coches precio

El pasado mes de junio, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, explicaba orgulloso el ‘Plan de Impulso a la Automoción’ que tanto se le había pedido para contrarrestar los devastadores efectos del covid-19. “Se trata de hacer lo que haga falta”, señaló Sánchez. Pocos se imaginaban que esa novedosa hoja de ruta que debía apoyar una actividad económica que emplea indirectamente a dos millones de españoles (según los datos de Moncloa) no sería más que un copia y pega del presentado un año antes. Un calco salvo por una leve subida presupuestaria que se cargará en la cuenta de Bruselas, según los planes remitidos por Moncloa.

La estructura inicial, el chasis, es el llamado Plan Estratégico de Apoyo Integral al Sector de Automoción presentado en marzo de 2019. Una versión que tras algo de chapa y pintura ha pasado a ser el nuevo Plan de Impulso de la Cadena de Valor de la Industria de la Automoción. De hecho, en la hoja de ruta presentada un año atrás se especificaba que el plan “se desarrolla sobre cinco ejes fundamentales”. Curiosamente, si se quiere mirar así, en el de 2020 se explica también que “se articula en torno a cinco grandes medidas”.

Obviamente, las cinco medidas son calcadas. Si tomamos el primero como referencia y acudimos al segundo se puede comprobar: cómo la idea de “renovar el parque de vehículos” es la mismo que decir que se dará “un apoyo para una mayor penetración de vehículos de cero y bajas emisiones”. Al igual que ocurre con las similitudes entre “fiscalidad para impulsar la competitividad” y la “fiscalidad asociada al sector de la automoción”; también ambos contienen “inversiones” en el sector y un último apartado sobre “formación”. En definitiva, los mismos pilares pese a vivir situaciones tan diferentes.

APENAS SE INCREMENTA EL PRESUPUESTO PESE A LAS AYUDAS DE EUROPA

Quizás la mayor diferencia entre ambos es que en el segundo plan aparecen en incontables ocasiones términos como movilidad, sostenible o electromovilidad. En concreto, el término movilidad aparece 18 veces en el plan de 2019 por 61 en el de 2020. Ese aumento radical en el uso de estos términos no es aleatoria, sino que responde a un criterio básico: poder acogerse al llamado plan de recuperación europeo “Next Generation EU” dotado con 750.000 millones. De hecho, éste programa europeo exige condiciones como “construir una Europa más sostenible, resiliente y justa”.

Así, la palabra sostenible aparece hasta tres veces más en el documento de 2020. Aun así, el Gobierno apenas ha aumentado el presupuesto para el nuevo plan pese a que la situación ha empeorado con fuerza. En concreto, la parte central de la hoja de ruta planeada por el Ejecutivo de coalición está formada por un grueso de 2.650 millones destinados a la cadena de valor. Si se acude a las cifras del documento de 2019, se puede observar como el núcleo de las ayudas se cifran en 2.634 millones. Como se puede comprobar, prácticamente ambas coinciden.

Incluso, la coincidencia llega para el desembolso a corto plazo en ayudas directas para la compra de vehículos. Si el año pasado se estimó un impacto cercano a los 515 millones, entre 2019 y 2020, el nuevo plan contiene un gasto de 550 millones. Dentro de esta cantidad estarían los planes de renovación de flota, los de impulso a la movilidad y una pequeña trampa para utilizar como gasto propio el superávit de los ayuntamientos. En concreto, el documento hace referencia a que se “habilita el uso parcial del superávit de las Entidades Locales” por valor de 100 millones.

EL PROYECTO MENOS AMBICIOSO EN EUROPA

En cuanto al resto de la (pequeña) diferencia entre uno y otro, son 2.630 millones frente a 3.750 millones (eso sí, con trampas como la de los ayuntamientos) hay que acudir a los apartados específicos que pide Bruselas. Y que pagará Bruselas. En concreto, se dotó con 415 millones a la investigación, desarrollo e innovación, con el impulso de la digitalización y soluciones innovadoras. Curiosamente, la digitalización apenas tiene presencia en este plan, cuando en el anterior se decía que era la clave del cambio.

Para formación la cantidad asciende a unos 95 millones en el documento de 2020, una cifra que se puede imaginar similar a la de hace un año. Aunque no se sabe porque no estaba desglosada entonces. En definitiva, las palabras de Sánchez (en nombre del Gobierno) sobre que se haría “lo que hiciera falta” se han quedado en poco más que fachada. Una especialidad, parece, en el Ejecutivo de PSOE y Podemos.

Aunque quizás lo más triste ya no es solo que se haya hecho poco más que un copia y pega o apenas se hayan incrementado las ayudas, pese a todo el dinero que debería venir de Europa. Lo peor es que el volumen y las medidas se quedan muy cortas respecto al resto de grandes países del viejo continente como Alemania, Francia o incluso Italia. Al final, parece que en lo de ser los peores (en muertes, en infectados, en caída de la economía, paro o ahora en las ayudas a un sector clave) no hay quien nos gane.