cuentas de clientes en una app.

EL DEBATE DE LA PRIVACIDAD

Sin embargo, el Open Banking ha abierto el debate sobre la privacidad de los clientes, aunque lo cierto es que la información privada pertenece a los propios clientes bancarios, no a las entidades. Además, para que una entidad pueda hacer uso de esos datos, antes debe contar con el consentimiento previo del usuario.

Paralelamente, se ha desarrollado recientemente un marco normativo que regula el funcionamiento de este ecosistema. España incorporó la Directiva Europea de Servicios de Pago (PSD2) a finales de 2018 y entró en vigor en 2019. Esta ley obliga a las entidades bancarias y a proveedores de dinero electrónico a compartir sus datos transaccionales y de pago con terceros.

Europa es una de las pocas regiones del mundo que ya tiene una regulación en vigor, junto a Australia o India. El resto está en trámites de aprobación o emplean otros mecanismos de control.

¿OPORTUNIDAD O AMENAZA?

Pero todo este desarrollo tecnológico no tendría sentido si no conllevase cuestiones positivas. Para los clientes, el Open Banking representa un abanico de oportunidades, pues tienen acceso a un número mayor de productos, de una forma más sencilla y accesible, con menores costes y, también, de una forma más personalizada porque la entidad financiera ya sabe sus necesidades.

Además, el cliente tiene a golpe de clic toda su información bancaria. Pues la tecnología ha permitido que los usuarios tengan a su disposición las aplicaciones de sus entidades bancarias, con las que pueden gestionar sus cuentas, hacer previsiones de gasto o acceder a productos financieros, todo desde el teléfono móvil. Y a su vez, las entidades financieras también encuentran beneficios, tanto en el uso de infraestructuras como en las APIs, desde donde consiguen que todo sea mucho más rápido y eficaz.

En este sentido, el cofundador de ID Finance, Alexander Dunaev, señala que “la banca abierta pondrá fin a la fragmentación de la información financiera y permitirá a los clientes tomar el control de sus datos”.

PRINCIPALES RETOS

Pese a que todo puedan parecer ventajas, también hay retos. El principal tiene que ver con la seguridad y la percepción de los clientes sobre la defensa de su privacidad. El quién protege toda esa información es una pregunta que todavía no tiene una respuesta bien definida.

Principalmente, porque todavía existe una disparidad entre lo que quieren los usuarios con respecto a los datos y a lo que están dispuestos a ceder. Otro reto del futuro será consolidar el crecimiento esperado en el sector. Para 2024 y según Statista, se calcula que el 81,5% de los europeos opere con su móvil. Esto generará una inmensa cantidad de datos.

Las entidades tendrán que ser capaces de almacenar y gestionar toda esta información para que sea algo útil para sus clientes.  En esta línea, uno de los retos pendientes es que las entidades financieras cuenten de aquí a un tiempo con sus propias APIs que favorezca una interoperabilidad total.