El ejercicio profesional de Juan Luis Cebrián, “pilarista”, último jefe de informativos de la RTVE del franquismo y penúltimo superviviente de la Transición, ha transcurrido paralelo al discurrir de la vida política española en las últimas cuatro décadas. Según apuntan varios medios, Cebrián jugó sus cartas en 72 horas de infarto con una merienda en Moncloa, parada/desayuno en Zarzuela con Felipe VI y Juan Carlos I, y entre medias gozó de un frenético intercambio de llamadas con Ana Patricia Botín.

Esta particular agenda político-financiera dista mucho de de la un socialista cuasi militante que defendió a la izquierda política desde las trincheras mediáticas durante más de tres décadas. Pero su agenda en realidad tampoco ha variado tanto. La hemeroteca dice que Cebrián jugó sus cartas en el 76 para acceder a la dirección de El País con un viaje relámpago a Londres para soportar las peroratas de Don Manuel Fraga, al que el joven Juan Luis dedicó portada y panegírico de 14 páginas desde la extinta cabecera Gentleman.

41 años después Cebrián podría haber vuelto a acercarse al poder para tutelar su sucesión y garantizarse mantener cierto poder en una compañía que recibe como agua de mayo los 585 millones de euros necesarios que le mantienen en vida. Los accionistas desembolsan, pero no olvidan que en el último lustro bajo la presidencia del ex director de El País se perdieron 3.450 millones de euros y se desplomaron las acciones de un multimedia que edita el periódico que protagonizó la Transición, demostró heroísmo el 23-F, ayudó al triunfo y posterior hegemonía socialista, y eliminó el aroma franquista de los kioskos como moderno intelectual colectivo a base de unos inicios marcados por rigor, honestidad y veracidad.

El problema es que Prisa quería ser un negocio y los medios de comunicación no parecían el campo propicio para ganar dinero. Esta situación conllevó que los múltiples negocios de Jesús de Polanco se multiplicaron de forma exponencial a la vez que El País parecía bajar su celosa guardia continua con silencios borbónicos y felipistas, parapetándose posteriormente en una de las dos trincheras guerracivilistas con Aznar, la guerra del fútbol y el “sindicato del crimen” como protagonistas allá por los lejanos noventa.

Dice Jesús Cacho que hoy Cebrián es uno de los “dos peones del periodismo canalla” de Soraya Sáenz de Santamaría. Él niega cualquier injerencia política y es capaz de relacionar su estancia en Prisa como garantía para la libertad de los redactores de El País, cuya beligerancia contra Podemos, el PSOE de Pedro Sánchez y el procés catalán ha despistado a miles de lectores clásicos del antiguo “periódico independiente de la mañana”, eufemismo con el que se intentaba tapar la progresía.

Una progresía cultivada al milímetro por Cebrián, capo del papel al que viajando al pasado nos lo encontramos esquivando a Alaska y zambulléndose en el mitificado garito llamado La Mandrágora: “En los dos años que pasamos en La Mandrágora. Aquello fue durante la Movida pero no era la Movida. Nosotros éramos más una cosa del pasado, retroprogre, afterjipi. Pero cabían allí 40 personas y por contactos del dueño, porque se corría la voz o por lo que fuese, estaba la creme de la creme. Pasaban Manolo Vicent, Juan Luis Cebrián… Venía un tipo de intelectual medio del Gijón y medio de la Transición y eso provocó el boca a boca”.

Así lo recordaba Joaquín Sabina y también lo hará un renovado Cebrián, cuya influencia en la piel de toro se advirtió con su “coronación” en la Real Academia Española de la Lengua (tan merecida por su papel en El País, como criticada por su escasa obra literaria), y cuya fama internacional como apadrinado de Felipe González en Hispanoamérica se evidenció con su fichaje por el Club Bilderberg, pasto de los amantes de las teorías de la conspiración.

Ahora Cebrián se marcha con una prejubilación influyente, con la camisa llena de los lamparones que le provocaron las virales palabras de Joseph Oughourlian, y con la luz pagada para siempre: “Lo que yo gano está en la web y es público en la Comisión Nacional del Mercado de Valores. No recuerdo haber ganado trece millones (en el periodo de crisis). Mis contradicciones las resuelvo con mi psicoanalista y antes con mi confesor. No tengo ningún tipo de contradicción sobre lo que gano o dejo de ganar”. Ahora en parte ha ganado…otra vez.

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