Crisis de deuda francesa: el bono de EEUU vuelve a ser refugio y encarece la financiación española

El diferencial francés frente al Bund llegó a 150 puntos básicos y el rendimiento galo superó el 5,13% en su peor sesión desde 2002. Los fondos de renta fija soberana de la eurozona concentran la mayor exposición al papel francés.

La deuda francesa rompe el 5%, nivel que no veía desde 2002, y el dinero huye al bono de EEUU.

La rentabilidad exigida al bono galo a diez años cerró el viernes en el 5,06%, después de llegar a tocar el 5,13% en algún momento de la sesión. Siete días antes, ese mismo papel se pagaba al 4,80%. Y a finales de febrero, justo antes de que estallara la guerra de Irán, estaba en el 3,2%. En ocho meses, el coste de financiación del Estado francés se ha multiplicado por más de una vez y media.

Publicidad

El detonante inmediato no es económico. Las autoridades han impuesto toques de queda en varias grandes ciudades francesas tras los disturbios del pasado fin de semana, y ese telón de fondo de orden público se suma a un problema que llevaba meses gestándose: un déficit presupuestario que el Gobierno no consigue contener. El proyecto de presupuesto para 2027 es, según los analistas, el punto donde se juega la confianza del mercado.

El bono francés rompe el 5% y el diferencial con el Bund llega a 150 puntos

La referencia para medir la gravedad no es el tipo absoluto, sino el diferencial francés frente al Bund alemán, que llegó a los 150 puntos básicos. En una nota difundida esta semana, los analistas de Lazard Frères Gestion describen el cambio de guion: Ormuz ha dejado de ser la principal preocupación del mercado de renta fija y el testigo lo ha tomado la deuda soberana europea, con Francia e Italia bajo presión. Sobre el BCE, su lectura es que no hay, por ahora, motivos de peso para intervenir.

El otro movimiento de la semana es el regreso del refugio estadounidense. El bono de EEUU a diez años ha cedido por debajo del 5% después de que las compras se impusieran en el mercado secundario. El activo de referencia mundial en renta fija recupera su función histórica justo cuando Europa la necesita.

Del 4,02% al 4,05%: el contagio llega tibio a España

El castigo no se queda en París. El bono italiano a diez años ha subido al 4,58%. El español se ha movido apenas del 4,02% al 4,05%, lo que deja el diferencial frente al alemán en torno a 75 puntos básicos. El Bund, en cambio, ha caído del 3,4% al 3,3% porque los inversores compraron en el secundario. El dinero no sale de la eurozona: cambia de sitio dentro de ella.

Hay un tercer afectado del que se habla menos. El bono francés es uno de los activos con más peso en los fondos de renta fija soberana de la eurozona que se comercializan en España. Quien tenga ahí parte de su ahorro no verá un número rojo en el extracto, pero sí una caída de valor liquidativo si el papel galo sigue cediendo precio. Nada dramático. Sí incómodo.

Los disturbios no han creado la crisis del bono francés; solo han puesto cara y fecha a un deterioro que llevaba meses escrito en las cuentas públicas.

El refugio que vuelve y la factura que paga la empresa española

La lógica del refugio ha cambiado de dirección, y eso tiene consecuencias que van más allá del bono galo. Durante años, el Bund alemán fue el paraguas único de la renta fija europea. Ahora el inversor que busca seguridad mira a Washington. Esa rotación explica que el bono de EEUU haya recuperado protagonismo justo cuando la eurozona lo necesitaba como contrapeso, y explica también por qué la prima de riesgo francesa, esa expresión que en España aprendimos a temer en 2012, ha vuelto al vocabulario de las mesas de deuda.

Para la empresa española que tenga que refinanciar deuda o emitir un bono en las próximas semanas, el canal de transmisión no es el diferencial —que sigue contenido, en torno a 75 puntos básicos sobre el Bund—, sino el nivel absoluto: el 4,05% del bono a diez años actúa como suelo sobre el que se construye cualquier emisión corporativa con prima. Un banco que se financia a ese tipo lo traslada al crédito con un margen. La factura llega con semanas de retraso, no de un día para otro.

Aquí conviene no exagerar. Los disturbios no van a tumbar el euro, y los expertos de UBS Global Wealth Management recuerdan, a través de su director de inversiones, Mark Haefele, que ni los disturbios, ni la tensión fiscal francesa, ni el ruido político, deberían ocultar una economía de la eurozona en mejora y un ciclo de beneficios empresariales que se fortalece. Es un contrapeso razonable. Yo añadiría una advertencia: ese argumento se sostiene mientras el presupuesto francés de 2027 salga adelante con un mínimo de credibilidad.

El calendario manda. El Banco Central Europeo se reúne el jueves 29 de octubre y el mercado no espera ningún movimiento en los tipos. La pregunta es qué ocurre si el bono francés sigue subiendo después de esa cita. Ahí ya no hay convicción tranquila, sino todo lo contrario.

Mientras el Bund siga siendo el refugio europeo de segunda y EEUU recupere el trono, la financiación de las empresas españolas pagará ese peaje por la puerta de atrás. Toca vigilar dos fechas: la reunión del BCE del 29 de octubre y la tramitación parlamentaria del presupuesto galo. Si el texto descarrila, el 5,06% de esta semana será recordado como el susto barato.


Publicidad