El Hubble ha cartografiado decenas de lentes gravitacionales, anillos de Einstein incluidos, para preparar la próxima gran campaña contra la materia oscura. La misión que heredará ese trabajo es el telescopio Nancy Grace Roman, todavía en tierra, que necesitará un mapa previo para no disparar a ciegas cuando abra los ojos.
La última imagen difundida por la NASA y la ESA lo muestra en crudo. En el centro del campo aparece una galaxia espiral barrada, de un tamaño comparable al de la Vía Láctea. En la esquina inferior derecha, casi como un añadido, un arco azulado se curva alrededor de una galaxia elíptica rojiza. Eso es una lente gravitacional funcionando, y puede consultarse en la página oficial de la misión.
Los números del par son los que importan. La elíptica que hace de lente está a unos 4.500 millones de años luz. La galaxia que se ve detrás, estirada en dos arcos, se encuentra a unos 8.000 millones de años luz: casi el doble. El arco grande asoma arriba a la izquierda; el pequeño, invertido, abajo a la derecha. Los astrónomos llaman a esa configuración un par arco-contraarco, y es la firma de que la luz ha tomado dos caminos distintos alrededor de la misma masa.
Que el fenómeno ocurra es cuestión de suerte. Hace falta que las dos galaxias se alineen con precisión milimétrica desde el punto de vista del telescopio, y esa coincidencia es rara. Cuando la alineación es casi perfecta, los dos arcos se cierran y dibujan un anillo de Einstein completo. Aquí no se llega a tanto: son dos arcos separados, y eso ya es un regalo.
La física que hay detrás es la de Einstein. La masa de la galaxia de delante deforma el espacio-tiempo y la luz de la de atrás se curva al rodearla, como si atravesara una lente gigantesca. Casi todos los objetos de esta imagen son galaxias, salvo unas pocas estrellas en primer plano; la espiral pequeña que flota a la izquierda podría ser una galaxia satélite, del mismo tipo que las Nubes de Magallanes que orbitan la Vía Láctea.
Ahí está el negocio científico. La materia visible de la elíptica no basta para explicar cuánto se ha deformado la imagen del fondo. Falta masa, y esa masa que no emite luz es la materia oscura. Midiendo la distorsión, el equipo calcula cuánta hay y cómo se reparte. Es la lógica de una balanza antigua: no pesamos lo invisible, pesamos el efecto que produce sobre lo que sí vemos.
La galaxia que hace de lente no se deja pesar: se delata por cómo dobla la luz de otra que está al doble de distancia.
Cómo se pesa una materia que no emite luz

Hay una forma sencilla de entender esas distancias. La luz de la elíptica que hoy capta el Hubble salió hace 4.500 millones de años, cuando el sistema solar todavía se estaba formando y la Tierra era una bola de magma sin continentes. La de la galaxia del fondo lleva viajando unos 8.000 millones de años, más de la mitad de la edad del universo. Ver ese arco azul es ver un pasado que ya no existe.
Con estas imágenes nítidas, los astrónomos están construyendo un modelo informático que aprende a leer las deformaciones que la materia oscura imprime en la luz. La herramienta todavía se afina y su primer examen serio llegará con el aluvión de datos del Roman, pero su lógica es la de un traductor: convierte manchas retorcidas en cifras de masa.
Por qué el telescopio Roman necesita este catálogo antes de despegar
Aquí es donde los dos telescopios se reparten el trabajo. El Hubble observa sobre todo en luz visible y ultravioleta, con algo de infrarrojo, y ofrece gran resolución de objetos individuales. El Roman verá principalmente en infrarrojo y cubrirá porciones de cielo mucho mayores en una sola exposición. Traducido: uno hace primeros planos y el otro, panorámicas. Uno encuentra la aguja; el segundo, el pajar entero.
El plan tiene tres pasos. El Hubble detecta lentes una a una, con paciencia de relojero, porque su campo de visión no da para más. Con esas imágenes, los equipos entrenan el modelo que interpreta las distorsiones. Cuando el Roman empiece a barrer el cielo y devuelva miles de lentes de golpe, esa plantilla permitirá analizarlas sin empezar de cero. Después, el Hubble volverá sobre las candidatas más interesantes para examinarlas de cerca.
La apuesta es razonable y también tiene letra pequeña. Deducir masa de una deformación exige asumir la geometría del sistema, la distancia de las dos galaxias y que no haya materia adicional en medio del camino; los modelos más finos piden espectroscopía para confirmar qué está delante y qué detrás. Con una muestra pequeña, como la que el Hubble reúne a este ritmo, las conclusiones avanzan grano a grano. La virtud del Roman será el volumen: más lentes, mejor estadística y menos margen para la casualidad. Me interesa menos la foto que el método, porque la materia oscura no se va a dejar ver nunca; solo podemos pillar sus efectos con las manos en la masa.
El calendario del Roman no depende de este catálogo, pero su primera cosecha científica sí. Las lentes que hoy el Hubble examina una por una se contarán entonces por miles, y el mapa de la materia oscura dejará de dibujarse a mano. La espiral barrada con su arco azul es, en el fondo, un ensayo general. La NASA seguirá publicando nuevas lentes a medida que el Hubble las capture, y ese archivo es la antesala de todo lo que viene.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: un catálogo de lentes gravitacionales, con pares arco-contraarco y anillos de Einstein, que sirve para medir materia oscura y calibrar el futuro análisis del telescopio Roman.
- Dónde: galaxia elíptica lente a unos 4.500 millones de años luz y galaxia de fondo a unos 8.000 millones, en el campo observado por el Hubble.
- Institución responsable: NASA y ESA; imagen procesada por X. Huang (Universidad de San Francisco) y Gladys Kober (NASA/Universidad Católica de América).
- Cuándo: difundido por el Centro Goddard de la NASA el 22 de octubre de 2026.
- Impacto a futuro: el modelo entrenado con estas lentes permitirá exprimir los barridos de campo amplio del Roman y afinar la cartografía de la materia y la energía oscuras.




