Telefónica

El presidente de Telefónica, José María Álvarez-Pallete, recibe el Premio Merca2 como mejor directivo del año. Se trata de un galardón que reconoce la capacidad que ha tenido el máximo responsable de la compañía para focalizar el rumbo de la teleco hacia un mundo lleno de cambios y con la misión de humanizar la tecnología.

En una sociedad tan competitiva, y donde todos los años son el año decisivo, Pallete ha sabido posicionar a Telefónica de tal manera durante el último año que la compañía está preparada para tener la mayor exigencia tanto en el ámbito de las telecomunicaciones, donde la empresa tiene su ser y ADN; así como en la innovación tecnológica, punto indispensable para seguir creciendo.

José María Álvarez-Pallete llegó al máximo cargo en la compañía a finales de marzo de 2016. Hasta entonces, estuvo 17 años con varios cargos de responsabilidad. En julio de 2002 fue nombrado presidente ejecutivo de Telefónica Internacional; en julio de 2006, director general de Telefónica Latinoamérica; y en marzo de 2009, presidente de Telefónica Latinoamérica. En septiembre de 2011, pasó a ocupar el cargo de presidente Ejecutivo de Telefónica Europa. En septiembre de 2012 Pallete se convirtió en el consejero delegado de Telefónica, este nombramiento demostró entonces la confianza depositada por Alierta en este directivo.

Su trayectoria en Telefónica ha sido una carrera de fondo -algo de lo que entiende Álvarez-Pallete como buen corredor de maratones- que le ha llevado a avanzar hasta la presidencia de la compañía.

PALLETE TIENE LAS COSAS CLARAS

Con todos esos años a las espaldas, y habiendo visto de primera mano los cambios, José María Álvarez-Pallete sabe que las telecos se encuentran en medio de una nueva revolución. Primero porque se trata de un servicio básico para la sociedad, y como tal, la gente reclama las máximas prestaciones.

Y segundo, la gente quiere algo más, una componente de ocio que Telefónica lleva años trabajando para dar solución a esa faceta. La televisión, así como los servicios asociados a la conectividad, son dos vías que debe saber explotar la compañía. Y Pallete no quiere perder el reto.

El presidente explicaba recientemente que “al tiempo de acelerar nuestra transformación, redefiniéramos nuestra misión: “Hacer nuestro mundo más humano, conectando la vida de las personas”. Enunciada así, nuestra misión puede sonar tan amplia como ambiciosa; y lo es. Pero se comprende aún mejor cuando se explica dentro del contexto de la revolución digital que está transformando la economía, la sociedad y nuestras vidas. Telefónica tiene el empeño de asegurar que las personas y las sociedades puedan beneficiarse de esta revolución y no se vean arrollados por ella ni se queden atrás”.

EL CAMINO DE TELEFÓNICA

El problema para conseguir esa humanización de la tecnología es que antes hay que pasar por fases menos agradables. Y esas también se ha atrevido Pallete a afrontarlas de cara. Confiesa y argumenta que “sinceramente, no ha sido sencillo impulsar la transformación de Telefónica y cumplir, además, con estos objetivos empresariales. Hemos tenido que llevar a cabo esta transformación en medio de un entorno poco propicio, cuando no adverso, en el que confluían distintos factores: de un lado, turbulencias en mercados importantes de Latinoamérica y en Reino Unido; de otro lado, el recelo de los mercados hacia nuestro sector; por último, la atmósfera bursátil negativa del Ibex”.

Aunque al final el objetivo está marcada en letras bien claras. Se trata de convertirse en una empresa tecnológica: “Somos ya una compañía tecnológica que está en el corazón de la revolución digital que estamos viviendo, porque el motor de esa revolución es la conectividad que ofrecemos a nuestros clientes. Una conectividad inteligente sobre nuevas redes de alta velocidad, flexibles, seguras y avanzadas que integran elementos de inteligencia artificial”.

Bajo estas premisas afronta José María Álvarez-Pallete todos los retos al frente de Telefónica. Y no son pocos. Básicamente por el triple tirabuzón que se ha impuesto. Debe invertir y ser una teleco; pelear con las grandes empresas tecnológicas; y en mitad de todo eso humanizar los conceptos del progreso.