5g

La crisis sanitaria y social que ha generado el coronavirus provoca que algunos aspectos socioeconómicos deban ponerse en revisión. Pero hay otros, por contra, que no deberían desviarse de los objetivos. Es el caso de la conectividad 5G, clave para el futuro, pero que se ha mostrado esencial ya mismo, durante el confinamiento.

De este modo, si hay una tecnología que en estos momentos no debería perder el ritmo de inversión y desarrollo es el 5G. Con los números sobre la mesa, la explosión de conectividad ,fija y móvil, que se ha creado durante los dos últimos meses avivan la necesidad -por ocio y trabajo- de tener unas infraestructuras de máxima calidad y alto rendimiento.

Por ello, el punto muerto que se ha puesto en la subasta de espectro de radio en España, así como países del entorno europeo, deben retornar a la normalidad lo antes posible. Es esencial que operadores de telefonía, proveedores e industria en general disponga de margen y un marco jurídico estable para relanzar las inversiones referentes al 5G.

Uno de los principales motivos tiene que ver con el modelo productivo. Los nuevos modelos de trabajo basados en el M2M (máquina a máquina) requieren el soporte de 5G. La red inteligente va a ser una pieza fundamental para optimizar los procesos de fabricación de las empresas mediante la monitorización y adquisición remota de datos y el control de robots, cadenas de producción, o el uso de la tecnología de impresión 3D a distancia.

España no puede quedarse fuera de la cuarta revolución industrial. Uno de los pilares de esta revolución es la conectividad ubicua de las máquinas. La tecnología 5G va a suponer un avance significativo, facilitando el acceso remoto y habilitando nuevos modelos de uso y de negocio.

Pero no solo la industria tendría una gran ventaja competitiva gracias al 5G. Otros siete grandes sectores son los principales beneficiarios de las innovaciones de la tecnología: seguridad y defensa, automoción, sanidad, entretenimiento, las ‘utilities’, el transporte y la banca.

EL COVID-19, UN EJEMPLO

Para entender la necesidad de seguir invirtiendo en 5G no hubiera hecho falta vivir un acto tan traumático como la pandemia global generada por el covid-19. Pero ahora se entiende, más si cabe, la fuerza facilitadora que desarrolla este desarrolla de la conectividad móvil ultrarrápida.

Entre los ejemplos más destacados está la estrategia seguida por alguno de los países que mejor ha gestionado la crisis del coronavirus, como Corea del Sur, Singapur o Taiwan, que muestra el papel fundamental de los datos y de los modelos digitales de gestión sanitaria. La disponibilidad de gran número de datos geolocalizados ha permitido a las autoridades sanitarias un seguimiento preciso de los focos de contaminación y su aislamiento rápido. No sólo la recopilación de muchos datos (big data), sino que la rapidez para recibirlos, procesarlos y compartirlos con los algoritmos adecuados han sido claves.

UN 5G ESENCIAL

Bajo este escenario, las empresas deben ser las principales dinamizadoras en el desarrollo de las redes 5G. Pero no las únicas. Las administraciones públicas deben entender su papel. Algo que por ahora asimilan.

Así, tanto el ‘Plan Nacional de 5G’ como el ‘Plan de la UE para la red 5G’ consideran esta red  un activo fundamental para la competitividad y la sostenibilidad, un importante elemento promotor de los servicios digitales futuros y una prioridad para el mercado único europeo.

La UE, de hecho, anima a los Estados miembros a que adopten las medidas necesarias para ser uno de los mercados principales por el despliegue de las redes 5G. La vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea, Margrethe Vestager, ha instado a los Estados miembros a “limitar todo lo posible” cualquier retraso en sus asignaciones de espectro 5G.

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