5g

La irrupción de 5G está a la vuelta de la esquina y ya no se trata de una alegoría sobre el tiempo. La mayoría de los gobiernos ultima las licitaciones de espectro para que las compañías de telecomunicaciones puedan operar sobre esta mejora de la red, y todos los operadores del mercado deben asumir que algunas cosas serán diferentes con respecto al 4G.

Al margen de la mayor velocidad de conexión que se alcanzará, con una menor latencia y una profunda capilaridad, hay un aspecto clave para el desarrollo óptimo del 5G que puede ayudar a resolver gran parte de la ecuación: el uso compartido de las infraestructuras necesarias para desplegarlo.

La relevancia de este fenómeno se puede comprobar en un reciente informe de McKinsey, titulado “Uso compartido de redes y 5G: Un punto de inflexión para viajeros solitarios”, que deja claro que la compartición de redes entre operadores se convertirá en un estándar de la industria. El estudio añade, además, que estamos ante una tendencia de crecimiento exponencial. De forma pragmática, indica el informe, los operadores pueden llegar a reducir hasta en un 40% los costes asociados al futuro despliegue del 5G, gracias a la compartición de equipos y tecnología de red.

Los operadores pueden llegar a reducir hasta en un 40% los costes asociados al futuro despliegue del 5G

La implantación eficiente de la tecnología 5G conllevará la compartición de infraestructuras para la extensión  de la red. Este escenario tendrá como protagonistas a las denominadas Small Cells, sistemas de red que permiten densificar el acceso a la señal móvil y cuya implementación en formato compartido puede generar ahorros importantes a los operadores y una aceleración en el despliegue.

El uso compartido de redes va más allá de lo económico. Debido a los dificultades en el despliegue del 5G en las áreas urbanas, poder desarrollar tecnologías y redes conjuntas será un plus para los operadores y sobre todo para las administraciones locales y las ciudades..

¿NO COMPARTIR, ES UNA OPCIÓN?

Ante esta situación, parece poco probable que los operadores se lancen a una carrera en solitario para desplegar la infraestructura del 5G. Pese a todo, no es descartable que algunas compañías quieran jugar esta batalla de manera individual, pero deberán asumir el aumento de costes derivados de la necesaria inversión en el desarrollo de la tecnología y la red.

Bajo esta premisa, desde McKinsey advierten que, pese a todo, habrá diferentes estrategias a la hora de abordar la llegada del 5G.

El uso compartido de la red es compatible con diferentes estrategias de 5G y los operadores ya están analizando sus opciones.

LA VISIÓN DE LOS REGULADORES

El proceso de desarrollo del 5G está siendo vigilado de cerca por los reguladores, tanto nacionales como europeos, como es el caso del Body of European Regulators for Electronic Communications (Berec). De entrada, este organismo asume, igual que todo el sector, que las infraestructuras compartidas serán una realidad. No obstante, tal y como es su obligación, también advierte de los problemas que pueden existir.

Concretamente, el Berec apunta que podemos asistir a una concentración excesiva en la red, teniendo en cuenta el volumen de operadores que desarrollarán su servicio sobre ella. Del mismo modo, el organismo regulador apela a su labor de vigilancia y protección de la competencia una vez que las redes 5G sean capaces de asumirla rápida reasignación de capacidad entre los operadores participantes.

LA VIRTUD DE LAS INFRAESTRUCTURAS NEUTRAS

Y algunas compañías pueden jugar un papel fundamental en el desarrollo de la red 5G. Una vez asumido que la compartición de redes e infraestructuras es una de las mejores opciones, la pregunta que se plantea es ¿quién puede gestionar de manera más eficiente esta solución basada en el concepto de multioperador?

Y ahí es donde pueden jugar un papel protagonista los operadores de infraestructuras neutros, como es el caso de American Tower o Crown Castle en los Estados Unidos, o Cellnex  en Europa. En Estados Unidos la tendencia a externalizar las infraestructuras en operadores neutros es un fenómeno plenamente consolidado. En Europa ha empezado más tarde pero la tendencia parece que puede repetirse. Los operadores neutros de infraestructuras pueden ofrecer a todos los operadores móviles  la conectividad necesaria para la transmisión inalámbrica de datos y contenidos, lo que permite un alto grado de eficiencia en el despliegue de sus servicios. De esta manera, cada operador de red puede centrarse en el cliente –y no en la infraestructura- y posicionarse con ventaja en la “carrera” de los servicios y aplicaciones asociados al 5G.

Todo esto cobra sentido ante la revolución sin precedentes que generará la llegada de la tecnología 5G al ecosistema de comunicaciones móviles, proporcionando una conectividad de mejor calidad y mayor rapidez. Para ello será necesaria una mayor densificación de las redes, una mayor capilaridad de éstas y unos niveles mínimos de latencia. El actual nivel de consumo por usuario quedará multiplicado por entre 4 y 5 veces en 2020, y el contenido multimedia será uno de los principales motores del aumento del tráfico.

Ese será uno de los mayores retos que deberán afrontar los actores del sector.

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