Imagen banca española.

A la gran banca española se le acumulan los problemas. A la contracción del activo, el estancamiento de su principal cuenta de ingresos o la morosidad, se le añade un problema de capitalización. Por primera vez, las entidades españolas son las que menos capital de máxima seguridad atesora en su balance de toda Europa.

El capital de máxima seguridad, denominado Common Equity Tier 1 o CET1, es el encargado de garantizar la solvencia de una entidad. En su conjunto está formado por los activos con la mayor capacidad para absorber pérdidas. Existen distintos tipos de capital dentro de una entidad que se diferencian por el tipo de activos que lo conforman. El CET1 está formado a su vez por dos componentes: el ‘Phased in’ que incorpora aquello que el regulador considera obligatorio en cada momento. Junto al ‘Fully Loaded’ que incorpora todas las exigencias del regulador de cara a 2019, aunque de momento es todavía una referencia.

La media de capital de máxima seguridad de los bancos españoles fue del 13,1%, frente al 17,1% de media del resto de entidades europeas

En 2017, la media de capital de máxima seguridad de los bancos españoles fue del 13,1%, frente al 17,1% de media del resto de entidades europeas. Con ello, España cae el farolillo rojo en Europa en este apartado, vital para el negocio bancario. La pérdida de puestos del sector español en comparación con la de otros países europeos ha sido imparable en los últimos años. Aunque nunca ha estado en una situación cómoda, en 2017 ha alcanzado una posición preocupante.

La situación es más complicada de lo que podría parecer en un principio, puesto que los países que estaban por detrás de España han tenido que rescatar a su sistema financiero, en mayor o menor medida. En 2014, las firmas bancarias españolas ocupaban el quinto puesto por la cola. En 2014 y 2015, cayó una posición y tenía por detrás suya a Portugal, Italia y Austria. En 2016, ya solo quedaban por detrás Portugal e Italia, ambos países tuvieron que acometer rescates bancarios. Ya en 2017, Italia y Portugal presentan un porcentaje del 14%, mientras que en España sólo es del 13,1%.

Además, el problema va más allá puesto que cada año la diferencia entre la capitalización de la banca española y la media europea se aleja más. Así, en 2008 apenas existía una diferencia de 0,5 puntos, del 8,6% de la media europea al 8,1% que registraba España. En 2012, el año del rescate bancario, el diferencial alcanzó los 2,5 puntos desde el 12,3 medio del viejo continente al 9,8% español. Finalmente, en 2017 alcanzó el mayor valor diferencial entre ambos, alcanzo los 4 puntos básicos, uno de los diferenciales más altos entre cualquier país y la media del resto de siempre.

El porcentaje de capital ponderado frente a sus activos de riesgo es una de las medidas claves en el negocio bancario, ya que mide la salud financiera de las entidades. Es por ello, que se le da mucha importancia en los mercados. Los bancos pueden quebrar por dos situaciones distintas: la primera, es por falta de liquidez. Un claro ejemplo es el caso de Banco Popular, las reiteradas noticias de su posible quiebra multiplicaron las salidas de capitales dejando al banco sin recursos para devolver recursos a sus clientes, como el propio BCE certificó en su resumen forense. La segunda, es por ser insolvente. Esto es, que sus pasivos superen a sus activos. Esta última forma, que se vio por ejemplo en el caso de Bankia, es mucho más peligrosa que la anterior.

CAPITAL BANCARIO, QUIEBRAS Y RESCATES

La ratio de capital es el elemento más directamente relacionado con una posible quiebra o rescate de todo el balance que presenta un banco. Un banco insolvente por definición, como se ha explicado arriba, es aquel en el que sus activos son más pequeños que su pasivo. ¿Cuándo puede ocurrir esto? La respuesta es en tiempos de crisis, cuando la morosidad es muy alta y el capital destinado a cubrir dichos agujeros no es suficiente.

El negocio bancario es sencillo, compra dinero y lo vende y se apunta un diferencial. El dinero vendido es su activo, que le genera intereses, y el que mantiene en su balance su pasivo. Hasta ahí todo fácil, el problema es que existe un porcentaje de ellos que no se devuelven, dicho porcentaje se conoce como morosidad. El siguiente paso vuelve a ser sencillo, si el dinero prestado es todo su activo –simplificando mucho– y hay una parte que no se devuelve, al final el activo será más pequeño. Para hacer frente a dicho agujero, el banco mantiene un colchón. El problema es que si el agujero es muy grande, más que el capital que mantiene el banco para ello, la entidad no puede devolver todo el dinero y cae en quiebra. Lo anterior lleva necesariamente a que necesitará una inyección de capital –es decir, un rescate–.

Bankinter
Sede del Banco Central Europeo en Frankfurt. Foto: Hannelore Foerster/Bloomberg

Por tanto, a menor capital más probabilidad de caer en la quiebra cuando sube la morosidad. Lo anterior lleva a preguntarse, si los bancos españoles tienen menos capital serán más propensos a la quiebra. La respuesta es sí, pero con precaución. El dato que da el BCE es una media y la posibilidad de quiebra viene medida por cada entidad. Aún así, si se miden los CDS bancarios, instrumentos de cobertura contra un ‘default’ o quiebra, los bancos españoles salen mal parados. Entre los 12 spreads más altos de los grandes bancos europeos que se pagan, a mayor pago más probabilidad de quebrar, están Banco Sabadell, BBVA, Bankia y Caixabank más alejado de ellos queda Banco Santander.

EXIGENCIAS REGULATORIAS A LA BANCA

Con todo lo anterior, podría decirse que lo que deberían buscar las entidades es tener un mayor capital para evitarse problemas. No es del todo cierto, debido a que mantener una mayor ratio de capital significa que la entidad gana menos dinero y especialmente, es menos rentable. Por un lado, gana menos dinero ya que puede prestar menos, su multiplicador del préstamo es más pequeño. Al final, menos prestamos genera menos intereses y estos son menos beneficios. Por otro lado, el principal indicador para descubrir si una entidad es rentable o no, es el coeficiente entre beneficios y fondos propios. El efecto de mantener mayor capital, mayores fondos propios mayor denominador, es bastante claro en esta ratio. Además, que la banca española de por sí ya tiene un problema de rentabilidad grande, pese a que tiene un denominador más pequeño.

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Para equilibrar lo anterior los reguladores han actuado, obligando a las entidades a mantener niveles altos de capital. La regulación en esta materia, entre otras, recibe el nombre de Basilea. En diciembre de 2019 entrará la tercera fase, tras el fracaso de las dos primeras. La original solo tenía una regla sencilla, los activos no pueden superar en 12,5 veces el capital, o de otra forma, el capital no podía ser inferior al 8%. Además, establecía una muy pobre ponderación de riesgo por activos que hizo saltar por los aires el sistema: la deuda soberana sin riesgo (crisis del euro), los activos interbancarios un quinto (crisis financiera de 2008) y préstamos hipotecarios la mitad (crisis subprime y burbuja inmobiliaria).

El éxito –irónico– de Basilea I, tuvo problemas en cada uno de sus activos, desemboco en Basilea II. La nueva versión complicó el ajuste por activo, además de introducir la denominada IRB (Internal Rating Bassed Approach) con ello se le asignó a cada crédito un rating, y según dicha categoría tenía una ponderación. La realidad, es que de nuevo no fue suficiente. En cuanto a los activos, numerador del cociente, no reflejaba con fidelidad la capacidad de absorber pérdidas de la entidad. En el caso del denominador, la captación de riesgos era mínima. Al final, la solución a tales problemas –con rescates mediante– ha sido implantar una Basilea III.

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