El imparable envejecimiento de la población española (gracias a que la esperanza de vida es de las más altas y la natalidad se encuentra en mínimos) es insuperable. Bueno, eso hasta que uno se adentra en las densas cuentas de Adif, dónde aparece tantas veces la palabra subvención que al acabarlas crees que te ha tocado alguna, entonces es necesario precisar: el imparable envejecimiento de los trabajadores de Adif es (ya sí) insuperable.

El Administrador de Infraestructuras Ferroviarias español (Adif), que depende del Ministerio de Fomento, presenta uno de los desgloses de empleados por edad más únicos de la fauna empresarial española, que se podría decir de Europa o del mundo (pero que ponte tú a buscar entre los millones que hay). El 5,8% de sus trabajadores, esto son unos 696, tienen menos de 35 años, el 14,2% de ellos, unos 1.704, suman entre 36 y 50 años, mientras que el resto, el 80%, que son la friolera de 9.600 asalariados, han cumplido 50 primaveras o más. Vamos, que casi la más joven del lugar es la presidenta, Isabel Pardo de Vera con 44 años.

Lo anterior, que ni es bueno ni malo, simplemente curioso, más si cabe en una compañía cuyo grueso de trabajo corresponde al mantenimiento y mejoras en obras de cierta envergadura, tiene una serie de repercusiones sobre la estructura financiera de la firma pública. Obviamente, no vale decir que con semejante distribución ayuda a acabar con el desempleo de mayores de 50 años (algo bueno), porque hay quien dirá que bien, pero que no acaba con el desempleo juvenil (más alto que el anterior) y claro, quien le quita el cascabel al gato. No tiene que ver con ello, sino que dicha constitución por edades exige inevitablemente una carga salarial más alta.

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Así, la presión de los costes salariales sobre la cuenta de pérdidas y ganancias sigue siendo grande pese a que se está intentando reducir. En 2018, la masa salarial sumó 630,9 millones de euros una cantidad prácticamente igual a la de 2017, con 631,0 millones, pese a que se redujo el número de empleados un 2%. En otras palabras, Adif ha gastado lo mismo en salarios, aunque este año último tuvo 222 empleados menos (que no son pocos). En este punto, se puede discutir que la compañía pública ha conseguido reducir la cifra en 38 millones desde el 2014, algo cierto, pero también cuenta con 1.500 trabajadores menos. Dicho de otra manera, para reducir la masa salarial un 5,6% se ha debido reducir el número de empleados un 11,3%, el doble.

La razón de lo anterior, obviamente, está en que los salarios son cada vez más costosos para la empresa por el efecto de la antigüedad. De hecho, el mayor grueso de la plantilla, hasta un 78,38% o lo que es lo mismo 9.406 trabajadores, cuentan con una estancia en la compañía superior a los 28 años. Dentro de ese grupo, más de la mitad (un 46,5% del total) suman más de 35 años en Adif, lo que significa no solo que muchos de los empleados han pasado más tiempo juntos que con sus respectivas parejas o hijos (alguno estaba antes que la propia Constitución), sino que 9.406 empleados siguen yendo a trabajar pese a que cumplen uno de los requisitos para la jubilación (cotizar más de 35 años, aunque no sabemos aquellos que tienen más de 63 años).

SALARIO MEDIO EN ADIF DE 52.535 EUROS

Sea como fuera, una media de antigüedad tan grande exige una masa salarial mucho más alta. En concreto, mientras que en 2014 el salario medio (costes de salarios entre número de empleados, sí no nos hemos roto la cabeza) era de 49.431 euros al año, en 2017 alcanzó los 51.581 euros y el año pasado fue de 52.535 euros, lo que supone una subida en los últimos años del 6,27%. Ah por cierto, una cantidad que para algunos partidos políticos supone ya ser rico, por lo que preparen el bolsillo (el que los cobre, que no son todos).

El resultado de Adif estuvo lastrado por las menores subvenciones: no les falta razón, puesto que en las cuentas de 2018 solo aparece la palabra subvención en 97 ocasiones, mientras que en 2017 fueron 101 veces

Con todo ello, Adif cerró 2018 con pérdidas de 74,18 millones de euros, frente a los 30,97 que ganó un año antes, lastrado por las menores subvenciones recibidas y el incremento de costes externos de mantenimiento. A lo que hay que añadir que no les falta razón, puesto que en las cuentas de 2018 solo aparece la palabra subvención en 97 ocasiones, mientras que en 2017 fueron 101 veces. Razón por la cual, y no tiene nada que ver los salarios, el resultado bruto de explotación (ebitda) arrojó un saldo negativo de 20,75 millones de euros, frente a los 91,03 millones en positivo de un año antes.