Banco Sabadell arrancó el 2019 con muchas dudas. Aunque, principalmente sobresalían dos: un capital regulatorio de máxima solvencia (el denominado Cet1 Fully Loaded) entre los más bajos del sector. Por otro, una insuficiencia crónica para generar un crecimiento sostenido de ingresos. La solución intermedia era desinvertir en ciertos activos (para generar recursos), pero maximizando su valor (para generar más ingresos). Por ello, se puso a la venta la gestora de la entidad, Sabadell Asset Management, pero unos meses más tarde se paró de golpe. Una decisión nefasta del equipo liderado por el presidente, Josep Oliu, que terminó malvendiendo la misma y con la acción perforando mínimos históricos.

Las cifras y los acontecimientos que han seguido en los últimos años hasta la venta de Sabadell Asset Management muestran el daño perpetrado por el equipo directivo. En un entorno de tipos de negativos, con los volúmenes crediticios prácticamente planos y una regulación asfixiante cualquier oasis del que rascar dinero es una bendición para la banca. Por ello, las entidades pusieron el foco con fuerza tanto en reforzar sus gestoras, como BBVA o Caixabank, como en potenciar sus aseguradoras, como Bankia o Banco Santander. Al final, ambas actividades junto al crecimiento de las tasas a cobrar han proporcionado el maná necesario para salvar la cara en la parte alta de su cuenta de resultados.

La firma catalana no se quedó atrás. La nueva estrategia perpetrada por la Banco Sabadell le permitió un crecimiento explosivo entre 2012 y 2018. También, de la cuota de mercado y de los beneficios obtenidos. Pero, todo se complicó hace un par de años. Los múltiples problemas que arrastraba el banco, dejaron atrás a su comercializadora de fondos. Primero se vio obligada a buscar un socio, lo que propició una caída en el volumen del patrimonio gestionado, al pasar de 16.423 millones hasta los 15.930 millones, que no ocurría desde 2011. También perdió 10 puntos básicos en cuanto a cuota de mercado. Aun así, logró mejorar los beneficios un 11,9%, desde los 33,5 millones a los 37,5 millones.

EL CARTEL DE VENTA HUNDIÓ EL NEGOCIO DE LA GESTORA DEL SABADELL

Pero, los problemas presionaban al banco. Las necesidades de capital obligaban a vender activos y los malos datos de 2018 llevaron a Oliu a poner el cartel de se vende a la misma. Un globo sonda, dado que no se ejecutó hasta un año después, que se mostró como mortal. Así, mientras aparecían las primeras filtraciones a la banca en los primeros meses del año, Sabadell Asset Management registró unos reembolsos netos en sus fondos cercanos a los 350 millones. Una cantidad que le colocó como la segunda con mayores pérdidas en el primer trimestre, solo por detrás de Caixabank cuyo volumen gestionado era mucho mayor.

El problema fue que la operación no se cerró y todo quedó en el aire. Y así siguió un tiempo. Hasta que, a mediados de año, Oliu ordena que se paralice la venta. Las razones eran dos: por un lado, la incertidumbre estaba haciendo mella en la evolución del negocio de la gestora. Una situación que provocaba una pérdida de ingresos para el banco y, a su vez, del valor de la misma para ponerla en el mercado. Por otro lado, la directiva entendió que la filial británica, TSB, volvería a ser un lastre y el negocio en España avanzaba mucho más despacio (el euríbor marcó mínimos a mediados). Un contexto que hacía imprescindibles los 65 millones en forma de comisiones netas que sumaba la gestión de fondos.

Los resultados, obviamente, fueron decepcionantes después del baile de decisiones. En concreto, la cuota de mercado se desplomó en 40 puntos básicos, hasta el 5,8%, desde el 6,2% de un año antes, hasta la cifra más baja desde el 2014. Con ello, los beneficios de Sabadell Asset Management reportó al grupo en 2019 se hundieron a los 34 millones desde los 37,5 millones de un año antes, lo que supuso un 9,3% menos.

MENORES BENEFICIOS SUPONE UN MENOR VALOR DE VENTA

La historia no acaba ahí, ya que una vez cerrado el año Oliu dio ya luz verde para ejecutar la venta. La única decisión de posponerla era que computasen sus ingresos en el 2019. La operación se cerró con Amundi en enero por un valor de 430 millones de euros. Una cantidad que tiene dos grandes asteriscos: por un lado, no es una cifra cerrada. El banco ha informado que le puede reportar hasta 24 millones más en función de objetivos. También señala, aunque con mucho menos énfasis que 58 millones, del total, están en el aire y sujetos a “determinadas garantías vigentes”.

En definitiva, que el pago real de la operación finalmente puede ser simplemente de unos 372 millones. Una cantidad muy por debajo de los 600 millones que se llegó a insinuar. Ese es el segundo gran asterisco. Y, es que, aun tomando como excesiva la cifra anterior, la caída del beneficio y la cuota de mercado de la gestora propició una menor valoración. De hecho, para estos movimientos PER, que no son más que las veces que esta contenido el beneficio en un precio. Por lo tanto, si tomamos un multiplicador que se mueve entre las 10 y las 12 veces, que es lo normal según apuntan fuentes financieras, la pérdida podría ser de 50 millones como mínimo.

ADIÓS A UN MANÁ IMPORTANTE DE INGRESOS

La venta supone perder unos ingresos en forma de comisiones de unos 70 millones por año. También, el de un activo que hasta el 2019 había crecido mucho hasta ser una pata importante del banco. Así, la primera transformación comienza en 2013, después de uno de los peores años para la banca española, con un incremento tanto en captación como inorgánico con la incorporación de Banco Gallego y la banca minorista de Lloyds. En dicho año, el volumen de patrimonio gestionado creció un 43%. En el siguiente periodo, se disparó un 56,5% y en 2016 lo hizo un 7,8%, dado que no hubo incorporaciones empresariales.

El explosivo crecimiento en el volumen de activos gestionados por parte de la gestora de la entidad del Vallés vino seguido, obviamente, por un rápido incremento en la cuota de mercado. Así, entre 2012 y 2016, pasó del 3,6% al 6%, lo que supone una mejora del 66%. Esos serían los años dorados. Aun así, en 2017, pegó un nuevo acelerón hasta los 16.423 millones de euros gestionado, el 6,3% de clientes del total del país. Esa sería la última gran alegría de dicho negocio para Oliu. Ahora, Banco Sabadell deberá remar sin mucho margen y en mínimos históricos ¿momento crítico para una fusión?

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