La venta de tecnológicas en el Nasdaq contagió Asia este viernes y empujó el dinero hacia bonos y yen.
El Nasdaq 100 cede un 2,9% y el Kospi entra en caída libre
El jueves, el Nasdaq 100 se dejó un 2,9% y el S&P 500 cedió un 1,2%. No es una cifra dramática en términos absolutos, pero sí suficiente para reabrir una grieta que el mercado había tapado con meses de subidas sostenidas. La transmisión a Asia fue inmediata.
El Nikkei 225 llegó a perder un 2% y acumula un retroceso cercano al 4% en la semana. Peor fue el Kospi surcoreano, que cayó hasta un 4% y encadena su cuarta semana negativa. En lo que va de mes se deja un 20% y cotiza más de un 40% por debajo del máximo histórico que marcó en junio. Su exposición a la cadena de valor de la inteligencia artificial explica casi todo el diferencial.
Los fabricantes de chips de memoria lideraron las ventas después de que los planes de gasto de Meta reavivaran las dudas sobre la viabilidad de una infraestructura de IA financiada con deuda. Samsung Electronics retrocedió un 4,1% y SK Hynix, un 2,6%; entre ambos suman cerca de la mitad del índice surcoreano. A mayores, SK Hynix anunció la cancelación de la salida a Bolsa en Estados Unidos de Solidigm, su filial californiana de memoria flash NAND, y lo atribuyó a las condiciones del mercado de capitales y a la evolución de los precios.
En Japón, SoftBank, el gran exponente del apetito inversor por la IA, cayó un 6% y suma casi un 15% de descuento en la semana. Sumco, fabricante de obleas para semiconductores de gama alta, encabezó las ventas del Nikkei con un 7,8%.
El bono japonés y el yen absorben el dinero que sale de la IA
El movimiento más revelador no está en la renta variable, sino en la renta fija nipona. El rendimiento del bono soberano a diez años bajó nueve puntos básicos hasta el 2,77%, en la quinta sesión consecutiva de compras. Los operadores de Tokio describieron la oleada como repentina y desenfrenada. En paralelo, el yen llegó a apreciarse un 0,3% y tocó los 156,3 yenes por dólar, máximo del mes, una cota que a principios de semana mantenía a los operadores alerta ante una posible intervención de las autoridades.
Cuando el dinero cambia de bolsillo tan rápido no está huyendo de la tecnología: está poniendo precio al coste de financiarla.
Shoki Omori, estratega de renta fija de Deutsche Bank, sitúa el origen de la rotación en la preocupación por la magnitud del gasto de capital de los hiperescaladores y por la deuda que se está contrayendo para sostenerlo, lo que empuja a los inversores hacia activos más líquidos como el Tesoro estadounidense. Añade un matiz relevante: el yen más fuerte alivia la presión sobre el Banco de Japón para acelerar las subidas de tipos, y el flujo hacia deuda nipona no constituye todavía una repatriación de capitales.
Fuera de la renta variable, el petróleo sigue su propio camino. El Brent subió un 0,6% hasta los 113,65 dólares por barril y encadena su tercera ganancia semanal consecutiva. En China, el CSI 300 cedió alrededor de un 1% y permanece en mercado bajista, un 20% por debajo del máximo de finales de junio. La Bolsa de Taiwán, la quinta del mundo por capitalización, no abrió por la alerta de tifón.
La deuda que financia la IA, el punto de tensión que el mercado empieza a descontar
Hay un detalle que separa esta corrección de otras. No es que la demanda de inteligencia artificial se haya agotado; los ingresos de los hiperescaladores siguen creciendo. Lo que ha cambiado es la factura. Durante dos años, el mercado premió cada anuncio de inversión en centros de datos sin mirar demasiado cómo se pagaba. Ahora mira, y lo que encuentra es deuda: emisiones crecientes, vencimientos escalonados y un coste de capital que dejó de ser gratis. De ahí la huida hacia activos seguros, que en esta ocasión tiene acento asiático.
La comparación con la burbuja de las puntocom sirve solo a medias. En 2000, las empresas que quebraron no tenían flujos de caja. Las de ahora los tienen, y eso acota el escenario de colapso. La diferencia es que el riesgo se ha trasladado del accionista al bonista, y el bonista tiene menos paciencia. Ese es el motivo por el que el Nikkei 225 y el Kospi, los índices más apalancados a la cadena de suministro de la IA, corrigen con violencia mientras el S&P 500 se deja un 1,2% en una sola sesión.
Conviene retener una advertencia. Si el rendimiento del bono japonés a diez años sigue bajando por demanda y no por miedo, la señal será distinta de la que sugiere el titular fácil. Y si la rotación se extiende a la deuda corporativa del sector tecnológico, el ajuste dejará de ser una pausa y pasará a ser una revaloración del coste del dinero. Los futuros del Nasdaq 100 apuntaban a una subida del 0,2% en la apertura y los del S&P 500, a una sesión plana. El siguiente examen llegará con la próxima tanda de resultados de los hiperescaladores y con la reunión del Banco de Japón.




