La salida a bolsa de la que fue durante décadas la empresa más grande del mundo, Saudí Aramco, permitió por primera vez husmear en su interior. Ahora, cerca de ocho meses después podemos bucear todavía más dentro del Goliat empresarial. Su poder es imponente, con cifras todavía irreales, y sus deseos hacen temblar la tierra y sacuden al mercado. Pero, las cuentas también muestran (cada vez más visible) a un titán atormentado cuyo reinado hace tiempo comenzó a tambalearse.

Los resultados semestrales presentados hace días por la compañía así lo atestiguan. En ellas, se comprueba que su poder sobre el mercado energético escapa de toda lógica. Sin ir más lejos, su golpe de autoridad ante Rusia le llevó a bombear más de 12,1 millones de barriles de petróleo al día en lo que ha sido una hazaña sin precedentes. Aunque, el viejo titán debe pagar por sus excesos. De hecho, Aramco reportó una caída de los beneficios del 73% por dicho alarde. Asimismo, los analistas alertan que cada mandoble que asesta al precio del petróleo para imponer su ley le cuesta muy caro: por cada dólar que baja pierde 1.500 millones de efectivo.

Aun así, la petrolera se apuntó ganancias por valor de 6.800 millones de dólares. Una proeza si se compara con quienes deben ser sus pares: Royal Dutch Shell y BP perdieron 18.100 millones y 16.800 millones, respectivamente. Las cuentas de Aramco también reflejaron que su “resistencia al ciclo”, como dice ella misma, es muy fuerte. Al fin y al cabo, se trata de la compañía capaz de producir petróleo de manera más rentable de la tierra. En concreto, el límite está en los 1,8 dólares por barril.

EL INMENSO PODER DE ARAMCO TODAVÍA ES INCOMPARABLE

Pero no solo es la más rentable a la hora de extraer petróleo, sino que también es la segunda que menos deuda posee por detrás de Chevron. De hecho, su volumen de deuda neta sobre el capital apenas asciende al 20,1%, lo que se sitúa muy por debajo del sector: Petrobras (61,3%), Rosneft (40,3%), BP (37,9%), Royal Dutch Shell (32,4%), Total (28,6%) o ExxonMobil (23,3%). Una singularidad que le permite ser la más rentable del sector con un retorno sobre el capital del 19,6%, con una diferencia abismal respecto a la segunda (Petrobras) con un 8,9% y tercera (Rosnef) que presenta un 7,8%.

Todo ello, permite a la petrolera saudí a no quebrantar su promesa de pagar una suculenta cantidad de dividendos. Aunque para ello se tenga que endeudar más. Una política suicida, si se mantiene en el largo plazo, pero que la ha permitido mantenerse estable en Bolsa mientras que el resto se hundía. Además, que si alguna compañía puede hacer eso, pedir prestado para pagar dividendos, esa es Aramco. Sin ir más lejos, la última cifra de facturación de la compañía alcanzó los 110.000 millones, lo que supone más del doble que Apple o más que sus cinco competidores más grandes juntos.

Aunque su diferencia de poder frente al resto va mucho más allá. No solo ingresó más que sus cinco mayores competidores, sino que ganó también más. Además, también supera con creces a la unión de todos ellos en reservas probadas. En concreto, la oferta pública desveló que la cifra oficial se acercaba a los 250.000 millones de barriles. Los cuáles puede extraer a menor coste que ninguna de las otras. Por último, cuenta con un bonus track y, es que, a medida que el sector está en retirada, Aramco será capaz de ganar aun más cuota de mercado sin necesidad de otra guerra de precios.

EL PETRÓLEO, TAMBIÉN SE HA CONVERTIDO EN UN TORMENTO

Pese a que su gestión está alejada de cualquier comparación con una empresa pública, el poder de la monarquía y del Estado saudita sobre ella es total. Las cifras de producción de Aramco no obedecen a los dictámenes económicos de la empresa, sino más bien buscan equilibrar la economía saudita. De hecho, el presidente de la compañía, Yasir Al-Rumayyan, también es el jefe de las finanzas públicas de la región. Y, no hace falta decir, que ambas llevan ya muchos años sin casar bien.

Sin ir muy lejos, la vida de privilegios, regalos, dádivas y rentas aseguradas que disfrutaban los sauditas necesitaban de un barril a 80 dólares, algo que difícilmente volveremos a ver. Porque no hay que perder de vista que las perspectivas del petróleo siguen siendo inciertas a medida que el mundo cambia a toda velocidad. El problema de construir un estado en torno al petróleo, como ocurre en la obra de Tolkien con el anillo de poder, es que cuando éste se destruye todo se viene abajo.

El petróleo representó casi el 70% de los ingresos del Gobierno y cerca del 80% de las exportaciones, por lo que una caída fuerte de la demanda haría colapsar la economía. Aunque no solo es eso, incluso la supervivencia misma de los ciudadanos depende del petróleo. De hecho, el clima árido de la región requiere del uso de plantas desalinizadoras para obtener agua que consumen mucha energía, la cuál obviamente proviene del crudo. En definitiva, el tormento del titán puede englobar mucho más sufrimiento que un simple quiebra empresarial en una décadas.