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Imagen de una promoción de viviendas en construcción.

Si atendemos a la superficie transaccionada el descenso es todavía mayor. En el periodo se vendieron 5,04 millones de metros cuadrados que representan una caída interanual del 42,2%. En número de operaciones, se traduce en 3.638 compraventas de solares en el segundo trimestre, un 37,5% menos que un año antes.

Los datos pudieran ser una alerta para el mercado inmobiliario que da signos de ralentización en los últimos meses, aunque lejos de la caída que suponen las transacciones de suelo entre los meses de abril y junio.

La caída interanual de operaciones es la segunda mayor de la serie estadística. En los últimos 15 años, hay que remontarse al segundo trimestre de 2008 para encontrar un desplome mayor. En superficie y valor de las transacciones, también hay que remontarse aproximadamente una década para encontrar porcentajes negativos superiores.

El mal comportamiento del mercado del suelo entre abril y junio lastra también la evolución en lo que va de año. Hasta marzo, la superficie de suelo comprada ya registraba descensos, pero su valor económico había subido. La debacle del segundo trimestre deja ambos indicadores en rojo en la primera parte del año. De enero a junio el valor de las compras de solares cae un 17,9% y los metros cuadrados transaccionados lo hacen un 35%.

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El suelo es un factor fundamental para la construcción de viviendas, por lo que sus cifras dan pistas sobre la futura marcha del mercado.

Lo único que resistió en el segundo trimestre es el precio, que había empezado 2019 cayendo y entre abril y junio se apreció un 0,9% interanual. Como media para toda España, los suelos urbanos se pagaron a 268,8 euros por metro cuadrado. Pero obviamente se dan grandes diferencias entre provincias, en función del peso que tienen sus capitales y otras ciudades importantes.

Así, Madrid es la provincia más cara con 315,7 euros por metro cuadrado, un precio que sube a 463 euros por metro cuadrado si se tienen solo en cuenta los municipios de más de 50.000 habitantes. La segunda más cara en la clasificación general es Bizkaia (286 euros por metro cuadrado), aunque si se cuentan solo los precios de las localidades más grandes ese puesto lo ocupa Barcelona con 424,7 euros por metro cuadrado.

Todo este escenario ha comenzado a alarmar a las promotoras y a los futuros compradores de viviendas que han visto como el presupuesto para adquirir una casa ha disminuido en los últimos años. En este sentido, el cliente de reposición ha comenzado a agotarse y son ahora los millenials los que intentan introducirse en el mercado con salarios y ahorros muy inferiores. Los futuros compradores de vivienda buscan casas que oscilen entre los 150.000 euros y los 300.000 euros -más cerca a la primera cifra-.

Esta conclusión es la que han llegado SIMA y Sociedad de Tasación en su último informe que desgrana el perfil del futuro comprador de vivienda que pasó por la pasada Feria Inmobiliaria de Madrid. En este estudio se arroja una conclusión muy clara y evidente: el trasvase entre las diferentes franjas de presupuestos analizadas por los dos agentes parece haber tocado techo.

Especialmente relevante es es que los encuestados con un presupuesto por encima e los 300.000 euros rompen con la tendencia alcista de los últimos años. Por primer vez desde 2016, su porcentaje registra una ligera caída de 1,8 puntos; situación que contrasta en todo caso con el incremento medio de algo más de tres puntos porcentuales en el trienio de 3016-2018.

150.000 EUROS COMO TOPE PARA COMPRAR UNA VIVIENDA

Algo similar puede decirse del grupo de compradores con el presupuesto más modesto -hasta 150.000 euros-, que prolongan la tendencia descendente iniciada en 2015, pero a un ritmo sensiblemente menor, de sólo dos décimas frente a los dos puntos de media en los años anteriores. Este descenso menos acentuado se explica con el cambio de perfil del comprador -de reposición al millenial-.

El término medio -es decir, los presupuestos de entre 150.000 euros y los 300.000 euros- es el que más mejoras con respecto al año pasado, aunque es un aumento muy discreto (1,1 puntos). De nuevo, este dato se explica en como el cliente que cambia de vivienda a una mejora está comenzando a agotarse y como el joven con sueldo mileurista entra poco a poco con esfuerzo -en casi todos los casos con ayuda familiar o con el apoyo del salario de su pareja-.