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Cuando se trata de poner en marcha un negocio son muchos los que prefieren emprender como autónomo en lugar de hacerlo como sociedad mercantil. La principal razón para hacerlo así es que darse de alta como autónomo es un proceso sencillo y rápido, mientras que constituir una sociedad lleva algo más de tiempo y además implica desembolsar un capital inicial mínimo que suele rondar los 3.000 euros.

Para muchos el paso de autónomo a sociedad (limitada, anónima, cooperativa, etc.) es un paso natural cuando el proyecto a bien. Si el negocio está siendo un éxito y va creciendo, en muchos casos se opta por constituir entonces una persona jurídica para operar en el mercado con esta forma.

No obstante, hay autónomos que están totalmente satisfechos con el régimen jurídico que tienen al actual como tales y no quieren constituir una sociedad por muy bien que les vaya.

Y así ha sido más o menos hasta ahora, pero la crisis económica que se ha derivado de la pandemia de Covid-19 ha traído consigo cambios en la forma de actuar que podríamos considerar típica de los autónomos. Porque muchos de ellos han decidido dejar de operar como personas físicas en el mercado y pasar a hacerlo como personas jurídicas a través de una entidad mercantil.

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¿Por qué se escoge ahora más la sociedad mercantil?

La constitución de una entidad mercantil lleva más tiempo, y además supone tener que pasar a tributar por el Impuesto de Sociedades. Pero junto a estos inconvenientes también se obtienen una serie de ventajas, la más importante de ellas es la limitación de la responsabilidad.

En el caso de los autónomos la responsabilidad de estos profesionales frente a las deudas que hayan adquirido a raíz de su actividad es ilimitada. Esto quiere decir que responden con todos los bienes de su patrimonio. Es más, si el autónomo está casado y no ha escogido el régimen de separación de bienes, podría tener que responder de sus deudas incluso con los bienes de su pareja.

Sin embargo, en el caso de la sociedad mercantil la responsabilidad está limitada. Quien responde de las obligaciones contraídas en el ejercicio de la actividad profesional es la propia sociedad, y lo hace únicamente con su patrimonio. Así, los bienes privativos de las personas físicas que están al frente de esa entidad quedan totalmente protegidos.

La crisis económica actual está haciendo que los ingresos de profesionales y empresas se estén viendo reducidos drásticamente, a la vez que la morosidad va en aumento.

Cualquier autónomo tiene ahora más posibilidades de acabar teniendo deudas que no podrá pagar que hace un año, de ahí que muchos de ellos se estén protegiendo dejando de actuar en el mercado como personas físicas y pasando a estar al frente de una sociedad mercantil.

Para los autónomos el coronavirus y todo lo que ha derivado de él ha supuesto un golpe muy importante para su economía, y temen ahora más que nunca por la seguridad de su patrimonio.

Por eso el número de profesionales que deciden limitar su responsabilidad es cada vez mayor, tal y como se desprende de los datos que ha hecho públicos recientemente el Instituto Nacional de Estadística (INE). El pasado mes de septiembre se crearon en España cerca de 6.600 sociedades mercantiles de diferente tipo, lo que supone un incremento del 14% con respecto a las cifras del mismo período de 2019.

¿Qué forma jurídica es la más elegida?

Los autónomos que deciden dejar de serlo para operar a través de una sociedad mercantil tienen varias opciones, pero lo más común es escoger entre Sociedad Limitada o Sociedad Anónima.

En ambos casos la responsabilidad queda limitada al patrimonio de la empresa, la principal diferencia es el capital inicial que hay que aportar. Mientras que para poner en marcha una Sociedad Limitada basta con 3.000 euros de capital inicial, en el caso de la Sociedad Anónima la cifra sube hasta los 60.000 euros. De ahí que la mayor parte de los profesionales decidan pasar de autónomo a Sociedad Limitada o a la versión simplificada de Sociedad Limitada Unipersonal.

Existe también la posibilidad de pasar a ser autónomo societario. En este caso el profesional sigue dado de alta en el RETA y a la vez se convierte en administrador de una sociedad mercantil. El problema en este caso es que el autónomo sigue estando bajo un régimen de responsabilidad ilimitada.

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¿Qué cambia al dejar de ser autónomo y trabajar a través de una sociedad mercantil?

El cambio más importante que notan en primer lugar los profesionales es la limitación de la responsabilidad frente a las deudas. En un momento como el actual, esto es especialmente importante, porque saber que sus bienes personales están a salvo le da al profesional una mayor seguridad, lo que le puede ayudar a reflotar su negocio.

Pero también hay que tener en cuenta que hay cambios en cuanto a fiscalidad. Los ingresos de la actividad profesional ya no se declaran a través del IRPF, sino que la entidad mercantil debe presentar el Impuesto de Sociedades, que tiene tipos impositivos más altos.

Por otro lado, trabajar bajo la modalidad de persona jurídica tiene también efectos con respecto a los clientes. Una entidad mercantil siempre transmite la sensación de ser una estructura más completa y más formal, lo que puede ayudar a ganar clientela.

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¿Cuánto cuesta pasar de ser autónomo a ser una entidad mercantil?

Lo primero que hay que asumir es el desembolso del capital social inicial, que debe depositarse en una cuenta corriente a nombre de la entidad que se va a crear. Serán 3.000 o 60.000 euros en función del tipo de sociedad que se haya elegido. No obstante, solo se pide que este dinero esté desembolsado en el momento de la constitución, por lo que luego el propietario puede retirarlo y hacer uso del mismo.

No obstante, es importante tener en cuenta que la responsabilidad de la entidad se limita a su capital social. Tanto si este son 3.000 como si son 60.000 euros, es importante tenerlos siempre más o menos disponibles para poder hacer frente a posibles responsabilidades.

Además del capital social inicial hay que hacer trámites notariales, lo que puede tener un coste de unos 700 euros.