Foto de Manos de un anciano

Estamos viviendo una revolución feminista. El 8 de marzo marco un antes y un después en la lucha por la igualdad. El me too ha impulsado un movimiento internacional que estaba latente. Sin embargo, pese al empoderamiento de la mujer, España se encuentra en el puesto 24 de los 144 países estudiados en el Global Gender Gap Repory del foro económico mundial.

Los datos no son del todo malos, de hecho, nuestro país ha cerrado un 75% la brecha de género. Aun así sigue siendo demasiado pronunciada. Para analizar estas cifras, ante la evidencia de que hay un problema, ha surgido Closingap, una serie de estudios que analizan el coste de oportunidad de la desigualdad de género. El primero de estos estudios ha sido impulsado por Merck, una empresa tecnológica especializada en salud, y tiene como finalidad analizar algunas de las causas y efectos de la desigualdad entre hombres y mujeres en el ámbito sanitario.

El informe parte de dos conceptos: brecha de género en salud y coste de oportunidad. El primero hace referencia al conjunto de desigualdades existentes en el estado de bienestar físico, psicológico, social por condición de género. Es decir una serie de circunstancias que vienen del entorno y que por tanto pueden ser evitables. Por su parte, el coste de oportunidad hace referencia al valor económico de la alternativa a la que se renuncia. Casi todas las acciones traen consigo una decisión, que tomamos voluntariamente o de manera obligada, el coste de oportunidad es el valor que iguala a los beneficios que se habrían obtenido si hubiéramos escogido la mejor alternativa posible.

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La brecha de género está causada por dos factores, los naturales y los convencionales. Los biológicos son la fertilidad, las patologías prevalentes y la longevidad, etc. Los factores sociales son los cuidados no convencionales, el acceso y uso de servicios de salud, los estilos de vida, la ocupación y los estereotipos sociales.

En cuanto al acceso a los servicios sanitarios no existe una diferencia entre hombres y mujeres, pero sí unos patrones que se repiten estadísticamente. Los hombres tienden a consumir mayor cantidad de tabaco y alcohol, además tienen una mayor tasa de obesidad y sobrepeso. Las mujeres tienen una menor actividad física y un mayor índice de accidentes domésticos, puesto que se dedican más que ellos a este tipo de tareas.

El estudio está lleno de matices. La maternidad marca la relación de las mujeres respecto a los servicios sanitarios, pero una cosa es la fertilidad, que depende de la condición biológica de la mujer, y otra cosa es la maternidad, que está condicionada por el contexto económico y social. Y es este segundo matiz el que repercute en la salud demográfica y económica del país.

Las mujeres ejercen en libertad su derecho a ser madres. Y su elección depende de las circunstancias de cada una de ellas: la edad, el contexto económico y social, las prestaciones sociales etc. En España en 2016 podría haber habido 47,7 millones de habitantes, eso supone 1,2 millones más de los que somos hoy. De ellos, 900.000 personas serían población activa, es decir, se hubiera podido reducir, por ejemplo, la tasa de dependencia un 0,8%.

CUIDADO DE HIJOS Y DEPENDIENTES

Los cuidados de niños y mayores sigue siendo un factor que afecta a las mujeres. Los hombres no tienen un efecto negativo en la tasa de empleo, aunque tengan hijos pequeños, sin embargo, en las mujeres se marca el efecto opuesto y la brecha se ensancha hasta los 23 puntos. En España 4,3 millones de personas se hacen cargo de los cuidados de personas mayores y enfermas crónicas, de manera no profesional, de ellas el 60% son mujeres, y dedican el 62% de las horas totales declaradas, lo que supone 1.800 millones al año. Si esta labor fuera un trabajo remunerado equivaldría a casi un millón de empleos.

En la parte emocional, las mujeres tienen mayor propensión a sufrir enfermedades depresivas, dado que pasan más horas a cargo de las personas dependientes. En términos económicos la incidencia de depresión y ansiedad en el Producto Interior Bruto, por la vía de la incapacidad temporal, supone 345 millones de euros más en mujeres que en hombres, es decir un 0,3 del PIB.

Muy relacionado con los cuidados, tanto de los mayores como de los hijos, está la incorporación de la mujer en el mundo laboral. Seis de cada diez hombres, según este estudio, disponen de trabajos con jornada completa, y uno de cada cuatro a tiempo parcial.  Según Merck, las profesiones más demandadas por mujeres concentran enfermedades profesionales que requieren mayor tiempo de recuperación, ya que se dedican, en mayor medida, al sector de la educación, la salud y la hostelería. Por ello, la media de los días en los que las mujeres están de baja al año es once días superior al de los hombres.

En cuanto a los incidentes caseros, se observa que las mujeres tiene una mayor incidencia en este tipo de accidentes. Este dato va ligado directamente a la actividad de la mujer en casa. Según datos del  ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad social, entre el 92 % y el 83% de las excedencias por cuidado de menores o dependientes son pedidas por ellas.

España es uno de los países más longevos del mundo, y se encuentra en las primeras posiciones del mundo en esperanza de vida. Según el Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME), de Washington, España será en 2040 el país más longevo del mundo. Las mujeres viven, de media, 85,84 años y los hombres 80,31. Tiene una esperanza de vida al nacer seis años por encima de los hombres. Al llegar a los 65 las mujeres viven cuatro años más que ellos. Sin embargo, si se comparan los años de buena salud la diferencia desaparece. Por todos los condicionantes que sufren las mujeres a lo largo de la vida, es cierto que viven más años pero lo hacen con peor salud. Si se lograra mejorar esa circunstancia el ahorro potencial seria de 8.945 millones de euros, es decir un punto del PIB. Todos estos rasgos, apunta Merck, determinan el mapa sociológico y económico de nuestro país, en brecha de género y coste de oportunidad.

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