A la crisis sanitaria le seguirá una económica. Una, además, que podría ser muy profunda. Así, una de las palabras que parece que más se utilizará en los siguientes años es la de quiebra. Una situación que perturba a la banca, especialmente a la española. Al fin y al cabo, la concatenación de impagos puede tensar muchos balances que ahora parecen sólidos. Por ello, las entidades nacionales no han parado tanto de preguntar como de sugerir al BCE para poder actuar en un escenario así. Principalmente, de cara a absorber a esas firmas en peligro de quiebra.

Pese a que ahora parece una posibilidad lejana, un escenario de quiebras bancarias es demasiado real. “En julio, los bancos ya fueron avisados de que debían prepararse para un incremento significativo de los préstamos dudosos [NPL, por sus siglas en ingles]”, advirtió hace no mucho el presidente del Consejo de Supervisión del Banco Central Europeo (BCE), Andrea Enria. Una advertencia que acabó en profecía: “Algunos de ellos tendrán dificultades temporales pero es más probable que sobrevivan a la crisis, mientras que otros no están en tan buena forma y no saldrán de esta“.

Ante el temor de que la pesadilla de hace una década se repita, aunque sea imposible en la misma escala, la banca española ha preferido ser cauta y ha lanzado distintas misivas al BCE para intentar dar con la tecla adecuada. Así, a través de la Asociación Bancaria Española las entidades nacionales emitieron más de una decena de consultas y comentarios, entre julio y octubre, aprovechando que el organismo había lanzado una consulta pública para canalizar su enfoque de cara a supervisar la consolidación en el sector.

EL BCE DENIEGA LAS SUGERENCIAS DE LOS BANCOS ESPAÑOLES

De esas cuestiones y sugerencias, la gran mayoría estaban limitadas a como proceder ante una entidad en resolución. Así, la AEB pidió al supervisor “aclaraciones sobre lo que sucede en el caso de que un banco se encuentre bajo resolución”. Y, por otro lado, propuso al BCE un “régimen especial para los casos en que se adquiere una entidad en quiebra” o que dicha operación de absorción no se tenga en cuenta a la hora de evaluar a dicha entidad, la compradora, en los test de estrés de que realizarán próximamente.

Por último, la AEB también aludió a agilizar “la autorización de venta” y, a su vez, implementar “un proceso específico de vía rápida para la evaluación (…) cuando los posibles miembros de la junta ya hayan pasado por ese proceso antes”. Curiosamente, ninguna de la práctica totalidad de sugerencias lanzadas por las entidades nacionales han sido aceptadas por el BCE. De hecho, en muchas de ellas se hace referencia a que las cuestiones excedían el papel de la guía en cuestión, ya que las entidades en resolución se tramitan a través del Mecanismo Único de Resolución, MUR, como ya ocurrió con el Banco Popular.

Una repuesta que, por ejemplo, también se dio ante la cuestión de una mayor laxitud en los test de estrés para aquellas firmas involucradas. Una señal inequívoca de que no habrá atajos en la compra de firmas en quiebra. Un enfoque de rigidez que también demuestra el supervisor cuando responde a la AEB que “la evaluación de idoneidad se lleva a cabo en un momento dado y pueden surgir nuevos hechos o problemas que tengan un impacto en ella, posteriormente. Por lo tanto, el BCE realizará una nueva evaluación de adecuación y adecuación basada en una nueva solicitud”.

LAS ENTIDADES FUSIONADAS PODRÁN REPARTIR DIVIDENDOS SEGÚN QUÉ CASOS

Curiosamente, también, en una de las pocas cuestiones que el regulador ha decidido aceptar y añadir una recomendación de la banca española, ésta ha sido acompañada por otros organismos. Así, la AEB junto a la Asociación austríaca, Credit Suise y la Asociación de Mercados Financieros de Europa preguntaron conjuntamente sobre la distribución de dividendos en caso de los badwill, una plusvalía de capital generado por la compra de un banco muy por debajo de su precio en libros. A lo que el BCE señala que “ha aclarado esa situación en los párrafos 32,33 y 34” y que la distribución de los beneficios se estudiará “caso a caso”.

Pese a la negativa a responder en muchas cuestiones, especialmente las relacionadas con entidades en resolución, el BCE ha sentado las bases con la Guía para potenciar el proceso de fusiones en los próximos meses. Entre las medidas que el supervisor ha tomado se encuentran su disposición a facilitar los proyectos de consolidación sostenibles comprometiéndose a exigir menos capital. A su vez, permite el uso de los llamados Badwill como capital y, por último, aceptará el uso temporal de los modelos internos existentes. Aunque eso sí, sujetos a un sólido plan de implementación.