Los tiempos cambian y las modas con ellos. Además, cada vez lo hacen más rápido. Así, lo que antes era atractivo ahora no lo es, y las empresas que no son capaces de ajustarse terminan muriendo. Hace una década, mientras el mundo se hundía, el término economía colaborativa comenzó a usarse cómo término que explicaría el futuro. Una ola, similar a lo que ha ocurrido con el vocablo blockchain, a la que se sumaron muchas empresas, aunque dos de ellas llevaron claramente la delantera: Uber y Airbnb. Ahora, la primera se ha estrellado en Bolsa y la segunda prepara su debut en el parqué renegando de dicha expresión y de sus orígenes.

Brian Chesky, uno de los fundadores y actual CEO de la firma, está inmerso en el road show, entrevistas con firmas de inversión que deben valorar la empresa para su salida a Bolsa, que le está llevando por todo Estados Unidos. El neoyorkino ha trabajado este momento desde que se oficializó que 2020 sería el año del debut de Airbnb en el parqué. Pese a ello, sigue existiendo un término que es capaz de tensarle más que el botón de su camisa (es un reconocido culturista): la economía colaborativa. Resulta que el mandamás de la compañía ahora se afana por dejar claro a los analistas que la actual, y la futura, estructura de negocios de la compañía ya no tiene nada que ver con la primigenia Airbed and Breakfast.

Así, cuando a lo largo de una entrevista un ejecutivo le pregunta por la seguridad que ofrece o las cámaras ocultas, lo despacha limpiamente haciendo referencia a su plataforma Airbnb Plus, que poseen un nivel más alto de verificación. También es capaz de convertir una preocupación por la entrada de un nuevo competidor, por ejemplo, el servicio que está lanzando el gigante hotelero Marriot llamado ‘Homes & Villas’ en un respaldo de su modelo de negocio. Es más, todavía le queda soltura para responder que la compañía está permitiendo que los hoteles enumeren habitaciones en su web. También sus respuestas están orientadas a enterrar el término economía colaborativa: “No somos Uber (tampoco WeWork) o Lyft”, replica. Chesky no deja nada al azar y donde aparece un problema, él lo presenta como una oportunidad.

En verdad, la estrategia de Chesky parece la más sensata a estas alturas por dos razones principalmente: por un lado, a ninguna de las grandes empresas nacidas del patrón economía colaborativa le parece ir demasiado bien en la actualidad. Uber ha perdido en bolsa entre un 30% y un 40% en los pocos meses que lleva cotizando, en el caso de Lyft el desplome es del 50% y WeWork se ha visto obligada a cancelar su debut y ahora está en duda hasta su viabilidad inmediata. Los analistas ya no se creen que dicho vocablo sea sinónimo del bíblico ‘multiplicar el pan y los peces’. Por otro lado, el directivo lleva razón en que la nueva Airbnb que se está conformando no solo es totalmente distinta, por todo lo que ofrecerá, a lo que era antes, sino también a las compañías anteriores.

LA NUEVA AIRBNB SERÁ LA MAYOR OPERADORA TURÍSTICA DEL MUNDO

Desde que, en 2009, a Chesky junto a junto a sus amigos Joe Gebbia y Nate Blecharczyk se les ocurriese montar una plataforma para alquilar camas de repuesto en las ciudades durante las conferencias, sus líneas de negocio se han multiplicado. Desde entonces, se han reservado más de 500 millones de estancias a través de su plataforma, que ahora ofrece más de 7 millones de propiedades (incluyendo 4,900 castillos y 2,400 casas en árboles) en más de 100,000 ciudades. Cada noche, alrededor de 2 millones de personas en todo el mundo se alojan en un Airbnb.

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Aunque la evolución ha sido por tramos bien diferenciados. Mientras que la vasta red de propiedades las fue adquiriendo en los primeros años de su desarrollo, en los últimos se ha centrado en abrir nuevas oportunidades de negocios. Así, ya lanzó en 2016 Airbnb Experiences que vincula a los huéspedes con población local que proporcionan visitadas guiadas o talleres. También cuenta con Airbnb Adventures con la que organiza viajes hasta para 12 personas a lugares exóticos. El reciente lanzamiento Animal Experiences que está radicada en el turismo desde un punto de vista del interés por la fauna de cierto lugar e interactuar con ella. Incluso la versión Premium que proporciona Airbnb Plus o Airbnb Luxe (dónde se pueden encontrar los casi 5.000 castillos que aparecen en su web).

En definitiva, Airbnb está llevando su negocio muchos más lejos del simple alojamiento para convertirse en un operador turístico a nivel global. Además, en uno centrado en la experiencia del consumidor, donde tiene una ventaja amplia frente a cualquier competidor gracias a los datos recopilados. Por ello, de cara a los próximos movimientos tiene la intención de asociarse con las aerolíneas, de hecho, la firma ha contratado a Fred Reid, director ejecutivo y fundador de Virgin America. Al final, su gran apuesta es desbancar o al menos convertirse en la gran alternativa a Booking, pero con una línea de productos y una cartera de posibilidades mucho más grande.

AIRBNB VS UBER (O WEWORK): LA NOCHE Y EL DÍA

Mientras que Uber entró en escena como el hermano revoltoso de la ‘familia colaborativa‘, un niño terrible que predicaba el caos, Airbnb lo hizo como la hermana tranquila. El primero abogaba por llegar a todos los rincones en los que desembarcaba sin miramientos. Un ejemplo es la reciente pelea con el sector del taxi. Por su parte, la compañía fundada por Chesky evocaba una historia de encanto en la que los turistas podían intercambiar el frío impersonal de los hoteles por viviendas con cierto atractivo que le aportan sus inquilinos.

Airbnb está llevando su negocio muchos más lejos del simple alojamiento para convertirse en un operador turístico a nivel global

Pese a ello, la ofensiva del CEO frente a los analistas es hacerles ver que su modelo de negocio es totalmente diferente a su semejante. Y en realidad, no le falta razón. Quizás la más significativa es que Airbnb ya es rentable, lo lleva siendo un par de años, mientras que Uber (o Lyft, Cabify o WeWork) ni lo son, ni lo van a ser en el corto plazo. Asimismo, las posibilidades de las anteriores se reducen a un punto geográfico en una zona concreta, mientras que en la primera se puede hacer de manera global elevando el efecto red. Al final, se involucran muchos más mercados.

También es importante la reacción frente a las distintas regulaciones. Si bien es cierto que cada una debe hacer frente a distintos retos que, además, son un riesgo importante al desarrollo de su negocio, también es verdad que mientras Airbnb siempre se ha mostrado conciliadora, Uber las ha enfrentado. Hasta el punto, de que el propio Chesky saca pecho frente a los potenciales inversores para explicar el historial de la compañía de llegar a compromisos con las ciudades para hacer cumplir las reglas de alquiler a corto plazo y recaudar impuestos. Por último, Uber, Lyft o Cabify, no así Airbnb, se enfrentan al riesgo cuasi mortal de tener que contratar a sus riders por imperativo legal.

En definitiva, Airbnb es ya una bestia diferente, pero su proceso de mutación no ha hecho más que empezar.