La huelga de maquinistas en Renfe el 29 de octubre: servicios mínimos del 66% en punta y 33% en valle

La Generalitat fija los mínimos en Rodalies y Regionales mientras Renfe y SEMAF se cruzan acusaciones sobre el cumplimiento del acuerdo del 9 de febrero. Los corredores de larga distancia quedan pendientes de la orden del Ministerio de Transportes.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? SEMAF, sindicato mayoritario de maquinistas, mantiene la huelga del 29 de octubre en todas las empresas del grupo Renfe.
  • ¿Quién decide los mínimos? La Generalitat fija el 66% en hora punta y el 33% en hora valle para Rodalies y Regionales en una resolución firmada por el conseller Miquel Sàmper.
  • ¿Qué impacto tiene? Dos de cada tres trenes en punta y uno de cada tres en valle: el viajero debe reordenar su jornada y consultar el cuadro definitivo antes de salir de casa.

La huelga de Renfe del 29 de octubre tendrá mínimos del 66% en punta y del 33% en valle en Rodalies y Regionales. La Generalitat ha firmado ya la resolución que fija esos porcentajes para la jornada convocada por SEMAF, el sindicato mayoritario de maquinistas, en todas las empresas del grupo Renfe.

El texto lo firma el conseller d’Empresa i Treball, Miquel Sàmper, y permite repartir los porcentajes de forma irregular según las necesidades del servicio, sin que en el cómputo global se supere la cifra decretada. La resolución exige además prestar ‘el servicio indispensable de infraestructura’ para que el transporte pueda funcionar, y deja en manos de la operadora la designación del personal estrictamente necesario, excluido el comité de huelga.

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Qué trenes circulan el 29 de octubre y qué margen tiene el viajero

Dos de cada tres trenes en la franja punta y uno de cada tres en la valle. Ese es el suelo que garantiza la Generalitat en los servicios que discurren por Cataluña, tanto en Rodalies como en los regionales. El reparto horario puede moverse según la demanda prevista, pero el total del día no puede crecer por encima de lo decretado.

Para el usuario, la traducción es simple: hay tren, pero no el de siempre. Rodalies de Barcelona concentra la mayoría de los desplazamientos obligados del área metropolitana —trabajo, instituto, hospital— y una frecuencia recortada obliga a salir antes o a buscar el metro y el bus como plan B. La app de Cercanías y la web de Renfe son la referencia hasta que se publique el cuadro definitivo de circulaciones.

Conviene un aviso: los mínimos se calculan sobre el servicio teórico, no sobre el real. Si la red llega al 29 de octubre con averías, obras o limitaciones de velocidad, el 66% se aplica sobre un suelo ya rebajado. Y el porcentaje no obliga a mantener los mismos horarios, solo un volumen equivalente de trenes.

La resolución autonómica alcanza a los servicios que discurren por Cataluña. Los corredores de larga distancia y AVE que salen de la comunidad se rigen por otra orden, la del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible (Mitma), cuyo contenido no hemos podido confirmar por ahora. La competencia sobre los trenes catalanes la ejerce la Generalitat, no el ministerio.

Dos de cada tres trenes suena a alivio; en una red al límite de capacidad, es una jornada de andenes llenos y transbordos imposibles.

Por qué SEMAF convoca la huelga: la seguridad frente a la urgencia por circular

El motivo declarado es la seguridad ferroviaria. SEMAF sostiene que la vía previa de la Comisión de Conflictos resultó ‘infructuosa’ y constata un ‘bloqueo administrativo’ de acuerdos ya firmados: protocolos ante emergencias meteorológicas, contratación de nuevos maquinistas, atención en atropellos, y fiabilidad del material rodante. Cuatro frentes que el sindicato agrupa bajo una misma queja: se decide deprisa y se ejecuta despacio.

El núcleo del pulso está en los protocolos. SEMAF exige que los procedimientos para emergencias climáticas sean ‘reales y vinculantes’, con una normativa ‘clara’ que coordine las comunicaciones en situaciones de riesgo, incluido un protocolo para los avisos ES-Alert (el sistema de alertas masivas al móvil que activan las autoridades ante catástrofes) ‘cuanto antes’. Su tesis cabe en una frase: que ‘no se anteponga nunca la urgencia por circular por encima de la seguridad’.

Renfe responde que ha cumplido ‘la totalidad de los compromisos asumidos’ en el acuerdo del 9 de febrero, el marco suscrito para reforzar el sistema ferroviario tras los accidentes de Adamuz y de Gelida. La compañía dice respetar el derecho de huelga, pero lamenta una convocatoria que ‘puede afectar a miles de viajeros’ pese a los avances y al cumplimiento íntegro de sus obligaciones. La lectura sindical es la contraria: si el acuerdo se queda en papel, el problema es el calendario de ejecución, no la firma.

Hoja de Ruta: Claves del Viaje

El impacto inmediato es de tiempo y de previsión, no de dinero: no hay tarifa nueva ni penalización para el viajero, pero sí una jornada en la que el trayecto de casa al trabajo puede alargarse sin aviso previo. Para quien tenga cita médica, examen o un vuelo en El Prat, la recomendación es doblar el margen y comprobar el tren la noche anterior. La zona cero es el área metropolitana de Barcelona y las líneas regionales que enlazan las capitales de comarca con la ciudad, donde una frecuencia de valle rebajada al 33% abre huecos amplios entre trenes.

El dato que ordena todo es el 66/33. En términos de servicio, dos tercios de la oferta en las horas de entrada y salida laboral y un tercio en el resto. Es un reparto diseñado para que el sistema no se pare, no para que el usuario note poco la huelga. El precedente es el acuerdo del 9 de febrero, nacido de dos accidentes y convertido ahora en campo de batalla: Renfe lo presenta como prueba de buena fe y SEMAF lo describe como un documento con firmas y sin ejecución.

Hay dos riesgos. El primero, que el 29 de octubre sea el primero de una serie de paros si la Comisión de Conflictos vuelve a cerrarse sin avances. El segundo, que la huelga se lea solo como un problema de frecuencias y no como lo que es: una disputa sobre protocolos de seguridad que afecta a un colectivo pequeño y decisivo. Renfe se juega la credibilidad de su plan de choque; el sindicato, su capacidad de movilizar.

El calendario manda. La convocatoria se limita, según el anuncio sindical, al 29 de octubre, así que la próxima cita real es la reunión de la comisión paritaria que ambas partes tienen pendiente y que decidirá si noviembre trae o no nuevas fechas. Hasta entonces, el viajero de Rodalies tiene una sola certeza: el 66% de los trenes circularán, y el tercio restante decidirá su mañana.


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