El observatorio Swift de la NASA apaga sus telescopios a 275 km: dos décadas cazando rayos gamma

El satélite, lanzado en 2004 para una misión de dos años, se apaga tras más de dos décadas y unas 7.000 publicaciones científicas. La NASA busca ahora cómo suplir su respuesta ultrarrápida ante los estallidos cósmicos.

El observatorio Swift de la NASA ha cerrado su misión científica a 275 kilómetros sobre la superficie terrestre. A esa altitud, el roce con la atmósfera impide que sus telescopios mantengan la mirada fija en un mismo punto del cielo. La agencia lo comunicó el 23 de octubre, con la última observación registrada el día 20 y una reentrada atmosférica prevista para las próximas semanas.

No es una avería repentina ni un instrumento roto después de 22 años de servicio. Es algo mucho más prosaico: el aire. A 275 kilómetros de altura —más o menos la distancia en línea recta que separa Madrid de Zaragoza— la atmósfera terrestre sigue existiendo, aunque sea en trazas casi invisibles. Esa densidad mínima basta para frenar un satélite y para desestabilizar la puntería de unos telescopios que necesitan apuntar con precisión de fracciones de grado para no perder su objetivo.

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De dos años previstos a más de dos décadas de servicio

Swift despegó el 20 de noviembre de 2004 con un encargo modesto: dos años de misión primaria. Voló más de diez veces ese plazo. Shawn Domagal-Goldman, director de la División de Astrofísica de la sede de la NASA en Washington, resumió el balance en el comunicado de despedida: un satélite concebido para dos años que rindió durante más de diez veces ese tiempo y que participó en una revolución de la astrofísica, la de las observaciones de respuesta rápida.

Los números de esa productividad caben en pocas líneas. Más de 2.000 estallidos de rayos gamma observados, es decir, uno cada cuatro días de media a lo largo de toda su vida operativa. Más de 1.400 explosiones de supernova seguidas de cerca. Estrellas desgarradas por agujeros negros, galaxias activas bajo vigilancia, un cartografiado del cielo entero en rayos X, asteroides y cometas en la lista. Y cerca de 7.000 artículos científicos publicados que se apoyan en sus datos.

Conviene recordar qué perseguía. Los estallidos de rayos gamma son las explosiones más potentes del cosmos y duran tan poco que, hasta la llegada de Swift, nadie era capaz de señalarlos a tiempo para que los grandes telescopios los estudiaran. El satélite era el vigía que avisaba, y avisar rápido era toda su razón de ser.

Un minuto para girar los telescopios hacia el estallido

S. Bradley Cenko, investigador principal de la misión en el Goddard Space Flight Center, lo explicó con claridad: Swift debía detectar el estallido, calcular su posición, comunicarla a otros observatorios y girar sus propios telescopios para fotografiar el resplandor residual antes de que se desvaneciera. Todo eso, en alrededor de un minuto. Su sistema de planificación permitía además programar hasta 75 objetivos independientes al día y encadenar peticiones urgentes dictadas desde tierra en cuestión de minutos.

Un satélite que debía durar dos años estuvo 22 avisando al resto del mundo de dónde acababa de estallar el universo.

El hito que justificó el diseño llegó en mayo de 2005, con el estallido GRB 050509B. Duró 0,03 segundos, menos de lo que tarda un parpadeo. Swift giró a tiempo de captar 11 fotones de rayos X: era el primer estallido corto del que se detectaba su resplandor posterior. Aquellas once partículas de luz validaron un modelo teórico que llevaba años esperando prueba, el que sitúa el origen de estos fogonazos en la fusión de dos estrellas de neutrones, objetos con la masa del Sol comprimidos hasta el tamaño de una ciudad.

Once fotones de rayos X bastaron para confirmar que los estallidos más breves del cielo nacen de la colisión de dos cadáveres estelares.

Lo que queda es un archivo colosal. Casi 22 años de medidas de brillo de todo tipo de erupciones cósmicas, más de 1,5 millones de imágenes del telescopio ultravioleta y óptico, y un conjunto de datos completo de unos 12 terabytes, el equivalente a unas 600 películas en alta definición. Todo público, en abierto, como parte del compromiso de la agencia con la ciencia accesible.

estallidos de rayos gamma

Lo que se pierde cuando se apaga el vigía de los rayos gamma

La comunidad astronómica lleva años preparándose para este momento y aun así el hueco es real. Swift no era solo un telescopio: era una infraestructura de alerta compartida. Buena parte de los descubrimientos en astrofísica de altas energías de las dos últimas décadas empezaron con un correo automático generado por este satélite, y esa cadena se corta ahora. La NASA ha asegurado que seguirá priorizando fórmulas para reaccionar con rapidez a los eventos cósmicos, desde capacidades comerciales de acceso rápido a la órbita hasta misiones nuevas más eficientes, y que mientras tanto usará su flota actual de telescopios espaciales para cubrir el hueco.

Mi lectura es que el relevo no será inmediato ni equivaldrá a lo que había. La rapidez de Swift era una suma de hardware, operaciones y un equipo humano muy compacto: John Nousek, su director de operaciones y profesor en la Universidad Estatal de Pensilvania, lo atribuyó precisamente a ese engranaje de vuelo y ciencia trabajando como un solo organismo. Replicar eso con capacidades dispersas es posible, pero no es lo mismo, y la propia agencia admite que está sin sustituto dedicado.

Queda una incertidumbre que conviene no disimular: la fecha exacta de la reentrada. NASA habla de las próximas semanas, sin día cerrado, porque depende de cómo evolucione la densidad atmosférica en una órbita ya muy baja. Cuando ocurra, no habrá una explosión visible ni un espectáculo: la mayoría de estos artefactos se desintegra sobre el océano. El final será silencioso, como lo fue su última observación.

Lo que sí sobrevive es el archivo y una forma de trabajar. Cualquier astrónomo que dentro de veinte años estudie una fulguración de rayos gamma de 2011 seguirá consultando datos que este satélite tomó mientras nadie miraba. Ahí sigue Swift, en cierto modo: en 12 terabytes de cielo registrado.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: El cierre definitivo de la misión científica del observatorio Neil Gehrels Swift, que deja un archivo de unos 12 terabytes y cerca de 7.000 artículos publicados.
  • Dónde: En órbita terrestre baja, a menos de 275 kilómetros de altura, con reentrada atmosférica prevista.
  • Institución responsable: NASA, con el Goddard Space Flight Center como centro de operaciones científicas.
  • Cuándo: Última observación el 20 de octubre de 2026; anuncio del fin de misión el 23 de octubre de 2026.
  • Impacto a futuro: Deja sin respuesta rápida dedicada el estudio de los estallidos de rayos gamma hasta que la agencia despliegue alternativas.

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