Alsa

La irrupción de empresas sustentadas bajo el modelo de economía colaborativa en el sector del transporte ha puesto en pie de guerra a todos los operadores. Luchar contra compañías como Blablacar u otras plataformas como Cabify y Uber es una constante. Aunque algunas empresas como Alsa, que exigen en público las mismas reglas de juego para todas, por detrás replican un modelo colaborativo para sacar tajada del mismo y batallar contra el taxi.

Este jueves, en un encuentro en Esade, el presidente de Alsa, Jorge Cosmen, reclamó las “mismas reglas del juego” para todo tipo de operadores y “que los que figuran como mediadores sean catalogados como prestadores de servicio”, en clara alusión a Blablacar. De hecho, llegó a decir que supone un “entorno competitivo adverso por el impacto del empleo” ya que no pueden competir solo en precio con empresas que no están reguladas.

Un discurso que en la práctica se contradice con lo que está haciendo realmente Alsa. Desde hace un año, la empresa cuenta con un servicio de coche premiun con chófer conocido como Alsacab que cuesta 6,9 euros en Madrid y 3 euros en Santander. Este combina dos modelos. Por un lado, el de Cabify o Uber al ofrecer un transporte con chófer con precio cerrado y, por otro, el de Blablacar, al ser un viaje compartido con otros usuarios.

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Curiosa forma de defender en público una mayor regulación frente a estas empresas para después tratar de aprovecharse de un modelo que está dando de lleno contra las empresas más tradicionales. No obstante, la empresa de autobuses no ha querido ofrecer a MERCA2 cifras sobre el uso de este servicio. Eso sí, Cosmen admite que estas nuevas fórmulas permiten un “aprendizaje” sobre lo que los viajeros demandan actualmente.

Pero inmiscuirse en otros asuntos que no son suyos ha hecho que Alsa entre en guerra con el sector del taxi. Fedetaxi ya denunció este modelo. “El servicio supone compartir un coche con venta de billete por plazas para hacer la última milla al autobús de una línea de transporte de viajeros. La venta por plaza en vehículos de menos de nueve pasajeros está prohibida a nivel estatal y también en la Comunidad de Madrid”, alegaron desde la federación.

Y a través de alianzas, Alsa también ha entrado en el negocio de las motos eléctricas compartidas. En este caso, ofrece 30 minutos gratis a los usuarios que se descarguen la app de Ioscoot, una empresa que ofrece motos para compartir en Madrid y Barcelona.

CON Y CONTRA BLABLACAR

El gran parecido de Alsacab con Blablacar no se esconde y se ve en condiciones como esta: “al ser un trayecto compartido, y por la comodidad de todos, solo se permite llevar un bulto como máximo por persona”, según los requisitos de este servicio que, de momento, solo se presta en Madrid y Santander.

Y aquí la siguiente contradicción, esta vez con su propio sector. En febrero de 2017, el Juzgado de lo Mercantil número 2 de Madrid hizo pública una sentencia con la que respaldaba la actividad de Blablacar, tras una denuncia de la patronal de autobuses Confebús. Este dictamen absolvía a la plataforma para compartir coche de las acusaciones de competencia desleal presentadas por la patronal del autobús. Al no haber regulación, el juez no puede prohibir su servicio.

Pero la cuestión no acaba aquí. Confebus ha contratacado con un nuevo recurso contra Blablacar al considerar que ejerce una actividad “ilegal” y supone una competencia desleal para las empresas de autobús.

DEL DOMINIO DEL AUTOBÚS A OTROS MERCADOS

Alsa se describe como una empresa de movilidad –que desde 2005 pertenece al grupo británico Nacional Expresscuya principal actividad es la de transportar pasajeros en autobús en líneas urbanas e interurbanas. Con más de 3.000 autobuses el año pasado transportó a 333,7 millones de pasajeros y facturó 754,7 millones de euros. Alsa opera la gran mayoría de las rutas a nivel nacional desde hace muchos años porque muchas de ellas no se han abierto a la competencia por parte del Gobierno.

Aun así, la ligera apertura del sector con una alta competencia hace que hasta el propio Cosmen dude de esta pata del negocio. “Podemos desaparecer de la noche a la mañana”, aseguró. Por eso, desde hace años las líneas de actuación de Alsa pasan por diversificar su negocio. Ahora entra en un modelo sin regulación y muy criticado, como es el de la economía colaborativa. Pero primero fueron otros, como el ferrocarril.

Recientemente, en febrero la compañía recibió de la Agencia Estatal de Seguridad Ferroviaria (AESF) la homologación como centro de formación de personal ferroviario, que se suma a las licencias que ya tenía para operar servicios de tren tanto de pasajeros como de mercancías. Por ejemplo, el tren turístico de El Escorial es operado por esta.

Además, desde hace tiempo está en las quinielas de las empresas que intentarán entrar a competir con Renfe en España tras liberalización del transporte ferroviario de viajeros en la Unión Europea (UE). Aunque sabe que será difícil competir en este sector con operadoras públicas como Renfe o Sncf.

También participó en la gestión de la línea 1 del Metro Ligero de Madrid, gestiona el funicular de Bulnes (Asturias) y, en los años 90, cuando Iberia era una compañía pública, Alsa estuvo a punto de entrar en su consejo de administración.

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