Muchos inversores han tenido siempre un miedo increíble de que llegue una nueva recesión en los mercados. Se trata de un temor que llega después de haber vivido una experiencia absolutamente negativa en la última gran crisis, en la que en muchos casos redujeron el patrimonio de sus carteras entre un 30% o un 40%, como poco. De ahí a que la prudencia ahora sea la principal estrategia.

Los expertos en gestión de activos mantienen el mismo tono desde que se decidieran por diversificar en mayor medida. Y es que las enseñanzas de la última gran recesión financiera han quedado escritas a fuego en la mayoría de las gestoras de fondos de inversión. Principalmente, porque los clientes son ahora más exigentes y desean disminuir el nivel de riesgo que tienen sus carteras.

En este sentido, la asignación de activos es una de las decisiones de inversión más importantes durante el proceso de inversión. Por eso resulta crucial determinar cuál es la mejor combinación de activos de renta fija y renta variable y cómo debería ir evolucionando con el tiempo el porcentaje. Sin embargo, si sólo ponemos el foco en la diversificación podemos pasar por alto un aspecto importante: no todos los activos de renta variable son iguales.

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Los distintos tipos de activos presentan diferentes características de riesgo y rentabilidad que pueden contribuir a contrarrestar los riesgos a los que se van enfrentando los inversores. Estos podrán obtener mejores resultados si aprenden a sacar partido de estas características, en lugar de invertir en todo el espectro de renta variable e ir aumentando gradualmente la exposición a la renta fija.

Sunder Ramkumar, gestor de Capital Group, apunta que es posible que la filosofía de diferentes tipos de renta variable para inversores con características distintas “haya pasado de moda, pero antecede en al menos 50 años a conceptos fundamentales como la teoría moderna de carteras o el modelo de valoración de activos financieros”. Por eso, añade, que merece la pena “volver a revisarla”.

EL CAMBIO DE LA VISIÓN DEL RIESGO

Un método que se puede desarrollar, aunque existen otras formas de seccionar el mercado (por rendimiento, por capitalización de mercado, por valoración), tal y como considera Ramkumar, la beta, que mide la sensibilidad de un activo al riesgo inherente al mercado de renta variable, “constituye una forma relativamente sencilla de distinguir entre compañías defensivas y de crecimiento”.

Siguiendo este mismo argumento, si tenemos en cuenta los datos históricos de los últimos cincuenta años vemos que los títulos con una beta más elevada presentaron un mayor riesgo y volatilidad que los de beta más reducida, pero “al mismo tiempo ofrecieron una mayor rentabilidad”. Esto no debería ser de extrañar, para el experto. No obstante, si nos replanteamos la forma en la que medimos la volatilidad, “conseguimos una nueva y atractiva perspectiva”.

Aquí es donde entra en juego la ventaja de caer menos. Para aquellos inversores con un horizonte de inversión a más corto plazo, como los que se acercan a su jubilación, los activos defensivos de renta variable con una beta más reducida han registrado “una rentabilidad más elevada en periodos de tensión de los mercados”.

Esta es la razón por la que, cuando los inversores se acercan a su jubilación, optan por estrategias de renta variable orientadas a la generación de rentas. Estas estrategias han ofrecido un perfil más conservador que contribuye a reducir el riesgo de pérdidas, y al mismo tiempo mantienen una exposición importante a la renta variable, que ofrece una mayor rentabilidad a largo plazo que la renta fija, describe el gestor de Capital Group.

Si enfrentamos los grupos de beta con sus ratios de captura bajista (que miden el grado de exposición a las caídas del mercado), encontramos una importante distinción. Las medidas tradicionales de riesgos ponderan de igual modo las ganancias y las pérdidas, pero a veces las pérdidas pesan más.

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En resumidas cuentas, los activos con beta reducida demostraron menos pérdidas y más ganancias de lo que se esperaba. Frente a la inversión en todo el mercado de renta variable, la cartera más defensiva (grupo 1, beta reducida) ha ofrecido casi la misma rentabilidad media con menos del 40% de riesgo de captura bajista. La incorporación a la cartera de títulos de renta fija podría haber reducido las pérdidas, pero también habría ofrecido una rentabilidad media muy inferior.

Así las cosas, el objetivo es lograr un equilibrio entre la elección de una estrategia de cobertura a corto plazo que ofrezca algo de defensa frente a una desaceleración del mercado y sin que cueste demasiado si el mercado alcista continúa. Dados los repuntes de los mercados este año, tiene sentido que muchos inversores compren instrumentos para ofrecer algo de refugio a sus carteras en caso de que los mercados cambien en los próximos meses. Eso proporcionaría un seguro para las ganancias de los dos primeros meses de este año.

Por encima de todo, cualquier herramienta diseñada para proteger una cartera de una recesión debe ser rentable. Las estrategias de cobertura simple pueden ser útiles aquí, especialmente si se implementan a través de la compra de opciones de venta (put), ofreciendo a los inversores una forma de seguro contra una caída en un mercado o activo.