Airbus

Airbus enfila lo que puede ser una de las mayores reestructuraciones de empleo de Europa. La compañía europea ha confirmado que está trabajando en un plan de choque que le permita apuntalar su subsistencia en los próximos años. Además, lo está haciendo mientras los mensajes de la directiva, junto al del resto del sector turístico, se vuelven más sombríos sobre una recuperación tardía. En concreto, el propio consejero delegado del fabricante, Guilleume Faury, ha reconocido que la producción no volvería a la normalidad hasta el 2025. Un augurio que retrasa dos años la recuperación, respecto de las previsiones de los analistas.

Hasta ahora, la firma aeronáutica había salvado la cara gracias a que tuvo un comienzo de año, en forma de pedidos, excepcionalmente fuerte. Pero, los efectos de la crisis ya se han vuelto visibles. De hecho, Airbus no recibió ni un solo pedido en mayo, frente a los 9 que sí recibió Boeing. Un hecho que ha obligado a elaborar un plan de contención del que conoceremos el primer esbozo a lo largo de los próximos días. Aunque no será hasta finales de julio, cuando se traslade oficialmente la propuesta firme de reestructuración.

Una hoja de ruta que se sostendría, según los analistas, bajo las siguientes premisas: reducir gastos, conservar efectivo y enfocarse, principalmente, en mantener baja la cancelación de pedidos. Un plan en el que la producción, como puede verse, no está incluida directamente. La razón es que es imposible mantener la misma, o reducirla demasiado poco, y no sufrir tensiones financieras en forma de un abultado inventario. Por ello, las cifras que manejan los bancos de inversión son que el recorte supondría entre 14.000 y 20.000 salidas.

AIRBUS SE CENTRARÁ EN REDUCIR AL MÍNIMO LAS CANCELACIONES

La cifra anterior se sostiene sobre dos variables que en las últimas semanas se han vuelto más sombrías. En primer lugar, la producción estará directamente relacionada con la capacidad de Airbus de persuadir a sus clientes de no cancelar los pedidos realizados meses atrás. Dado que la demanda de aviones será raquítica en los próximos meses, mantener el mayor número de unidades en cartera agregará efectivo. De hecho, el pasado 5 de junio el propio Faury advirtió de que no le temblaría el pulso para presentar las demandas necesarias contra las aerolíneas que no cumplan sus acuerdos con Airbus.

Por el momento, Airbus mantiene hasta 299 unidades acumuladas netas en su cartera, todas ellas provienen de pedidos en los primeros meses del año. Una cifra que se espera se reduzca próximamente, aunque también es cierto que consiguió mantenerla en mayo. Así, en dicho mes la compañía no recibió ningún encargo, pero tampoco tuvo que tramitar cancelaciones. Un hecho que dio algo de oxígeno, tras los problemas en marzo y abril. Al contrario, por ejemplo, que Boeing que si bien vendió la producción de nueve aeronaves también registró 18 bajas, por lo que el saldo es negativo.

En segundo lugar, y más problemática, es la fecha que baraja la compañía para recuperar el volumen de producción que mantenía antes de la pandemia. En unas palabras para el diario alemán Die Welt, Faury alertó de que “durante los próximos dos años, 2020 y 2021, asumimos que la producción y las entregas serán un 40% más bajas de lo planeado”. Un escenario difícil, pero que ya estaba contemplado. Aunque, no ocurre lo mismo con el año que se recupere el empleo en el fabricante, al retrasarse dos años y pasar de 2023 a 2025.

CAMBIO DE PARADIGMA

Un par de meses atrás, JPMorgan estimaba que la demanda “perderá cuatro años” y que “no recuperaría el nivel de 2019 hasta 2023. Las previsiones de Cowen, un banco de inversión inglés especializado en el sector, alertaba de que las entregas caerían entre un 40% y un 50% en los próximos cuatro o cinco años. Ahora, el propio Faury señala, en su entrevista al medio germano, que no espera que la producción vuelva a la normalidad hasta 2025.

Un colapso que ya no solo puede explicarse, dado el espacio temporal, por las restricciones de movimientos, la debilidad financiera de las aerolíneas o la recesión económica, sino que apunta a un pequeño cambio de paradigma en el turismo. En este sentido, se ha manifestado Brian Chesky, consejero delegado de Airbnb, al avisar de que “los viajes nunca volverán a ser como eran antes”. Una sombría profecía que, sin embargo, tiene su sentido.

Para Chesky, el turismo en los próximos años será de cercanía. La tónica general será la de limitar en gran medida los viajes a lugares a poca distancia a la que accederán, principalmente, en automóvil. La apuesta por la proximidad es un problema importante para firmas como Airbus o Boeing que han apostado por aeronaves más caras, pero muy eficientes en el gasto de carburantes. Así, las joyas de la corona de la industria como el A320, ideal para viajes largos, sufrirán todavía más.

Hasta el punto, de que Bloomberg alerta ya de que el fabricante europeo necesitará reducir la tasa actual de 40 A320 al mes que tiene actualmente. En definitiva, el cambio puede ser mucho más profundo que una simple crisis económica. Un hecho que hace inútil el recurso de los Gobiernos a los ERTEs, no sirven a seis años vista, y que apunta a recortes drásticos de empleo. El ejemplo de Airbus podría ser el primer golpe de realidad serio de lo que podría venir próximamente, porque “los vuelos volverán” (explica Chesky) pero parece que cada vez tardarán más en hacerlo.  

Comentarios de Facebook